DTO ANUAL 27,99€/año

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

La abogacía gijonesa llora la muerte de Antonio González Colunga: "Fue un ejemplo de bondad"

Decano del colegio de 2000 a 2005, destacó por su “simpatía y entrega” en su reconocida trayectoria

Antonio González Colunga.

Antonio González Colunga.

“Era una de las mejores personas que he conocido, extraordinaria. Un ejemplo de bondad”. Son palabras del abogado Viliulfo Díaz, pero bien podría firmarlas cualquier letrado asturiano para glosar la figura del exdecano del Colegio de la Abogacía de Gijón Antonio González Colunga, fallecido ayer a los 80 años y que, tras toda una vida dedicada a “defender y solucionar los problemas de los demás”, como recordaba su hijo Antonio, ha logrado el reconocimiento, respeto y admiración de toda la comunidad jurídica. Prueba de ello es la Cruz al Mérito concedida hace solo unos días por el Consejo General de la Abogacía o la insignia de oro que sus compañeros le entregaron en 2011 para reflejar “los sobresalientes servicios que prestó a la abogacía gijonesa”.

Antonio González Colunga, Toño para muchos, nació en Gijón en 1940 y desde muy joven se fue ganando el cariño y respeto de quienes le conocían, desde sus compañeros en el colegio de la Inmaculada hasta en la Universidad de Cimadevilla, de la mano de Fermín García-Bernardo, para introducirse en el mundo del Derecho. “Es un día que quedará con tristeza en el recuerdo de la abogacía, lamentamos su pérdida, era una excelente persona”, reconocía ayer el actual decano, Benigno Villarejo, que puso en valor la lucha que emprendió González Colunga para “mantener la independencia territorial” cuando algunos dirigentes de la administración plantearon fusionar los colegios de Gijón y Oviedo. Las muestras de cariño y las condolencias llegaron ayer también desde el Tribunal Superior de Justicia de Asturias, confirma Villarejo.

El gijonés, que solía decir que, “cuanto menos hables, menos metes la pata”, también supo tener “la visión” para apostar por las nuevas tecnologías cuando solo plantearlo era ciencia ficción durante su etapa al frente de los abogados gijoneses, de 2000 a 2005, un mandato. “Fue un modelo de cortesía y amabilidad en la atención a los compañeros. Encontré el fruto de un trabajo bien hecho, una situación saneada, a pleno funcionamiento, bien organizado, con las cuentas claras y con una imagen social muy relevante”, compartió ayer su sucesor, Sergio Herrero, decano entre 2005 y 2020.

Como abogado también fue “extraordinario”. “Una vez le llevé a un juicio un expediente que no era, y verle interactuar, en función de lo que pasaba en el juicio sin tener nada delante, fue espectacular, era brillante”, confiesa su hijo Antonio, que recuerda el carácter familiar y su vocación de servicio para “ayudar a los demás”. Pero es precisamente esa bondad la que ha maravillado a todos los que le conocieron, y que ahora coinciden en la pena por su muerte. “He aquí una persona que merecería una calle y uno de esos títulos que está dando Gijón”, defendió Viliulfo Díaz.

González Colunga, casado con Ana María García López de Haro y padre de Ana, Antonio, Ignacio y José González García, era también muy aficionado al deporte, especialmente al atletismo, el balonmano, que practicó en el Grupo Covadonga, y el golf. Hasta llegó a dar la vuelta a España en Vespa. Y hace poco le concedieron la medalla de oro del Club de Regatas. El funeral será hoy, a las 17.30 horas, en San Pedro.

Compartir el artículo

stats