Suscríbete

La Nueva España

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Helena Maleno Garzón Fundadora del colectivo Caminando Fronteras, ofrece una conferencia hoy en Gijón

“La venta de armas y las mafias se lucran con el cierre de fronteras a migrantes”

“Las políticas de los estados incentivan ganar dinero a costa de los que están desesperados; y no se quiere terminar con esta situación”

Helena Maleno, ayer, en el paseo de Begoña. Ángel González

Helena Maleno, fundadora del colectivo Caminando Fronteras, lleva más de 20 años defendiendo derechos humanos en la frontera sur. Durante dos décadas residió en Tánger (Marruecos) hasta que fue expulsada hace unos meses a raíz de que la Policía española remitiera un dossier sobre ella a las autoridades marroquíes, después de que la Audiencia Nacional diera carpetazo a la denuncia policial contra ella por dar avisos a Salvamento Marítimo sobre pateras y cayucos que precisaban rescate. Señala que con casos como el suyo o el de otros activistas contra los que actuaron estados europeos por impedir la muerte de migrantes “Europa lo que persigue es la solidaridad”. A las 19 horas imparte hoy la conferencia “Territorios de frontera: Resistencias frente a la necropolítica”, en el Antiguo Instituto organizada por la Coordinadora de ONGD de Asturias (Codopa).

–¿Por qué ese título?

–Porque hay políticas de muerte que dan dinero a alguien. Nos estamos alejando de la Europa de los derechos humanos para acercarnos a una Europa de las mercancías y de la esclavitud, algo que nos costó muy caro hace no tanto; y con el auge de la extrema derecha, no podemos ceder un milímetro. El racismo y la xenofobia lo único que hace es agrietar nuestras sociedades. Pero esos monstruos que tiene Europa vienen de nuevo. El Papa ha alertado sobre ello.

–¿Cómo se combate?

–Sobre todo desde la educación.

–¿Qué opina de las políticas migratorias?

–No pueden estar por encima del derecho a la vida. Cruzar una frontera es una falta administrativa. Con las políticas de control migratorio ganan dinero las fábricas que producen el armamento que compra Marruecos con los fondos que le damos para controlar las fronteras. Y cuando llegan los migrantes, ganan dinero las industrias de la esclavitud, que los tienen en situación irregular en los campos en Andalucía o Murcia, o en redes de trata a las mujeres.

–¿Panorama actual?

–Este año será el de más muertes en la frontera española.

–Se habla siempre de que hay mafias detrás de las migraciones ilegales. ¿Y los estados?

–En Libia las mafias secuestran a los que están en los centros de detención a los que se lleva a migrantes rescatados, y llaman a las familias para que paguen para soltarlos y si no, los cogen como esclavos durante meses para explotación laboral en el caso de los hombres y explotación sexual en el de las mujeres. Y esto se hace en centros pagados por la UE.

–¿Y en Marruecos?

–Tanto en Marruecos como en Túnez o en Turquía se han acostumbrado a usar la migración como moneda de cambio para pedir dinero a la UE. Hay una estrategia geopolítica detrás. Ahora toda la ruta migratoria está en el Atlántico, no en el norte de Marruecos. Sabemos los intereses territoriales que Marruecos tiene en esa zona, y en anexionar aguas canarias por los recursos minerales que hay en el subsuelo. Cuando España dice “que vaya Marruecos a recoger las embarcaciones” le deja entrar en unas aguas que se supone que no son suyas. Se usa a las personas, como se vio en la crisis de Ceuta, con el envío de miles de niños desde Marruecos.

–¿Considera alternativa el bloqueo férreo de la frontera, como hizo Polonia?

–Lo que se consigue es que las grandes mafias les ofrezcan entrar por otras rutas más peligrosas. Esa política de la disuasión, como la que aplica desde hace treinta años Estados Unidos, favorece a las grandes redes mafiosas y a las industrias de armamento, que ganan mucho más dinero. ¿Se quiere terminar con esta situación? No se quiere terminar. Las políticas de los estados incentivan ganar dinero a costa de la desesperación de los migrantes.

–¿Qué alternativa ve a esta situación?

–A medio y largo plazo la solución pasa por la cooperación al desarrollo y democratización. También la lucha contra el cambio climático, que es ya uno de los factores más importantes de desplazamientos en el mundo. Necesitamos regular las situaciones que se producen con los conflictos bélicos. Y el covid está siendo un elemento de expulsión. Los jóvenes senegaleses que están llegando en cayuco a Canarias antes los usaban para pescar y desde que Francia se hizo con los derechos pesqueros, vivían del turismo, que con la pandemia dejó de llegar.

–¿Y a corto plazo?

–Respetar los derechos humanos. Cuando una embarcación está a la deriva, hay que rescatar y cuando las personas llegan, hay que tomar medidas de acogida, en especial con las mujeres que son víctimas de violencias múltiples. También haría falta una política de visados y vías seguras para el pequeño porcentaje de migrantes que sólo puede intentarlo en patera, los más empobrecidos. La mayor parte de las personas en situación irregular en España llegan por los aeropuertos.

–¿Los que se juegan la vida echándose al mar son un riesgo para la transmisión del covid cuando llegan?

–Las personas que llegan en patera son las más controladas. Lo primero que les hacen es un test y lo segundo una cuarentena obligatoria. Entra mucho más covid por vía aérea y por los aeropuertos que por las pateras, porque no hay un cribado de todo el mundo.

Compartir el artículo

stats