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La figura de la semana Xose Ramón Fernández Estrada Vicepresidente del Unión Club Ceares

Xose “bombia” al Ceares

Diseñador informático y hermano de la televisiva Natalia Estrada, es uno de los artífices del histórico año del club teyero, en el que jugó de portero y desde el que lucha por mejorar el fútbol base y el femenino

Xose “bombia” al Ceares

Es el rostro visible del Ceares más allá de La Cruz, el hombre al que no deja de sonarle el teléfono desde que la Copa del Rey quisiera que el próximo 30 de noviembre el club del que es vicepresidente se enfrentara al Sporting en el que será un día histórico para el fútbol gijonés. Xose Ramón Fernández Estrada, Xose para todo el mundo, es uno de los exponentes del crecimiento del club teyero en los últimos años. Un despegue conseguido a base de gente como él, capaz de robarle horas a su profesión como diseñador informático para pelear por lo que entiende como un fútbol más justo. Comprometido y forofo, tan pronto dialoga con la Federación Española de Fútbol como se deja la garganta en la grada teyera a grito de “bómbialu”.

Gijonés de 42 años, Xose, sin acento en la e, es mucho más que vicepresidente del Ceares. Está metido también en la directiva del Gijón Femenino y colabora con la nueva junta de la Federación Asturiana. Sus inquietudes van en la línea de su club, marcado por el popular lema “odio eterno al fútbol moderno”. Más valores y menos mercantilización. Quiere poner en marcha iniciativas para aumentar la visibilidad e independencia del fútbol femenino y evitar que en el fútbol base sigan desapareciendo clubes modestos a costa del crecimiento de los poderosos de la hierba sintética. Parece sencillo, pero la práctica demuestra que no lo es tanto. Es por ello que desea que el escaparate de la Copa del Rey no sea solo del Ceares, sino de todo el fútbol modesto gijonés, del que se siente orgulloso.

De guaje fue portero, como su padre, Núñez, que había hecho carrera en Tercera en clubes como el Avilés o el Caudal, entre otros. Xose, conocido entonces por Estrada, apuntaba maneras. Jugó en la selección asturiana cadete y pasó por el Vanguardia, Puerto Gijón, Avilés y Langreo, llegando a debutar en Segunda B con este último. Vio entonces la opción de dedicarse a ello, y apostó por conseguirlo. Continuó en el Hispano y en el Ceares, donde con poco más de veinte años, una lesión de hombro le dejó fuera de juego. Recogió los guantes, fue voluntario en El Salvador y se centró en definir su futuro profesional. No sabía que la vida le reservaba un papel importante en La Cruz.

Ilustración de Mortiner.

Exalumno del colegio Cisneros y el Instituto Jovellanos, se diplomó en Turismo tras un inolvidable Erasmus en Hungría. Su pasión por la informática acabó guiándole después a emprender como diseñador gráfico, creando su propio negocio. El reencuentro con el Ceares se produjo a raíz del relevo de la directiva del club, en 2011. Su padre, socio del conjunto teyero desde que el guaje jugó allí, le comentó que había unos chicos nuevos que hacían muy bien la cosas. A Xose le picó la curiosidad. Lo que se inició viendo partidos y colaborando un poco, acabó por meterle de lleno en el día a día. Tanto, que es ya un imprescindible en el funcionamiento del Ceares, que acaba de protagonizar un ascenso a la Segunda RFEF tan impensable como histórico. Él, como la mayoría de sus compañeros, lo asume con normalidad y disfruta del momento como el chico de vaqueros y camiseta que ha sido toda la vida.

Le va tan poco la fama o el aparentar, que hubo momentos en los que le costó lidiar con la tremenda popularidad de su única hermana, la mediática Natalia Estrada, a la que visita periódicamente en Italia. Mantiene una gran relación con su única sobrina, también llamada Natalia, que ya es madre de dos niños. De allí se ha traído una de sus joyas, un Abarth, marca de coches que le apasiona. El mundo del motor, como el del fútbol, le pierde. Seguidor de la Fórmula 1, ha estado ya varias veces en el popular circuito de Le Mans. Y las que quedan.

No olvida los días de niño jugando en la calle de la Fuente del Real, cerca de casa de sus abuelos, precisamente en Ceares y no perdona los días de paella en casa de sus padres. Dicen que la mano de Toñi, su madre, es extraordinaria con los arroces y la de su padre, con el bacalao al pil-pil, no le va a la zaga. Xose es de buen yantar y si por el medio hay una ración de costillas, acudirá sin dudar a la cita. Soltero y sin hijos, desconecta en su casa de Jove escuchando música soul y cultivando otras aficiones, como su curiosidad en torno al mundo de los trenes y la historia siderúrgica en Asturias. Es el poco tiempo que le deja libre el trabajo y el fútbol. Mañana tiene reunión en el Ayuntamiento para llevar a cabo más proyectos con la excusa de la Copa. Así es Xose Estrada, el hombre con cara de bonachón e incansable buscador de un mundo mejor a través del fútbol. Aquel prometedor portero del Ceares que ahora ha contribuido a hacer del club una referencia en gestión y valores.

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