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"Gijón, ahora": el artículo póstumo de Alfonso Peláez

Unas últimas reflexiones del escritor y empresario sobre la actualidad de su amada ciudad

Alfonso Peláez firma un ejemplar de su último libro, “Escogiendo lentejas”. | Ángel González

Alfonso Peláez firma un ejemplar de su último libro, “Escogiendo lentejas”. | Ángel González

Cuatro días antes de fallecer, Alfonso Peláez pidió a su esposa, Isabel Vila, varios folios y un bolígrafo: quería hacer un artículo. Apenas tuvo tiempo para dejar en el papel unas cuantas ideas con las que iba a dar forma a ese texto. A continuación, se reproducen esas ideas, con dos palabras que la familia no ha sido capaz de descifrar. El escrito quedó inconcluso.

Parece que poco a poco las ciudades vuelven a la normalidad y Gijón, desde el minuto uno, llegaba con ventaja merced a la Alcaldesa, que ahí permaneció en nuestro palacete, cuidándonos las inseguras espaldas de esta pandemia que nos trajo el devenir del tiempo. Soy de los que sostiene que la ciudad es para los ciudadanos y me encanta que cada vez existan más (...), calles peatonalizadas y menos coches.

Tamos en julio y ya funciona la playa, con llenos de virgen a virgen que llegarán. Los hosteleros que tanto largaron pueden ofertar nuestro patrimonio gastronómico de ventriscas y chipirones de potera (cuidado con las falsas imitaciones, como aquellos cacharros que nos llenaban de garrafonazos en nuestros veranos idílicos preñados de actuaciones con la música del momento).

Está arreglándose la fontana de la plaza del Carmen, el tráfico no mete el ruido que se presuponía ni hay el caos bíblico con el que amenazaban. Querían poner casetes como los chiringuitos de Vetusta y habrá toros, y el Sporting seguirá de baberu ahí apalancáu, en una división que para nada nos pertenece.

Aun con el vergonzante tema de la estación y la depuración de las aguas, esta ciudad es (...). Se continúa progresando con algún desacierto como el asfalto de Cimavilla, que cuando vuelvan les perres, llenarán de adoquinado les places de un gran museo. A mí impórtame menos que nada de donde ye la Alcaldesa, pero por fin Palacio tien una calle y en la igualdad de género vamos pioneros como nunca dejamos de ir.

Cuando yo nací, el Piles estaba contaminado y les calles eren navegables pa los que no tenían chanclos y había ciudadelas y sabañones y aquí cabíamos todos. Por cierto, en Cabueñes, desde enero, no hay quiosco, pero tenemos bibliotecas públicas.

A mí gústame Gijón, ciudad ecléctica, reivindicativa, tolerante, con clase, en la que siempre hay iconoclastas de todo tipo y condición. Aquí llevose siempre dar cancha y mejor acogida a todo dios, y así seguimos. Tenemos una Alcaldesa que sabe lo que trae en sus manos y que se integró en Gijón como antes lo hicieron gentes de otras latitudes que aquí dejaron huella. Gústame que dé la cara por les peatonalizaciones, pues las ciudades son para los ciudadanos y me encanta que continúe con las libertades imparables en las que aquí fuimos de siempre pioneros. En esta City hay casi de todo, artistas como Mingotes, peñistas de un sentimiento secuestrado por unos colores y unas siglas, que utilizan de baberu el viejo Molinón, taurinos y meapilas, hoteleros cinco tenedores y garrafoneros ancestrales. Íbamos a Los Fresnos y de ahí, a lustrar los zapatos para entrar al Tívoli o al Auseva), Ciudadelas y princesitas de La Playa, Roast beeff y cachopos, bendición de las aguas y Cristo de Medinaceli con...

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