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Una gijonés con una mente brillante logra a los 17 años una beca para estudiar: “Es mi gran oportunidad”

La Fundación Sara López Falcón beca la carrera de Jonathan Álvarez para que pueda estudiar Matemáticas

Rosa Rivero y Jonathan Álvarez, en el espigón central de Fomento. | Juan Plaza

Rosa Rivero y Jonathan Álvarez, en el espigón central de Fomento. | Juan Plaza

Cuenta Jonathan Álvarez que siempre ha soñado con ser profesor. Se recuerda de pequeño en su cuarto, más que jugando con coches o superhéroes, montándose su propia aula ficticia con peluches para darles la lección del día. El gijonés, que ahora tiene 17 años, viene de un contexto familiar muy complejo, y desde los cinco es usuario de la Fundación Siloé. Con el apoyo de sus educadores, además de su abuela, ha conseguido hacer frente a las adversidades. Es hoy un alumno de sobresaliente, y está a la espera de que su 12,5 en la EBAU le permita acceder al grado de Matemáticas. Su futuro, además, acaba de recibir un nuevo empujó gracias a la Fundación Sara López Falcón, que ha decidido becarle para que pueda cursar sus estudios universitarios a partir del próximo curso despreocupado por fin de su contexto familiar y económico. “Que haya llegado hasta aquí teniéndolo todo en contra es ya admirable. Se merece una oportunidad para centrarse en lo que le corresponde a su edad: estudiar”, defiende la entidad.

La Fundación Sara López Falcón nació hace ahora cuatro años de la mano del matrimonio gijonés formado por Charo Falcón y Juan Antonio López, padres de Sara, una joven brillante y metódica que durante su carrera acumuló 30 matrículas de honor y 12 sobresalientes. Su prematura muerte en 2013, con 28 años, motivó que sus progenitores decidiesen canalizar su filosofía del esfuerzo hacia otros jóvenes que, por su contexto personal, no pudiesen contar con una red de apoyo tan firme como el que tuvo ella. La pareja defiende que los buenos estudiantes deberían tener el amparo emocional y económico para poder centrarse en su vida académica, y desde hace tres años lanzan anualmente una particular convocatoria de ayudas que transciende lo monetario y que hace que la fundación adopte más bien el papel de madrina. “Lo que hacemos es, más bien, un seguimiento completo, un acompañamiento al alumno en problemas de todo tipo que le puedan surgir hasta que deje de necesitarnos”, aclara Rosa Rivero, secretaria de la entidad.

El requisito fundamental es el que cumple Álvarez: sacar muy buenas notas. Su trabajo, ahora, será mantenerlas y quedar a la altura de la “filosofía” que defiende la fundación, que pasa también por realizar labores de voluntariado. “No me va a costar nada porque ya pensaba hacerlo, en Siloé, porque les debo mucho”, aclara el joven, que aspira a ser profesor de instituto porque, dice, su vocación la tiene “clarísima”. “El problema que tenía hasta ahora era la dificultad económica para poder estudiar. En Siloé me ayudaron a mirar qué tipo de ayudas podría pedir, pero muchas no ofrecían entrevistas para que yo pudiese explicar cuál era mi situación. Esta fundación, sí, y fue mi gran oportunidad”, explica.

La entidad, de hecho, ve con preocupación cómo año a año aumentan las solicitudes de alumnos brillantes en situación personales muy complicadas. “Nuestro compromiso era aceptar a un estudiante cada año, porque luego les acompañamos durante el tiempo que haga falta, pero este año ya hemos aceptado a dos y puede que colaboraremos con un tercero, porque sus situaciones son muy complicadas”, aclara Rivero. Su nueva línea de trabajo, por tanto, es buscar patrocinadores privados que se sumen a la iniciativa y ayuden a ampliar el número de beneficiarios. De momento, la Fundación Alimerka ya ha mostrado su interés en echar un cable. “Es difícil mirar hacia otro lado viendo a tantos jóvenes brillantes que necesitan ayuda”, concluye Rivero.

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