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Rozalén Cantante, actúa el próximo viernes, día 25, en Gijón

“Me iría a una isla desierta a preparar un disco con Rodrigo Cuevas”

“Un verano de gira es un regalazo; también te das un baño antes del concierto y puedes disfrutar de toda la gozadera estival”

Rozalén.

Rozalén. Luca Piergiovanni

No le importa trabajar en verano, después de un año esperando para salir de gira con su último trabajo, “El árbol y el bosque”, ni tampoco pondría pegas a pasarse todo el periodo estival con la temperatura agradable de Asturias. María de los Ángeles Rozalén (Albacete, 1986), conocida artísticamente como Rozalén, estará este próximo viernes 25 de junio en Gijón para ofrecer un concierto en la plaza de toros de El Bibio, dentro del festival Metrópoli.

–Aquí en Asturias el verano está fresquito, no siempre sale el sol, y se duerme genial, por debajo de 20 grados siempre. ¿Le convence para quedarse de gira por aquí todo el verano tocando?

–Claro que me convence (risas). Aguanto mucho mejor el frío que el calor. Mi temperatura es más del Norte. Me he criado en la sierra, con mucho calor por el día, pero de noche refresca, y siempre hace falta una rebequica. Y así se duerme siempre bien. Para mí es un punto a favor pasarme el verano en Asturias.

–A los cantantes les toca trabajar y actuar cuando todo el mundo coge vacaciones. Bendito problema, ¿no?

–Sí, es un regalo. En mi caso me pido pocas vacaciones, debería cogerme más. Pero este trabajo te permite desconectar en otro momento, cuando ya no hay tanto turismo. Para mí un verano de gira es un regalazo, puedes darte un baño antes del concierto y disfrutas también de la gozadera del verano.

–¿Qué se va a encontrar el público en su concierto de Gijón en el festival Metrópoli?

–Por fin llegamos con la gira del nuevo álbum, que hemos preparado durante más de un año. Es la gira que más deseábamos. Es el “show” más difícil que nunca hemos montado, con mucho baile, colorido y ritmos muy diferentes y, vocalmente, este disco es bastante difícil de cantar y tocar. Es un chute de energía y muchas emociones.

–¿A qué suena “El árbol y el bosque”?

–Hay más guiños a México o al tema de la muerte, de cómo se trata. Pero en general hay guiños a estilos más diferentes, africanos, folk, funk o a Cuba en una canción. Es un disco atrevido, se derriban aún más barreras musicales. Hay profundidad en los temas, y es más bailable que otros discos.

–Le gusta mucho escribir de la historia de España. ¿Qué le gustaría abordar en un futuro?

–Me gusta más bien contar historias que hagan reflexionar y que trabajen la empatía. Un tema que tenía pendiente era el de las fronteras. Llevaba mucho tiempo conociendo realidades en campos de refugiados, con ONG, en países a los que he puesto nombres y rostro propio, y tenía necesidad de contarlo. Cuando veo historias que me emocionan, me apetecen contarlas.

–Si pudiera ir a una isla desierta con un artista a preparar un nuevo trabajo, ¿con quién le gustaría ir?

–Nombro mucho a Rodrigo Cuevas, me encanta lo que hace. Sí que tengo claro que las señales me están llevando mucho últimamente al folk, a mi raíz. Sé que en algún momento haré un disco que tenga que ver con la música tradicional. Y hacerlo con Rodrigo sería muy bonito.

–Si no hubiera sido cantante, ¿qué cree que estaría haciendo ahora?

–Estudié psicología y musicoterapia. Me encanta todo lo social. Creo que estaría ahí trabajando ahora. Pero no se me caen los anillos, me gusta trabajar, y de cualquier cosa, con mucho orgullo.

–Introdujo la traducción a la lengua de signos en sus conciertos. ¿Le gustaría que le siguieran otros artistas?

–No es algo fácil. Con Bea Romero tengo un “feeling” importante. Lo que me gustaría es que hubiera conciertos inclusivos más de forma puntual, porque no es fácil llevar siempre un intérprete; pero de vez en cuando, unas cuantas veces al año, sería un puntazo.

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