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Los viajes de Jovellanos (XXVIII): El amanecer de Vergara

El paso del prócer gijonés por la localidad guipuzcoana, que le llama la atención por sus edificios y por sus gentes

La localidad guipuzcoana de Vergara.

La localidad guipuzcoana de Vergara.

El 28 de agosto de 1791 tenemos a nuestro ilustre protagonista viendo amanecer en Vergara, una población que, como ya indicamos, fue una inspiración para algunas ideas pedagógicas que Jovellanos fue plasmando en ideas y proyectos. Vamos a iniciar el recorrido de hoy viendo que nos cuenta Jovino en aquel día veraniego: “Domingo, 28. Todo el día en Vergara, pueblo situado en lo más estrecho de una cañada que forman dos montañas altísimas; las casas que miran entre poniente y norte tienen a la espalda sus huertos, que corren hasta la falda de la montaña, que tiene la misma exposición.

Salida a misa a la iglesia del Seminario, que es la de los jesuitas cortada una parte para hacer abajo aula de dibujo, y arriba biblioteca. Nos incorporamos con la comunidad; después nos buscaron D. Vicente Lili y su hijo y Barroeta; visitamos a la condesa Gaitán de Ayala, a madama Foronda, y comimos en casa de Lili, bien, limpia y agradablemente”.

Jovellanos cita en este fragmento varias personas con quien se mueve y uno de ellos será incluso su anfitrión en la comida, me refiero a Vicente Lili-Idiaquez y Verdugo, conde de Alacha y diputado general de Guipúzcoa, en las Juntas de San Sebastián de julio del año 1753 y reelegido en las Juntas de Deva en 1756, en las de Vergara de 1767, en Rentería en 1793 y en las de Mondragón de septiembre de 1794. Sus ideas ilustradas lo convirtieron en figura clave de la Real Sociedad Vascongada de los Amigos del País, donde fue uno de los fundadores, además de tesorero y recaudador general de la misma.

Se casó en 1753 con María Josefa Moyua Ozaeta, con la que tuvo a Miguel Lili-Idiaquez Moyua, el hijo que nos cita Jovellanos, que llegó a ser mariscal de campo de los Reales Ejércitos y gobernador en Tortosa.

También menciona a Barroeta, que sería Juan Bautista Ituarte y Barroeta, nacido en Jemein en 1745, y perteneciente a un linaje hijodalgo oriundo del lugar de la casa-torre de Barroeta.

Pero entre las personas citadas, tal vez sea la más curiosa ‘madame Foronda’, que sería Fermina de Vidarte y Solchaga, casada con un hombre muy relevante en amplios sentidos, Valentín Tadeo de Foronda y González de Echávarri. Nacido en Vitoria en febrero de 1751 y fallecido en Pamplona en 1821. Ilustrado, escritor y diplomático, en 1782 se trasladó a Vergara donde desarrolló una importante labor en la promoción del Real Seminario e incluso impartió clases de economía política. Fue nombrado cónsul general en 1802, cargo que ocupó hasta 1807 y encargado de los negocios españoles en Estados Unidos, específicamente en la ciudad de Filadelfia, donde incluso se fraguó una gran amistad con el presidente Thomas Jefferson. A su regreso la Junta Suprema le nombró intendente honorario del Ejército, y tras las Cortes de Cádiz, fue designado miembro de la Junta de Censura, encargada de salvaguardar la libertad de imprenta.

Significados personajes ligados a ideas ilustradas y con una gran vinculación con el proyecto pedagógico de Vergara, son los que guían a nuestro ilustre viajero por aquel lugar.

Tras estos encuentros personales, nos cuenta lo siguiente: “Vimos en la iglesia parroquial de San Pedro (hay otra más), en la capilla del Cristo, un crucifijo del tamaño natural, que me pareció del Montañés, y es ciertamente obra digna del Buenarrota. El cuadro del Nacimiento del colateral de la epístola es decente. La iglesia es por la manera de las de esta provincia, grande, del gusto gótico, sobre columnas colosales, con la diferencia de que no son redondas, sino compuestas de columnitas tan pequeñas que parecen los junquillos de las estrías relevadas. Esta villa tiene como mil vecinos, pues se le cuentan cuatro mil almas de comunión”.

Mucho donde poner la lupa en este fragmento del Diario, donde Jovellanos habla de la parroquial de Vergara, de alguna de sus joyas artísticas y también de la propia población.

