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La familia de un gijonés fallecido en accidente logra reabrir el caso al creer que fue un crimen

El hombre cayó al mar con su coche en la zona de Andrín (Llanes) y se archivó la causa como suicidio, “pero hay indicios de que la muerte fue intencionada”

Efectivos de la Guardia Civil, durante las labores de rescate del cuerpo, en octubre de este año. | G. C.

La investigación judicial por la muerte de un gijonés de 51 años que el pasado mes de octubre apareció flotando en el mar en la zona de Andrín, en Llanes, después de que el vehículo que conducía se saliese de la carretera y acabase cayendo por un acantilado, se cerró porque los informes policiales apuntaban a un suicidio como causa probable del siniestro, pero la familia rechazó desde el primer momento esa tesis y ahora ha logrado reabrir el caso para aclarar lo ocurrido. “No tenía episodios depresivos, estaba bien de dinero, con una agenda de reuniones muy activa”, señala Ana Gloria Rodríguez, abogada de la familia de este hombre, que ve indicios de que el accidente pudo ser intencionado.

El fallecimiento se produjo el pasado 9 de octubre, momento en el que una persona que paseaba por la zona divisó un cuerpo flotando a unos cincuenta metros de la costa y alertó a emergencias. Fueron agentes de la Guardia Civil quienes lograron recuperar el cadáver de este hombre, de iniciales J. L. G. S., vecino de Gijón pero con casa en Llanes, donde pasaba muchas temporadas. Las pesquisas concluyeron que la salida de vía con el coche y la caída por el acantilado fueron actos voluntarios, pese al rechazo de la familia.

Las indagaciones llevadas a cabo por la representación de este gijonés parten desde la madrugada anterior, cuando J. L. G. S. mantuvo una disputa con unas personas en un bar de la zona. “Hay datos que no se han investigado lo suficiente, como, por ejemplo, que le fracturaron la luna trasera del coche y le siguieron en sus vehículos a toda prisa cuando él se fue del bar”, defiende la letrada, que acaba de recibir el auto de reapertura del caso dictado por el Juzgado de instrucción número 1 de Llanes.

Ese texto del magistrado obliga ahora a revisar todas las comunicaciones del teléfono móvil del fallecido, tanto de voz y datos como mensajes, así como la situación geográfica del dispositivo en el momento de producirse esas últimas comunicaciones, desde las 00.00 horas del 8 de octubre hasta las 00.00 horas del día 15 del mismo mes. “El teléfono siguió dando tono de llamada hasta varios días después de su muerte, así que si se hubiese salido de la carretera iría con su móvil, que al caer al agua hubiese dejado de funcionar”, reflexiona Ana Gloria Rodríguez.

Y, además, el fallecido había sacado “mucho dinero” de la cuenta. “Creemos que hay indicios suficientes de que la muerte fue provocada, y es por eso que pedimos que se investigue de forma exhaustiva, porque estamos seguros de que no fue un suicidio”, añade la abogada.

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