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La ventresca y el rollo lideran el consumo de bonito en los restaurantes locales

El certamen para convertir Gijón en capital bonitera del norte de España reúne a 120 establecimientos

Vicente Alonso, en su restaurante, La Nueva Zamorana. Marcos León

La llegada del verano aviva una de las grandes tradiciones gijonesas como es la degustación del bonito, ya sea ventresca, en rollo o cualquier otra fórmula que los hosteleros de la ciudad ofrezcan a turistas y autóctonos. Es para muchos “oro molido”, como así describía ayer Esther Copado en uno de los 120 establecimientos que participan este año en la tercera edición de “Gijón Bonito”, el certamen que quiere convertir a Gijón en la capital bonitera del norte de España y en el que colabora LA NUEVA ESPAÑA. La campaña de los túnidos es corta, y por eso son muchos los que apuran sus oportunidades de degustar el plato por excelencia de la temporada estival. “Me encanta el rollo, los tacos y el marmitako; es un manjar”, apuntó Manuel Antonio Rapado, sentado a la mesa de la sidrería Nueva Uría.

Dani Camacho, camarero, junto a Manuel Antonio Rapado y su mujer. | M. L.

En este establecimiento del barrio de El Llano son varias las opciones gastronómicas en torno al bonito. “Ofrecemos rollu, tacos de bonito elaborados a nuestra manera, ventresca al horno y a la plancha...”, enumeró el encargado del negocio, Luis López, que valoró “positivamente” la realización del certamen. Visión idéntica tienen los responsables de La Nueva Zamorana sobre este certamen que se desarrollará durante los meses de julio y agosto (este año se han sumado varios negocios de Madrid, apostando por los productos asturianos) para “promocionar Gijón”. “Es muy importante para mejorar la situación de nuestros restaurantes”, valoró el dueño, Vicente Alonso, que detalló las variantes de bonito que podrá degustar la clientela: “tenemos tartar de bonito, tacos al ajillo, salpicón, bonito acebollado, con pisto, con tomate… Un montón de opciones”. Buena cuenta de ello puede dar Pedro Benjamín Viña, que se decantó por la ventresca y ensalzó la importancia de iniciativas de esta índole. “Todo lo que sea ayudar me parece bien”, comentó.

Roberto Cristóbal le muestra un bonito a Alfonso Villanueva. | Marcos León

La oferta va de un sitio a otro de la ciudad. En una línea similar se mostró Roberto Cristóbal, gerente de El Planeta, en Cimadevilla, que subrayó que “es una idea muy buena”. “Hacemos marmitako, rollu, albóndigas... De todo”, enunció en cuanto a las propuestas culinarias del local. Una de sus comensales, Esther Copado, considera el bonito como “de lo mejorcito” del verano en lo que a gastronomía se refiere. “Lo como muchas veces y también lo cocino”, confesó Copado, a lo que su marido, Alfonso Villanueva, asintió. Antonio Custodio, otro cliente, aseguró por su parte que “hay que hacer propaganda para que venga la gente a comerse un bonito aquí a Gijón”. No obstante, para él, el bonito tiene más valor del que le conceden los asturianos. “No le damos la categoría que merece”, aseveró.

A este sentir se sumó Pedro Benjamín Viña. “Si tuvieran que ir a pescarlo iban a saber lo que es el pescado y lo que hay que trabajarlo”, manifestó. Pese a la pujanza del atún, “aquí se apuesta por el bonito”, afirmó Manuel Antonio. Sea como fuere, los amantes de este pescado podrán seguir disfrutando de Gijón Bonito, un certamen que espera incentivar, además de la hostelería, el turismo en la ciudad. Las ofertas son muchas y el tiempo apremia en la capital bonitera del norte de España.

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