La iglesia de San Pedro de Ariznoa es la más emblemática de la población guipuzcoana, y nació a partir de los cimientos de una obra anterior en cuatro campañas de trabajos que se desarrollaron entre el último tramo del siglo XV y el año de 1620, por tanto, un largo periplo de obras. La muy esbelta y barroca torre, símbolo visual del edificio, data del año 1742 y fue obra de José de Lizardi. Pero sin duda la pieza clave y maestra es el Cristo que Jovellanos cita, el impresionante Cristo de la Agonía. Merece la pena hacer una pequeña reseña sobre el mismo. Fue Juan Pérez de Irazabal, Contador del Rey, residente en Sevilla pero de Vergara, quien encargó en 1622 al gran escultor Juan de Mesa la realización de esta talla. De una calidad innegable y con una expresión que sobrecoge, este Cristo ha sido considerado por críticos e historiadores del arte, como una de las mejores obras del barroco español. Juan de Mesa fue el alumno aventajado de Juan Martínez Montañés, de ahí que una vez más Jovellanos destapa sus conocimientos artísticos y su observación no iba en absoluto desencaminada. El Cristo de la buena muerte o sobre todo, el Cristo del Gran Poder son obras de este autor clave en la escuela barroca sevillana.

En cuanto al nacimiento de la población hay que mencionar, como ocurre también en Asturias, al Rey Alfonso X el Sabio quien funda, en los mismos alrededores de San Pedro de Ariznoa, la villa, llamada en origen, Villanueva de Vergara el 30 de julio de 1268. Se le otorga el fuero de Vitoria, que por cierto, dice así:

“Que habernos de facer una puebla en Vergara, e señaladamente en aquel logar que dicen Ariznoa; a que ponemos nombre Villanueva, e por facer bien e merced a los pobladores que agora son e seran daqui adelante, damosles e otorgamosles el fuero que han los de Vitoria”.

Nos indica Jovellanos en su Diario a continuación: “Destinamos la tarde a ver el Seminario vascongado; estando en vacaciones, faltan algunos jóvenes, el presidente y algún maestro”.

Y es que Jovellanos visita, tal vez, el punto clave de su paso por Vergara, el famoso Seminario.

No solo Jovellanos, sino muchos contemporáneos se interesaron por el proyecto del Seminario en Vergara, que fue un centro de primer nivel en investigación y pionero en estudios científicos y técnicos. El impulsor fue Xavier María de Munibe e Idiáquez, VIII conde de Peñaflorida, quien junto con otras personas había creado la Real Sociedad Vascongada de los Amigos del País. Este proyecto docente fijó sus enseñanzas en un edificio que había pertenecido a los jesuitas y que tras su expulsión fue donado a la Sociedad. La institución se denominó Real Seminario Patriótico Vascongado a partir de febrero del año 1777.

Humanidades y ciencias se unían en su plan de estudios novedoso y pionero en España, donde se impartía latín, lenguas modernas, física, historia natural, matemáticas, dibujo, equitación, música e incluso baile. Pero también química, mineralogía, metalurgia, arquitectura, economía, comercio o agricultura. ¿Cómo no iba a interesar a nuestro ilustre viajero este Seminario?

Como curiosidad importante decir, que alcanzó fama internacional, cuando los hermanos Juan José y Fausto de Elhuyar logran el aislamiento del wolframio en 1783.

El seminario fue cerrado en 1930. En la actualidad es sede de la UNED.

Escribe Jovellanos esto en su Diario: “Las camas, los dormitorios, el tinelo o comedor, todo está limpio, y en los niños no se advierte desaseo; llevan todos su pelo, cosa que no apruebo, y en general tienen aire bastante suelto. La enseñanza se reduce a primeras letras, latinidad, propiedad y retórica, matemáticas, dos cátedras, la última de sublimes; la primera a cargo de don Pedro Ramírez, y la segunda al de don Jerónimo Mas; el primero nos acompañó. A los diez y ocho años pasan los seminaristas a la clase de académicos; salen por la noche; concurren los días festivos a las tertulias, donde bailan hasta las nueve, que es la hora de cena”.

Tras estos curiosos datos que nos deja don Gaspar, el día llega prácticamente a su fin, aunque queda algún detalle por mencionar de aquel día 28 de agosto de 1791, pero eso lo vemos ya en el próximo capítulo.

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