Begoña Carbajal no sabía lo que era la industria del metal hasta que entró en la empresa Esnova Racks, ubicada en la avenida de los Campones, en Tremañes. Normalmente, en ese mundo, las mujeres no tienen muchas oportunidades. Y ella ni siquiera se había planteado que podría trabajar en ese sector. “Yo vengo de la hostelería. Me enteré de la oferta, me dieron la oportunidad y consideré que podía tener un futuro prometedor”, cuenta. Ahora integra un equipo de cinco pintoras dentro de la empresa, única y exclusivamente formado por mujeres.

Una cuadrilla donde las mujeres pintan mucho Inés GAGO

La iniciativa está dentro del plan de igualdad de la empresa. “Queríamos que fuera solo de mujeres para ver qué resultados se obtenían. No queríamos que fuera mixto, porque muchas veces, con el afán de ayudar, se puede caer en una sobreprotección a las mujeres”, explica Marco Fernández, el CEO de Esnova Racks. De esta forma, les permite romper con el estigma o la tendencia de que las mujeres no pueden participar en esta industria. Y también, que haya referentes en el mundo femenino para el futuro. “No estamos acostumbrados a que muchas chicas hagan prácticas en el taller, sino más bien todo lo contrario”, cuenta María Menéndez, responsable de recursos humanos.

“No lo consideramos una cosa excepcional. Debería ser normal en las empresas”, señala Fernández. Aunque lo suyo es una “apuesta firme” por ese equipo de mujeres, que lleva dos meses en funcionamiento. Ahora mismo se están formando, aunque ya están “a nada” de alcanzar la productividad de sus compañeros, sin ninguna duda de que “lo conseguirán”. “Son perfiles muy diferentes. Dos de ellas sí que habían trabajado en este sector y tenía muy buenas referencias de ellas. Las otras vienen de otros mundos completamente distintos, como de un supermercado o de la hostelería. Trabajamos por mantener una comunicación activa con ellas, y saber cómo se sienten en cada momento”, destaca María Menéndez. Fue quien ha puesto en marcha, junto al gerente, este plan.

Su trabajo es igual que el del resto de sus compañeros. Están en la parte final del proceso de producción y se encargan de pintar las piezas de las estanterías que producen y luego embalarlas, para que se envíen a los clientes. Cada uno es un mundo, dicen. Para ello, se requiere manejo de maquinaria y también mucha rapidez a la hora de colocar las piezas. Cada una tiene su lugar asignado, aunque no se descarta que roten. Incluso, señala Fernández, se valora que en un futuro se integren en otra sección: “Queremos que los trabajadores tengan inquietudes. La movilidad sirve para que aprendan cosas nuevas”.

“Lo que más me sorprendió es que ya desde el primer momento delegaron mucho en nosotras. Yo había trabajado en este sector, pero nunca en un equipo de mujeres, siempre con paisanos. Nunca sentí tampoco una discriminación ni nada. Pero se valora mucho la confianza. Ahora nos estamos adaptando”, cuenta Lidia García, que es una de las que tenían experiencia en este sector. Se está recolocando el casco, de color azul, con el logo de la empresa en rojo a juego con su camiseta. Es porque acaba de terminar la pausa de las 11, donde toda la empresa frena a golpe de bocina y tiene que volver al trabajo. Está algo intranquila porque le pesa la responsabilidad; queda mucho día por delante.