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Plácida Novoa | Presidenta de la Asociación Belenista de Gijón

Plácida Novoa, presidenta de los belenistas: “La tradición de poner el belén en casa se ha reactivado, lo dicen en los comercios”

“El circuito de día y noche del nacimiento monumental del Antiguo Instituto Jovellanos se apagará si surgen aglomeraciones”

Placida Novoa, junto al belén del Antiguo Instituto.

Para la Asociación Belenista de Gijón, montar la ruta de este año, con ocho nacimientos en la ciudad, ha supuesto un reto hasta el último momento. Por las restricciones de la pandemia, explica Plácida Novoa, presidenta del colectivo, no se pudo planificar con tiempo sus instalaciones (sobre todo, el belén monumental del Antiguo Instituto). Aún así, está muy satisfecha con el resultado. Ahora, la próxima cita será el pregón, que se celebrará este jueves, a las 20.00 horas en la iglesia de San Pedro, a cargo de Eloy Méndez, redactor jefe de LA NUEVA ESPAÑA de Gijón. En ese mismo acto, actuarán la Coral Harmonía de Gijón y el coro de la parroquia, con el orfeón de San Lorenzo.

–¿Cómo va la afluencia a los belenes ?

–Animada. Hoy mismo (por ayer) paré en el belén monumental y de paso fuimos a Joseph. Los dueños me dijeron que solo había vendido dos figuras de Papá Noel, pero que estaban ya casi sin existencias de misterios, de figuritas de la Virgen con San José y el Niño. O sea, que se está reactivando bastante la tradición de poner el belén en casa. En nuestra ruta, indudablemente, va a haber menos gente. En la inauguración del Antiguo Instituto teníamos un aforo de 15 personas. No podrá haber, como en otros años, grandes grupos. Pero nosotros estamos muy contentos, el ambiente es muy bueno.

–¿Influye la pandemia en esta recuperación de los belenes?

–Es posible, porque todos estamos intentando recuperar las cosas de siempre. Ahora valoramos más los besos y los abrazos, cosas que teníamos antes y que eran tan normales que no apreciábamos. Con esto puede que haya pasado algo similar.

–¿Satisfecha con la ruta de este año?

–Sí, son ocho belenes. Están en La Inmaculada, Los Fresnos, San Pedro, San Lorenzo, el nuestro del Antiguo Instituto, la tienda de Begoña Trabanco y la expendeduría de Magnus Blisktad.

–Todos con su toque.

–Sí, muy diferentes todos entre sí, no tienen nada que ver. Por ejemplo, en Los Fresnos hay una exposición de dioramas, y los belenes de los Jesuitas y de las dos parroquias los llevan más a su manera y con estilo personal. En las tiendas, uno es un diorama abierto y otro un pequeño belén precioso. Los del Santa Olaya y el monumental del Antiguo Instituto son dos belenes hebreos, pero muy diferentes entre sí. El del Antiguo Instituto, a mí me parece más urbano, con mucha vivienda. El del Santa Olaya tiene una cueva preciosa. Cada belén tiene su estilo concreto.

–El tema de los aforos tampoco es un problema en todos. El Santa Olaya se puede contemplar desde fuera.

–¡Claro! Y el de Los Fresnos es una zona muy grande también. Pasa como con el que tenemos en Parque Principado, que calculan los responsables que por allí pasan un millón de personas todos los años. Allí los aforos no afectan. A nosotros, las restricciones nos tocan sobre todo en el Antiguo Instituto porque la sala es pequeña. Ese belén tiene circuito de día y noche, un ciclo que dura unos cuatro minutos. Como la gente quiere sacar fotos y vídeos, ya nos han dicho que en momento de aglomeración van a apagar el circuito de luces para desincentivar. De momento no es necesario, por suerte hay muchos días de margen y la gente va a su ritmo.

–¿Cómo han sido los preparativos?

–Hay mucho trabajo detrás que no se ve. La decoración, todas esas casas y cuevas, se hacen de antemano, y eso lleva lo suyo. Y este año se nos juntó todo, porque hasta finales de septiembre no nos dijeron que íbamos a tener la sala del Antiguo Instituto Jovellanos para el belén monumental. Así que luego se tuvo que montar deprisa y a la vez que montábamos el del Santa Olaya y otro que tenemos en Cangas de Onís. También tuvimos que montar dos veces otro, el que estuvo el año pasado en Parque Principado, porque lo querían en Boal. Ahora ya estamos algo más tranquilos, pero también tenemos que estar pendientes de pequeñas averías. Que siempre hay. Pero, sinceramente, estamos muy satisfechos.

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