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Así se vive día a día en los apartamentos de la playa de Estaño, "un pequeño paraíso"

“El verano siempre es horrible, pero merece la pena”, dicen los inquilinos de las viviendas escarpadas en el arenal

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Enrique Cardeli y Margot Prendes, constructores del complejo de Estaño, ayer, con las casas al fondo. Ángel González

Con vistas al mar, en una urbanización pequeña y con una escalinata que les lleva directos desde su terraza hasta la arena, los residentes del complejo de viviendas a pie de acantilado de la playa de Estaño reconocen que, salvo por las semanas de “caos” del verano, el rincón gijonés es un “pequeño paraíso” que se ha mantenido más o menos ajeno a la gentrificación. Los veranos, cuentan, siempre han sido “alocados”, y lo seguirán siendo hasta que no se restrinja el acceso en coche, pero ahora, en la última quincena de septiembre y hasta que llegue el frío de verdad, la media docena de residentes del acantilado miran al Cantábrico conscientes de su suerte. Esperan ansiosos, eso sí, la prometida reforma del camino de acceso, que sigue parcheado, y una mejora de la cobertura móvil que les deja aislados en la mayor parte del arenal.

La langreana Isabel Fernández en la terraza de su apartamento en Estaño alquilado este verano | Ángel González

La langreana Isabel Fernández en la terraza de su apartamento en Estaño alquilado este verano | Ángel González

La pequeña urbanización es obra del constructor Enrique Cardeli, que empezó a ver el tirón turístico de la zona en la década de los años 50 y decidió montar el restaurante y los 16 apartamentos del complejo. Actualmente solo es propietario de una vivienda, aunque es doble, y la visita únicamente en verano y en compañía de su esposa, Margot Prendes. El matrimonio, a sus 90 años, siempre recuerda un Estaño concurrido en días despejados. “La diferencia es que antes la gente bajaba andando y ahora lo hace en coche, y eso colapsa, pero gente hubo siempre”, relata.

Las escaleras que comunican todas las viviendas del complejo. | Ángel González

Las escaleras que comunican todas las viviendas del complejo. | Ángel González

La residente más veterana es hoy Chus Díaz, una actriz gijonesa que hace cincos años se hartó de vivir en la plazuela de San Miguel. “Yo era muy urbanita, de las que se van de tiendas todos los días, hasta que un día el corazón me pidió naturaleza y encontré este sitio. En el invierno estoy casi sola”, señala. Cuando se mudó, la mayoría de las viviendas estaban vacías, y ella era la única que vivía de forma permanente, sin veranear. Hoy hay algún asiduo más, como Jorge González y Belén Meana, que viven junto a García, terraza con terraza, desde hace dos años. Tanto la pareja como la actriz coinciden en que el verano suele traer de la mano el “descontrol”, y que el mes pasado algún residente tuvo que llamar varias veces a la Policía, porque las restricciones al ocio nocturno promovieron el botellón y el ruido, con música a todo volumen desde los coches. El tema de los coches es lo que provoca el caos en la playa verano tras verano y lo que trae de cabeza a los residentes, que se ven atrapados en horas punta, sin poder entrar o salir, por vehículos mal estacionados de visitantes.

La época “buena de verdad”, dicen, es ahora, cuando los turistas se van y Estaño se queda en “petit comité” –salvo los fines de semana, cuando abre el restaurante– y con buen tiempo. Todas las casas están conectadas entre sí por vallas verdes de poca altura y escalinatas que bajan hasta la arena. “Coges las sendas y a un lado tienes la Ñora y, al otro, Gijón. Tienes montaña y mar. El verano puede ser horrible, pero merece la pena”, cuenta Isabel Fernández, de Langreo, que alquiló uno de los apartamentos con su marido por primera vez este verano. Como el resto de residentes, Fernández sabe que tomarse un café en una de estas 16 de terrazas es un “lujo único” –la Ley de Costas no permitiría un complejo de este estilo– que compensa la gentrificación estival. Estaño, además, parece estar a las puertas de un nuevo auge: cuentan los vecinos que en los últimos meses se han vendido cuatro apartamentos que serán reformados para su puesta en alquiler.

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