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Álvaro Ramos Martín Misionero que dirige la Fundación Acoes en Honduras, visita Gijón

“Confinar a una población que vive al día, sin ayuda social, es condenarla al hambre”

“En Acoes buscamos formar a largo plazo a niños y jóvenes de zonas más pobres para que sean una nueva generación que mejore Honduras”

Álvaro Ramos, ayer, en el Club de Regatas. Juan Plaza

Tras estudiar en ICADE, viajar a Estados Unidos para cursar el MBA y trabajar en firmas como el Bank of America o el bufete de abogados Freshfield, el religioso Álvaro Ramos Martín (Madrid, 1976) decidió dejarlo todo después de vivir una experiencia de voluntariado en Honduras. En 2018, se ordenó en el Templo de la Juventud de Tegucigalpa y ahora lidera la Fundación Acoes Honduras, que busca ayudar a los niños y jóvenes más desfavorecidos dentro de uno de los países más pobres de América. Esta semana está en Gijón para mostrar la labor que realiza ante el Ayuntamiento y la Universidad de Oviedo. Ayer mantuvo un encuentro con colaboradores de la organización en el Club de Regatas.

–¿Qué persigue la Fundación?

–Formar a largo plazo niños y jóvenes de las zonas más pobres para que sean una nueva generación que mejore el país. Lo fundamental de Acoes es que los jóvenes no son solo ayudados sino que ellos ayudan. La organización es autogestionada por los estudiantes más mayores que van pasando el testigo a las siguientes generaciones. De esta manera se les ayuda el doble. Por un lado, acaban sus estudios y, por otro, se convierten en personas solidarias que empiezan a cambiar el país desde pequeños. Formamos personas para que ellas mismas sean el cambio.

–¿Cuántos años lleva con esta labor y cuál fue su origen?

–Casi 30 años. El origen fue cuando el padre Patricio Larrosa, sacerdote misionero de Granada, llegó al país y ayudó a un grupo de niños con la “condición” de que tenían que ayudar a su vez a otros niños.

–¿Están por todo el país?

–En casi todo el país, en doce departamentos.

–¿Cuáles son las zonas más desfavorecidas de Honduras?

–En general todo Honduras es desfavorecido. La pobreza es evidente en cualquier esquina. Aunque hay guetos, urbanizaciones privadas, la pobreza se observa desde cualquier lugar.

–¿Hay inseguridad?

–Nosotros no, pero los jóvenes a los que atendemos si no tuviesen la oportunidad de estudiar gracias a la solidaridad de España entrarían posiblemente en las pandillas, donde es muy probable que acabes adicto a las drogas, muerto o en la cárcel.

–¿Cómo han vivido la labor en plena pandemia?

–La pandemia ha afectado como en todos los países del mundo, pero sus consecuencias han sido más graves. Confinar a una población que vive al día y sin sistemas de protección social es condenarla al hambre. Además, hemos vivido una pandemia de dengue, malaria y dos huracanes. No es mala suerte. Si Honduras estuviese bien construido, tanto su edificios como sus personas, el impacto de las pandemias y los desastres naturales serían mucho menores. Miami sufrió los mismos huracanes o similares y apenas le afectó, por ejemplo.

–¿Cuál es la situación de la covid en Honduras?

–El covid no ha afectado exageradamente porque la población es eminentemente joven. Además, es difícil juzgar el impacto porque una prueba PCR vale el sueldo de un mes para mucha gente. En Honduras mucha gente se muere sin saber de qué. Lo dramático no es el covid sino las consecuencias de la pandemia en la falta de recursos para sobrevivir y en el cierre de las escuelas por una interpretación demasiado rigorista de las medidas de confinamiento. Dos años con las escuelas cerradas, solo atendiendo en línea cuando la mayoría de la población no tiene los medios, es condenar a una generación entera. Muchas niñas se han embarazado, muchos estudiantes adolescentes difícilmente querrán volver a estudiar, etc...

–¿Por qué viaja a Gijón?

–Acoes también son grupos de amigos de España que quieren ayudar a los niños y jóvenes de Honduras a progresar. Conocieron la solidaridad de los jóvenes hondureños y se contagiaron de las ganas de ayudar a través del voluntariado. Para estos grupos Honduras les ha dado la vida y la oportunidad de dejar huella en el mundo. En Asturias hay familiares, amigos e instituciones que están interesados en ayudar y convertirse en uno de esos grupos de ayuda en España.

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