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Vigésimo aniversario de una obra convertida en punto de encuentro en el Cervigón

Pieza clave del gran museo al aire libre

La escultura de Manzano se ideó para disfrutar de su propuesta en los “días grises” y en un contexto de expansión del arte contemporáneo en la ciudad

Paseantes contemplando el mar junto a la obra en la actualidad. | Juan Plaza

Paseantes contemplando el mar junto a la obra en la actualidad. | Juan Plaza

Desvela el historiador y colaborador de LA NUEVA ESPAÑA, Héctor Blanco, que Gijón cuenta con la segunda colección de escultura contemporánea pública más potente de España solo superada por Barcelona. Entre esas piezas de museo al aire libre se cuenta “Cantu de los díes fuxios”, la obra que el escultor Adolfo Manzano instaló en la senda del Cervigón. Esos famosos nueve bloques de mármol almeriense de macael que adornan los acantilados gijoneses desde hace dos décadas.

Aquella obra, que costó entre siete y ocho millones de las antiguas pesetas, se enmarcó en un periodo histórico muy concreto en lo que a escultura pública se refiere. La obra de Manzano no fue la única que se instaló gracias al proyecto de Arte Público de Gijón, que a finales del pasado siglo y principios de este, sembró de arte contemporáneo la ciudad. Ahí está por ejemplo el “Andarín” del valenciano Miquel Navarro en la playa de El Arbeyal. O el “Monumento a la República” de Acisclo Manzano y Xaime Quesada, que se asienta en la avenida Carlos Marx, a la altura de Pumarín desde el 2000. De ese año es también la “Torre de la Memoria”, en Moreda.

“La obra está hecha para ser apreciada mejor en los días grises que en los días con luz”

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Recuerda Blanco que el germen de aquel periodo en el que Gijón multiplicó su patrimonio de arte público contemporáneo lo inicio la archiconocida obra de Chillida, el “Elogio del Horizonte”, que aunque en 1990 no fue acogido de buen grado por los gijoneses, hoy es todo un emblema del concejo y de Asturias. Especialmente innovador fue también el escultor cántabro Ramón Muriedas, que décadas antes, en 1970 se dio forma a “La Madre del Emigrante”, otro icono con unos inicios difíciles.

Operarios trabajando en el Cervigón. | LNE

“Fueron años de una política municipal que tenía como eje instalar en espacios públicos esculturas de arte contemporáneo. Esta época abarcó hasta cerca del 2010”, reflexiona el historiador, que enuncia una evocadora metáfora. “La obra de Manzano tiene muchas hermanas en la ciudad”. Se refiriere por ejemplo a “Solidaridad”, de Pepe Noja, las conocidas cadenas de El Rinconín que son de 1999, o “Sombras de Luz, de Fernando Alba, conocidas popularmente como “Las Chaponas”, que data de 1998. Fue en la segunda fase del Proyecto de Arte Público de Gijón cuando comenzó a apostarse más por autores asturianos. En este periodo, entre 1999 y 2001 encaja la obra de Manzano y por ejemplo “Confluencias”, de Eugenio López en el parque de Los Pericones.

Adolfo Manzano, durante la construcción de la obra. | LNE

La obra de Manzano comenzó precisamente a instalarse a mediados de septiembre de 2001. El autor quirosano había trabajado en fechas anteriores con materiales diferentes apostó esa vez para su obra en el Cervigón por el mármol de Macael. Lo hizo porque ese material refleja mejor el efecto de la espuma del mar. “La obra está hecha para ser apreciada mejor en los días grises que en los días con luz”, explicó hace ahora dos décadas. Sobre los útiles que hay sobre los cubos, fue el propio autor el que dejó dicho que bien podrían ser platos para comer. Los eligió para generar intimidad.

Los primeros visitantes de la escultra. | LNE

Entre las anécdotas de la construcción del monumento, está la demora de Manzano a la hora de seleccionar el nombre. No fue hasta cuando ya estuvo ultimada toda la obra cuando se decidió a bautizarla. Siempre tuvo claro, eso sí, que su trabajo sería nombrado en asturiano. Dos décadas después, esos nueve cubos de casi tonelada y media de peso cada uno siguen adornando la senda del Cervigón, una parada más del museo contemporáneo al aire libre que es Gijón.

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