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La escultura “Cantu de los díes fuxíos”, en el Cervigón, cumple sus 20 años: “Es una obra icónica para los gijoneses”

La obra de Adolfo Manzano, convertida en un icono y punto de encuentro para los gijoneses: “Es muy apreciada”

Una panorámica de la obra en la senda del Cervigón, ayer por la tarde. | Juan Plaza

Una panorámica de la obra en la senda del Cervigón, ayer por la tarde. | Juan Plaza

Son nueve bloques de mármol almeriense de Macael, coronados por unos utensilios que bien podían ser platos para comer, aunque cerrados. Está en la senda del Cervigón, en un puntal conocido como la calada del Bruscu. A unos, la disposición de las piezas les recuerda un monumento funerario y a otros les despierta en el alma una intensa conexión con la belleza natural de este rincón de Gijón. Pero para todos los que se animan a pasear en dirección a la casa de Rosario de Acuña, la escultura “Cantu de los díes fuxíos” es un elemento “icónico y muy apreciado”. Una obra, la de Adolfo Manzano que está de celebración porque cumple este septiembre 20 años arropando la bahía de San Lorenzo.

Alejandra Canella y Covadonga Lozano | Juan Plaza

Alejandra Canella y Covadonga Lozano | Juan Plaza

Contaba el propio autor quirosano, hoy afincado en Oviedo, hace dos décadas que su obra no era una pieza para mirar sino para estar. Que los bloques están colocados aleatoriamente, aunque tratando de buscar una composición que acentúe los desequilibrios que la mano de la naturaleza quiso esculpir en los acantilados gijoneses. Incluso, que pudiera ser útil para los pescadores que se asoman a la primera curva de la senda del Cervigón a realizar sus capturas. Esta idea fue muy bien acogida por Francisco Costa, un gijonés que por lo menos una vez al mes tira su caña en ese lugar, dejando pasar las horas de sus tardes. “La vista es preciosa y el sonido del mar es relajante”, explica el pescador.

Ana Folgueramayor junto a Noel Pruneda. | Juan Plaza

Ana Folgueramayor junto a Noel Pruneda. | Juan Plaza

Razón no le falta. Desde el cobijo que da la escultura, cuyo nombre en castellano puede traducirse como “canto de los días huidos”, puede apreciarse una de las postales más bellas de la ciudad. A lo lejos, se avista El Musel y más a lo lejos todavía, la chimenea de la térmica de Aboño se deja ver entre la Campa Torres. Más cerca, el cerro de Santa Catalina, coronado por el “Elogio del Horizonte”, y más aún San Lorenzo. “La Madre del Emigrante” la tapaba ayer una caravana del camping del Rinconín.

María Riera y Miguel Más | Juan Plaza

Hasta esa zona de la ciudad se desplazan todos los días decenas de personas. Dos de ellas fueron ayer Noel Pruneda y su madre, Ana María Folgueramayor, una vigilante del aeropuerto de Asturias que camina ayudaba por una muleta. “Me recuerda un poco a una zona de tumbas”, dice la madre, de indudable buen humor. “A mí se me asemeja más a un lugar de culto religioso pagano”, apostilla el más joven. Interpretaciones las hay de todos los sentidos. A continuación de la marcha de la madre y el hijo, entran en escena Covadonga Lozano y su tía, Alejandra Canella, que se animan a dar otra vuelta de tuerca. “Me sugiere una conexión de los elementos con la naturaleza”, analiza la joven. Sesuda es la lectura de Canella, que fue profesora de latín en Oviedo. “Por el color de mármol, a mí lo que se me viene a la mente es el Partenón de Atenas”, cuenta la mujer antes de emprender el camino.

El pescador Francisco Costa | Juan Plaza

El pescador Francisco Costa | Juan Plaza

La obra de Manzano terminó por estar instalada del todo en septiembre de 2001 y tuvo un coste que se cifró hace dos décadas entre los siete y ocho millones de pesetas de la época. Cada pieza tiene unas dimensiones de 70x70x100 centímetros y pesa una tonelada. Su colocación se enmarcó dentro un plan municipal de estatuas para la zona Este. Con el paso de los años, mantiene su belleza intacta. Si bien, debido a la popularidad de la zona, en el entorno podían verse ayer innumerables cáscaras de pipas y alguna que otra colilla. El ojo más clínico podrá advertir también pintadas en alguno de los bloques de una obra que 20 años después es un icono de los gijoneses.

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