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Juan Manuel Gil | Escritor, presenta hoy en Gijón “Trigo limpio”

Juan Manuel Gil, escritor: “Los premios dan un gran impulso, pero también vértigo para volver a escribir”

“Descubrí cómo contar historias por la literatura oral de mi barrio; después leí ‘La peste’ y dije: ‘Quiero hacer esto para zarandear al lector’”

Juan Manuel Gil.

Juan Manuel Gil.

Galardonado con el Biblioteca Breve de este año, Juan Manuel Gil (Almería, 1979), sigue en la fase dulce de la ronda de presentación de “Trigo Limpio”, publicado con “Seix Barral”. Hoy hará parada en la Feria del Libro de Gijón para dar a conocer una historia que mezcla misterio, metaliteratura y recuerdos bajo una historia, en apariencia, simple: un escritor investiga por qué su amigo de la niñez no quiere que escriba sobre sus años de infancia.

–¿Cómo surgió la idea de escribir a raíz de los recuerdos de la infancia?

–Cuando empecé a escribir el libro ya tenía en la cabeza lo que quería hacer, que era, sobre todo, homenajear a la literatura. Dedico mucho tiempo de mi vida a ella, porque soy escritor y escribo y leo con frecuencia. Quería articular una especia de homenaje y me di cuenta que había una cosa en común en todo esto: la mirada que yo tenía cuando era niño, esa mirada fascinada del que vive sus días de verano como si fuese el último de su vida, y la mirada fascinada que aún tengo cuando abro un libro que me gusta.

–Pero la novela ha salido también un poco detectivesca y no tan nostálgica.

–Sí, sí, porque es el tiempo de literatura que me gusta. Tenía que ser así, tenía que figurar esa forma de escribir que se sostiene en la intriga y, sí, con cierto aire detectivesco. La novela trata sobre la búsqueda del narrado de un viejo amigo que 25 años después aparece, le hace una propuesta, y se arrepiente.

–Le propone al narrador, que en gran parte es usted, escribir sobre su infancia. Luego se desdice.

–Y es que no le puedes hacer eso a un escritor. La indagación de por qué se echa atrás mantiene una tensión durante toda la trama.

–En la novela también hay metaliteratura. ¿Cómo se escribe sobre el acto de escribir?

–Fue el reto más duro, porque pretendía que el libro se centrase en el humor y la fascinación de la infancia y adentrarme en lo ensayístico me daba miedo. Al final fue la parte que más disfruté escribiendo, porque le puse mucho humor.

–Con referencias irónicas a “los expertos sostienen que...”

–Sí, es que mi actitud con la escritura es una huida total de la solemnidad, es desencantada.

–¿Y la autoficción? También se incluye en la novela y es un concepto polémico. ¿Se identifica con él?

–No me siento identificado ni no identificado. Es trabajo de la crítica poner etiquetas. El libro pretende subraya y rescatar una visión muy divertida de la literatura. Lo que sí sé es que eso no va en detrimento de la profundidad.

–¿Cómo lleva eso de recibir premios?

–Da un impulso tremendo a cualquier escritor. El Biblioteca Breve, además, tiene un bagaje y una nómina de autores que todos hemos leído. Eso sí, es una gran responsabilidad. Uno se acerca ahora al siguiente libro con algo de vértigo.

–Ya que hablamos de la fascinación literaria en la infancia, ¿cuál fue el libro que primero le fascinó en la juventud?

–Yo primero descubrí lo que era contar historias, que es literatura, pero oral. En mi barrio eso estaba muy asentado. Después en la adolescencia me acerqué a “La peste”, de Albert Camus, y dije: yo quiero escribir de esta manera, hacer esto y zarandear al lector.

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