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Vocación al servicio de los niños: los últimos votos de Chema Tejedor

El hermano jesuita, destinado en el Hogar de San José, completa su formación en San Esteban del Mar para “atender a los que más lo necesitan”

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Chema Tejedor, de rodillas, pronunciando sus últimos votos ante Pedro Luis García Vera, tras el altar, en presencia de otros jesuitas, ayer en la parroquia de San Esteban del Mar, en El Natahoyo. Juan Plaza

Las experiencias de pastoral y los retiros de Semana Santa llevaron a Chema Tejedor (1985), alumno de los jesuitas de Salamanca, a sus 17 años a la convicción de que su futuro estaba en “atender a los que más lo necesitan”. La llamada de la vocación fue meridianamente clara y es por ello que puso rumbo a Zaragoza para iniciar el noviciado con el objetivo de entrar a formar parte de la Compañía de Jesús. Ayer, tras un amplio bagaje de formación en el que siempre estuvo en primera línea, al lado de los más desfavorecidos, pronunció sus últimos votos en la parroquia de San Esteban del Mar, en El Natahoyo, ante el superior de los jesuitas en Asturias, Pedro Luis García Vera, y rodeado de feligreses, amigos, familiares y 15 sacerdotes. “Fueron muchos sentimientos, hacia Dios, a la compañía, a mi familia y a la gente con que me he ido encontrando en estos años”, compartió el hermano jesuita Chema Tejedor con este periódico tras pronunciar sus últimos votos de “pobreza, castidad y obediencia perpetua”.

La vocación siempre estuvo clara para este joven tinerfeño afincado desde joven en Salamanca. “No quería dejar de ayudar a otros para tener que administrar los sacramentos como sacerdote”, confiesa para explicar su decisión de ser hermano jesuita. Esa labor de ayuda la ha puesto en práctica –también ha estudiado Historia y Teología– en la misión de comunidades indígenas en Urcos, Perú, además de un breve paso por Bolivia. También en el Hogar de San José, donde llegó en 2015 y donde se mantiene, salvo el año 2018 que pasó la boliviana Cochabamba para realizar su tercera probación. En el Hogar, está al lado de “niños con realidades muy duras”, pretendiendo ser “una casa para aquellos que no pueden estar con sus familias” y que viven situaciones complicadas, describe Tejedor, que en la Universidad de Deusto se especializó en atenciones a menores en riesgo.

La eucaristía de ayer, amenizada por el coro de la parroquia, sirvió para que García Vera dedicase su homilía al nuevo reto que por delante tiene el hermano jesuita, describiendo el compromiso que supone y deseando que su labor “sea fecunda” al lado de los más necesitados en el Hogar de San José.

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