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Kike Figaredo recoge en San Pedro apoyo para Camboya: "La misión de allí vive de la generosidad de muchos"

El misionero gijonés oficia una misa en el 24º aniversario de su ordenación junto a Javier Gómez Cuesta

Kike Figaredo, en el centro, con el párroco Javier Gómez Cuesta a la izquierda de la imagen durante la liturgia.

Kike Figaredo, en el centro, con el párroco Javier Gómez Cuesta a la izquierda de la imagen durante la liturgia. Ángel González

“Gracias por acogerme; todavía voy a estar una semana aquí y os pido por favor que no dejéis de rezar por nuestros hermanos de Camboya, porque la misión de allí vive del cariño y de la generosidad de muchos. Sentiros parte de aquella misión, porque llevo mucho cariño y apoyo de aquí”. El prefecto apostólico de Battambang (Camboya), el jesuita Kike Figaredo Alvargonzález se dirigió ayer con estas palabras a los fieles que acudieron a la misa que concelebró en la parroquia de San Pedro con su sacerdote, Javier Gómez Cuesta. Un oficio religioso que coincidió con el 24º aniversario de la ordenación como sacerdote de Kike Figaredo.

El párroco de San Pedro precedió en la palabra a Kike Figaredo, indicando a sus feligreses que “ser misionero es seguir a Jesucristo radicalmente. Ahora vivimos tiempos difíciles y nos viene muy bien que un misionero nos anime a vivir la fe con radicalidad”.

Pese a las distintas circunstancias que se vive en un país como Camboya, muy alejada de la del primer mundo, Kike Figaredo engarzó en su sermón las dos realidades, desde el punto de vista de la actitud y la fe.

Quienes acudieron a la liturgia se encontraron en los bancos del templo un papel explicando quién es y que hace el jesuita gijonés en Camboya, con una fotografía en la que está junto a una de las niñas mutilada por efecto de los artefactos explosivos, restos de una guerra que permanecen diseminados por el territorio. Es uno de los niños que atiende en el Centro Arrupe y desde su silla de ruedas, esta pequeña ayuda a otra niña con una enfermedad degenerativa a bajarse de la silla de ruedas o a asearse, “a sentirse mejor y querida”.

Asistentes a la misa. | Ángel González

El prefecto de Battambang (rango eclesiástico equivalente al de obispo) señaló que en el primer mundo “tenemos retos distintos, pero para el caso es lo mismo”. Una cuestión de actitud. Pidió tener “una visión profunda de la vida, con actitud de servicio y abajamiento” y recordando las palabras de Teresa de Calcuta apuntó que “no se trata de hacer cosas grandes, si no de hacer cosas pequeñas con corazón grande”.

En un tono reflexivo, el misionero gijonés contrapuso esa visión profunda de la vida por la que aboga con que “el problema de la sociedad es que estamos aturdidos con muchísima información, dispersos y poco profundos”, esperando que la fe provoque un cambio de actitudes en la vida, con la misericordia, la alegría y el servicio en la vida cotidiana como referentes.

Kike Figaredo se disculpó con los feligreses por no poder acompañarlos en el día de San Pedro, debido a que tenía una reunión en Madrid con Cáritas de España para que ayudaran a Cáritas de Camboya. Pese a ello, “me acordé mucho el día de San Pedro, patrono de Gijón y para mí, como gijonés y playu”.

El párroco de San Pedro, por su parte, señaló al respecto que “donde está un gijonés, Gijón está con él”. Javier Gómez Cuesta recalcó que “las misiones son la vanguardia de la Iglesia, un cristianismo integral, en el que además de propagar la fe, se levantan colegios y hospitales”.

La misa concluyó con una ovación a Kike Figaredo y con la bendición por parte de éste al modo camboyano: juntando las manos frente al rostro y reclinándose ligeramente.

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