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Menéndez Valdés recobra la ilusión con nuevos negocios

La céntrica vía recupera el aliento con aperturas pese a que las rentas “siguen siendo muy altas”

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Menéndez Valdés recobra la ilusión con nuevos negocios Pablo Palomo

No llega a 300 metros, pero la calle Menéndez Valdés es una de las más cotizadas de Gijón. En tiempos, “la más cotizada”, dicen los que llevan tiempo en ella. Transitadísima por centenares de personas a diario, los carteles de “cerrado” ocupan muchos de sus locales desde hace años. Pero entre la plazuela San Miguel y El Parchís comienzan a recuperar el fuelle con nuevos establecimientos pese a que los alquileres “siguen siendo altos”. “Es la gran pega de esta arteria”, dicen los comerciantes.

El frutero Jony Muñiz, a las puertas de su establecimiento.

El último en llegar ha sido Jony Muñiz, un joven de 32 años que ha abierto hace ocho días una coqueta frutería al final de Menéndez Valdés, en el número 40. Es su segundo negocio, porque tiene otro en la avenida Constitución. Su tienda es de las pocas de alimentación en una calle en la que abundan la moda y las joyas. “Por eso vine. Y porque está llena de vida, con muchos turistas y oficinas”, señala. La única pega es afrontar el pago de la renta, que en su opinión, es caro. “Vi varios locales en la calle, pero pedían barbaridades. Por suerte, encontré el mío que es muy asequible, apostilla.

Inma García, en su tienda de tes.

Si Jony Muñiz es el último en llegar, la joyería que regenta José María López puede presumir de ser el negocio abierto más antiguo de la calle. López tiene 76 años y antes de que él tomara las riendas del establecimiento, estuvo su padre, que abrió las puertas en 1940. Así que además de anillos, pulseras y collares, tiene perspectiva. “Junto con la calle Corrida, esta era la más importante de Gijón”, señala. A López no se le escapa que en los últimos años, sobre todo a raíz de la pandemia, muchos negocios han tenido que echar el cierre. “Creo que la última crisis, la del 2008, provocó una subida de alquileres. Aquí tenemos muchos clientes de clase media, que es la que más ha sufrido el retroceso económico”, reflexiona el joyero.

El joyero José María López.

Jony Muñiz, el frutero, le ha quitado el título de novel en Menéndez Valdés a Enol Suárez, un joven de 36 años que era fontanero hasta que el coronavirus le dejó sin ocupación. Llevaba tiempo queriendo tener su propio negocio y al final se decantó por uno de café para llevar, al principio de la vía, cerca de la plaza del Instituto. Tuvo buen olfato porque la pandemia popularizó eso de comer y beber en plena calle. “Anduve por todo Gijón y al final vine aquí. Algunos todavía la llaman la milla de oro de la ciudad. Para este negocio es ideal”, concreta.

Enol Suárez, en el interior de su negocio de cafés para llevar.

Suárez también sabe que, aunque ahora la calle está repuntando, no se ha acabado la época de vacas flacas porque muchos escaparates siguen esperando la llegada de un nuevo inquilino. El joven lo achaca también al alto precio de la renta. “No está la época para pagar estos alquileres ni siquiera en una vía así. Se ve que hay gente que quiere abrir, pero los dueños de los locales no quieren rebajar el precio. Si esto sigue así, habrá más declive o solo podrán mantenerse las franquicias”, explica.

Con siete años en Menéndez Valdés cumplidos este pasado mes de julio, Inma García vende todo tipo de especias, tes y chocolates. “Poco a poco se van abriendo nuevos locales, pero otros siguen cerrando. Es una calle con mucha diversidad, pero ya no es tan atractiva como antes, cuando era más de compras. Ahora hay muchos servicios”, razona. Y razón no le falta, porque si un paseante alza la vista más allá del asfalto podrá advertir en los portales y en los balcones multitud de chapas que anuncian la presencia de despachos de abogados y de clínicas de fisioterapia. Porque Menéndez Valdés, incluso en sus horas bajas, sigue siendo una calle primordial.

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