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Medalla de plata

Ceares, oasis de la esencia del fútbol

La forma “muy especial” de vivir el deporte, “sin tensión y con valores”, es la seña de identidad del equipo de La Cruz, en el que aficionados, directivos, técnicos y jugadores disfrutan cada día como una gran familia

En primer término, Alberto Álvarez. Detrás, en primera fila, desde la izquierda, Kike Martínez (jugador), Pablo Busto (entrenador), Héctor Zuazua (jugador), Francisco José Simón Vega (presidente del Gijón Femenino), Ana Abati y Elizabet Rodríguez (jugadoras), ayer, en La Cruz.

En primer término, Alberto Álvarez. Detrás, en primera fila, desde la izquierda, Kike Martínez (jugador), Pablo Busto (entrenador), Héctor Zuazua (jugador), Francisco José Simón Vega (presidente del Gijón Femenino), Ana Abati y Elizabet Rodríguez (jugadoras), ayer, en La Cruz. Juan Plaza

“Es una manera muy especial de vivir el deporte, muy sana, sin estar en continua tensión”. Es la frase de Nel Conde, avilesino de nacimiento, pero cearista de sentimiento para el que ir a La Cruz supone “reconciliarse con su infancia, con la esencia del fútbol de antes”. Pero es la sensación que comparten todos los aficionados, jugadores, técnicos y directivos de este club que en su 75º. aniversario no solo ha logrado ascender a Segunda RFEF (la antigua Segunda B), sino que además Gijón les ha distinguido con la medalla de plata por los valores que encarnan. “Siempre hemos tenido muchas ganas e ilusión por sacar adelante este proyecto, pero con esta medalla tenemos ese último empujón que nos anima a pelear aún más”, explica su presidente Alberto Álvarez, rodeado de toda “la familia” del club, pues este reconocimiento es un premio compartido para ellos.

Un aficionado coloca una pancarta detrás de una portería de La Cruz antes del partido de ayer del Gijón Femenino frente al Deportivo B. | Juan Plaza

El dirigente del Ceares, como el resto de compañeros de la Junta Directiva, es, de hecho, uno más a la hora de remangarse y trabajar por el bien del club. Hasta se encarga de la cantina en los días de partido. “Lo que queremos aquí es que todo el mundo se sienta representado”, señala Xosé Estrada, directivo del Ceares. “Lo que nos distingue son ciertos valores que tiene la mayoría de la sociedad, que en el fútbol hablar de ellos parece que es un tabú. Nosotros tenemos una firmeza clara a la hora de posicionarse en contra de la homofobia, el racismo o la violencia”, destaca el dirigente, mencionando precisamente las señas de identidad que el Ayuntamiento de Gijón ha valorado para los honores

El éxito del Ceares, tanto en el terreno de juego y fuera de él, es el triunfo del fútbol popular, el de ser una entidad en la que los socios y vecinos del barrio sean partícipes, y exista una retroalimentación. “Aquí tenemos una fiesta siempre, para cada jugador hay una canción. Eso no pasa en el fútbol modesto casi en ningún sitio. Y se produce tanto en lo bueno como en lo mano”, desvela uno de sus jugadores, Kike Martínez, que vive ahora un ascenso, tras sufrir por salvar la categoría en otra etapa anterior en la entidad.

El humilde club de fútbol gijonés ha logrado por primera vez en su historia subir a categoría nacional. Pablo Busto, como entrenador, ha sido el artífice de este logro. “No asusta pensarlo, pero aún no nos lo creemos. Ahora, detrás del Sporting, vamos a ser el segundo equipo de Gijón. Es un sueño lo que vivimos. Hemos aportado nuestro granito de arena para alegrar la vida del barrio en estos tiempos difíciles”, concluye el técnico del primer equipo, en un club que entre toda su estructura (incluyendo cantera y el Gijón Femenino, que ayer perdión su partido frente al Deportivo B) suma 450 deportistas, felices por los logros conseguidos y por los que están por venir.

El Ceares celebra su ascenso

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