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Las obras para adecuar las casamatas del Cerro como museo finalizarán este mes

Los operarios inician la última fase de los trabajos para construir una red de saneamiento y drenaje bajo el “Elogio del Horizonte”

Vehículos de los operarios que realizan las obras en las casamatas del Cerro Santa Catalina, ayer.

Vehículos de los operarios que realizan las obras en las casamatas del Cerro Santa Catalina, ayer.

Ya se ve la luz al final del túnel bajo el “Elogio del Horizonte”. Las obras para convertir las casamatas del cerro de Santa Catalina en un museo de la memoria terminarán a mediados de este mes, según indicaron ayer fuentes municipales. Los trabajos han consistido en crear una red de saneamiento y drenaje en el terreno, para así adecuar el espacio a lo que serán las instalaciones culturales, cuyo contenido aún está pendiente de concreción. Los operarios daban ayer los últimos retoques a su actuación.

Con una superficie cercana a los 690 metros cuadrados, las casamatas fueron creadas en 1898 con motivo de la guerra que enfrentó a España con Estados Unidos que acabó con la independencia de Cuba. Cuando parecía más que probable que el gobierno norteamericano bombardease España, se encomendó a las ciudades que, como defensa, incluyesen estos emplazamientos excavados en la tierra. Sin embargo, la guerra terminó en el mismo año 1898 y quedaron sin uso. Aun así, la experiencia bélica llevó a que se planearan defensas en la Campa Torres, La Providencia y el Cerro, empezando por la construcción por esta zona.

El resultado fue una serie de “estancias en semisótano, con huecos abiertos hacia el sur y un acceso central, y otras estancias interiores, sin huecos al exterior”, según recoge el proyecto de licitación de la construcción del museo, en 2020. Existen, igualmente, “tres pasadizos: dos laterales y uno central, que llevan a dos pequeñas estancias al sur y a la casamata situada bajo el Elogio”.

Hace treinta años, se elaboró un plan de rehabilitación de esta zona que terminó diluyéndose. Pero es ahora cuando todo apunta a que las casamatas quedarán definitivamente convertidas en un lugar de uso público. De este modo, la construcción defensiva, inicialmente pensada para instalar piezas de artillería, tendrá una nueva utilidad que trascenderá su actual uso como lugar de almacenaje de materiales de parques y jardines.

Las obras llegan a su fin y transformarán al emplazamiento, de más de 120 años de antigüedad, en un espacio de visita para la ciudadanía, con unos contenidos que el área municipal de Cultura sigue reflexionando. Una vez finalicen los últimos retoques arquitectónicos, únicamente restará poner en marcha los contenidos expositivos con los que se pretende ilustrar el centro. Será entonces cuando las galerías del Cerro de Santa Catalina luzcan definitivamente con todo su esplendor.

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