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La figura de la semana | Luis Vicente Márquez Montero | Nuevo jefe de la Comandancia Naval de Gijón

Navegante de espíritu aventurero

Viajar y descubrir nuevas culturas son las pasiones de este capitán de navío tranquilo, metódico y prudente que devora las novelas históricas

Ilustración de Mortiner

Ilustración de Mortiner

Sus anhelos por explorar el mundo y descubrir otras culturas, impulsadas también por sus antecedentes familiares, llevaron a Luis Vicente Márquez Montero (Madrid, 1963) a embarcarse en la aventura de convertirse en marino. Este capitán de navío, un hombre tranquilo, metódico y prudente, que procura la empatía, descubrió así una forma de vida que le ha permitido cumplir sus expectativas, formar una familia y acumular un bagaje de experiencias que le han llevado a ganarse el respeto y cariño de aquellos con quienes ha trabajado, tanto en tierra como en la mar. Ahora, como broche a su carrera, lleva ya dos meses en la Comandancia Naval de Gijón, un puerto al que ha llegado para los próximos años con mucha ilusión y los consejos de Carlos Orueta Lueje, su amigo y compañero de promoción cuando ingresaron en la Marina, que ha sido su predecesor en el cargo.

El ambiente familiar influyó mucho en los pasos que dio este aficionado a la novela histórica. Sus abuelos y su padre, Rafael Márquez, fueron oficiales de la Armada. También tres de sus nueve hermanos. Su adolescencia en Mallorca, destino en el que ejercía su progenitor, supuso el primer contacto trascendente con la mar. Esos años en Palma, una ciudad que el propio Luis Márquez define como muy tradicional y paradójicamente cosmopolita a la vez, y la influencia de su padre, le llevaron a estudiar duramente para superar las pruebas de ingreso en la Armada, en una época en la que suponía una de las mejores opciones para satisfacer las ansias de conocer mundo. Así, entró en la Escuela Naval para cursar cinco años de intensos (1983-1988) estudios y actividades, preparándose para honrar el uniforme y servir a España, experimentando el espíritu de camaradería y gratas vivencias con sus compañeros.

Una vez recibido el despacho, la experiencia en el servicio en la Armada ha ido cumpliendo sus expectativas. La mar es una forma de vida donde se experimentan desafíos diarios, tanto con uno mismo como en la convivencia a bordo con los demás, y donde es preciso dar ejemplo, día a día. Dos tercios de sus años de servicio los ha pasado embarcado o en destinos en estados mayores desplegables. Y siempre teniendo claro que en el equipo a bordo cada persona es importante. Todos forman parte de la maquinaria a bordo, desde la marinería al comandante. Cuando las cosas salen bien o mal siempre es para todos. De ahí que Márquez defina un barco como “una pequeña sociedad escrupulosamente organizada donde todo el mundo es fundamental para superar diferentes situaciones, en la que siempre hay un objetivo o misión que cumplir, que solo se logra con el compromiso de todos y cada uno”.

Luis Márquez poco a poco fue subiendo peldaños. Y siempre consciente de que una parte muy importante de la preparación militar es estar preparándose para el siguiente cometido y empleo. Aprender de los mayores es patronazgo importante en la Armada. Poco a poco se fue curtiendo en distintas lides. Ha servido en el destructor “Gravina”, dragaminas “Miño y Sil”, la fragata “Cataluña”, la corbeta “Infanta Elena”, el patrullero de altura “Centinela”, y la lista sigue en estados mayores a flote o desplegables, a bordo del portaaviones “Príncipe de Asturias”, buques de asalto anfibio “Castilla” y “Galicia”, el LHD “Juan Carlos” y buques de mando de marinas aliadas, principalmente italianos y franceses.

De lo que más orgulloso está tras todos estos años de servicio a España y a sus ciudadanos es haber aportado su pequeña contribución en agrupaciones en actividades internacionales, compartiendo vivencias, formando parte y en algunos casos liderando un equipo con personas de diferentes naciones, para alcanzar un único objetivo. España es protagonista importante en las actividades en operaciones y despliegues navales desde hace ya tiempo, especialmente tras el ingreso en la OTAN. Márquez Montero participó en las operaciones de paz realizadas en el Adriático por parte de la OTAN, de manera coordinada con la entonces Unión Europea Occidental, precedente de las operaciones militares de la actual UE, durante el conflicto en la antigua Yugoslavia. Hubo momentos gratificantes, pero también situaciones complicadas como a la hora de abordar mercantes con bandera de alguno de los países beligerantes y ver el ambiente y posturas tan radicales que se respiraban en aquel momento entre las tripulaciones. En esas ocasiones era necesario echar mano del carácter y de mano izquierda, al tiempo que ser riguroso con lo ordenado en las resoluciones de Naciones Unidas.

También destaca su participación en la agrupación naval de la operación de la Fuerza Interina de Naciones Unidas en Líbano (UNIFIL) en el Mediterráneo Oriental. Esas experiencias le mostraron los desequilibrios e inseguridad que hay entre naciones y la inseguridad en determinadas, así como la importancia de la contribución de las Fuerzas Armadas a que el mundo sea más seguro. Es preciso reflexionar que acciones cuotidianas de nuestra vida y de nuestra sociedad se pueden desmoronar de un día para otro si falla esa labor de seguridad global.

Pero la mejor navegación de Márquez Montero llegó al otro lado del océano Atlántico. En uno de sus despliegues conoció a Estela Rocha de Brito, en Salvador de Bahía, Brasil. Se casaron y juntos tienen dos hijas, Mariana y Estela, de 24 y 19 años respectivamente. La primera ya trabaja en una multinacional tras cursar ciencias políticas y relaciones internacionales, mientras que la más pequeña apunta al sector audiovisual. Los idiomas avalan a esta familia. Al castellano se suma el portugués, francés, italiano e inglés. Una pasión, la de comunicarse y conocer tantas lenguas, a la que la vida en la Armada ha contribuido sin lugar a dudas. Juntos vivieron en Tarento (Italia) y Tolón (Francia), bases navales de los destinos internacionales a flote por los que pasó Márquez.

Todas esas experiencias no solo le han permitido conocer otros continentes, sino también disfrutar de la riqueza de esa diversidad cultural que ofrece un planeta al que el jefe de esta Comandancia Naval insiste en que hay que cuidar entre todos como nuestra casa común. Ahora está inmerso en sus nuevas funciones, desde su despacho de la calle Claudio Alvargonzález continúa asomado a la mar de regreso a puerto para continuar en contacto con la sociedad. “Para finalizar mi carrera no creo que haya mejor puerto de recalada que Gijón”, confesaba el propio Luis Márquez en la entrevista que concedió a LA NUEVA ESPAÑA a su llegada al cargo. Orgulloso de pertenecer a la Armada y de su familia, varios años tiene ahora de navegación por la proa para volver a llegar de nuevo a buen puerto. Talante, sosiego y amabilidad no le faltan para llevar la caña.

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