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La crónica del accidente

Consternación en Gijón por la muerte de dos obreros al quedar sepultados por el tejado que reparaban

El operativo de rescate se alargó más de cuatro horas hasta hallar sin vida a Andrés y David Velasco, primos de 39 y 40 años

Los bomberos rescatan a un herido del colegio de Gijón tras derrumbarse el tejado

Los Bomberos, ayer, durante la búsqueda de los cadáveres en la planta superior del colegio San Vicente de Paúl. Juan Plaza

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Los Bomberos, ayer, durante la búsqueda de los cadáveres en la planta superior del colegio San Vicente de Paúl. M. C. / I. Peláez

El derrumbe de una parte del tejado del histórico colegio San Vicente de Paúl, entre las calles Caridad y Ezcurdia, provocó ayer la muerte de Andrés Velasco Díaz y David Velasco Velasco, primos, ambos naturales de Aller aunque vecinos de Mieres, y de 39 y 40 años, respectivamente, mientras realizaban reparaciones en el techo de dos aulas del centro. Otros dos trabajadores lograron salir con vida de este trágico suceso. Uno de ellos, de iniciales K. A. y natural de Ceuta, fue trasladado al Hospital de Cabueñes en ambulancia, con heridas leves. El otro, ileso, siguió el operativo de rescate durante más de cinco horas hasta confirmar el fatal desenlace de sus dos compañeros.

“No sabemos qué pudo pasar. Era una obra de nada. Estábamos quitando escayola y poniendo pladur por unas grietas que habían salido en el techo, nada más. Nosotros nos quedamos en un hueco, y Andrés y David estaban al fondo cuando de pronto se vino abajo el techo”, explicó Vicente Moirón, suegro de David Velasco y uno de los obreros que lograron salir con vida. A falta de concluir todas las diligencias, que se encuentran abiertas en el Juzgado de instrucción número 4 de Gijón, las reparaciones que estaban realizando los afectados no tuvieron que ver con que el tejado, en el que era frecuente que se formasen bolsas de agua, se viniese abajo.

Eran las 11.40 horas cuando un fuerte estruendo alertó a paseantes y comerciantes de los aledaños. Los vecinos de las calles Ezcurdia y Caridad se fueron asomando a sus ventanas. Cada uno definía el ruido de forma distinta, desde una explosión hasta la caída masiva de cristales o cascotes. Parte de la terraza del colegio había cedido, y apenas un minuto después otro gran tramo del tejado anexo también se venía abajo. Las llamadas a emergencias se sucedieron, y en apenas unos minutos la zona se llenó de agentes de la Policía Nacional y Local, que acordonaron ambos extremos de la calle Caridad, y también de efectivos del Servicio de Prevención, Extinción de Incendios y Salvamento, que forzaron una de las puertas laterales para acceder.

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Derrumbe en el interior del colegio San Vicente de Paul Juan Plaza / Marcos León

Una vez dentro, el escenario era dantesco. Lo que en su momento eran dos aulas de quinto curso de Primaria se habían llenado de escombros. Parece que una viga cedió. Que dos de los obreros no perdieran la consciencia fue clave para advertir que otros dos compañeros estaban atrapados. No respondían ni a la voz ni a las llamadas. Los afectados fueron rescatados por las ventanas con un camión con escalera de los bomberos. Uno de ellos lanzaba besos al cielo por haber logrado “salvar la vida”.

Adrián Barbón y Ana González acudieron hasta el edificio: “Es terrible”

La angustia crecía por momentos en los aledaños del colegio San Vicente. Tras la voz de alarma y el inicio del operativo, comenzaron a llegar a la zona familiares de los dos obreros que permanecían sepultados bajo los escombros. Nada se sabía ni de Andrés Velasco ni de su primo David. Este último era yerno de Vicente Moirón, que siguió muy expectante todas las labores de los bomberos y policías. Junto a ellos estuvieron tanto el director del colegio, Manuel Fuertes, como varias de las hijas de la Caridad vinculadas al centro. Muchos fueron los consuelos y abrazos dispensados por las monjas a los familiares.

Ana González abraza a Mari Díaz Rodríguez, madre de Andrés Velasco, en presencia de Adrián Barbón y de Lydia Espina, de espaldas, junto a familiares de los fallecidos. MARCOS LEÓN

Las primeras indagaciones incrementaban el temor a que el derrumbe les hubiese matado en el acto. Las líneas de vida que existían en la obra, comprobadas por los bomberos, estaban sin nadie enganchado. Pronto empezaron a tirar escombros por las ventanas para llegar hasta ellos. El montón de mobiliario, piedras y objetos que se formaba en la calle Caridad daba cuenta de la gravedad. La única “buena noticia”, porque la tragedia hubiese sido mayor, fue que las obras se estaban realizando aprovechando las vacaciones de Navidad, motivo por el que en el inmueble solo se encontraba, además de los operarios afectados, el personal de la empresa que se encarga de la limpieza del mismo. Desde la dirección del centro estiman también que el siniestro no tiene relación con la obra, sino que por alguna causa falló la estructura del edificio. Son varias las voces que apuntan a que era frecuente que en la terraza se formasen bolsas de agua.

Poco antes de las dos del mediodía se confirmaba el hallazgo del cuerpo sin vida de Andrés Velasco. Lo comentó un policía a sus compañeros y lo escuchó la familia, lo que incrementó el llanto de los presentes. “¿Quién apareció?”, se preguntaban entre lágrimas. Varios de esos familiares echaron a correr hacia dentro del colegio para identificar al fallecido. Rotos de dolor se intentaron reponer, sentados en unas sillas que les habían sacado desde una pizzería próxima. Al menos, mantenían la esperanza de que David Velasco siguiese con vida, pero ese hilo se desvaneció sobre las 16.30 horas, cuando les confirmaron que, a pesar de las labores desempeñadas por sanitarios y de los bomberos, también había fallecido por las heridas.

Entre el llanto y el dolor familiar seguían las labores de investigación. Para aclarar las causas de lo ocurrido se personaron en el lugar agentes de la Policía Científica y se notificó lo ocurrido a Inspección de Trabajo para confirmar la existencia de medidas de seguridad, como marca el protocolo. Todas las diligencias fueron supervisadas tanto por el comisario de la Policía Nacional, Dámaso Colunga, como por la magistrada titular del Juzgado de instrucción n.º 4, Ana López Pandiella, que autorizó el levantamiento de los cadáveres. 

A escasos metros de la familia se encontraban las autoridades, que siguieron el desarrollo de las labores de rescate y a la espera de conocer el desenlace para pronunciarse. “Es terrible, una desgracia. Lo primero, todo nuestro afecto y cariño a la familia, que lógicamente está absolutamente destrozada, porque al final dos personas salen a trabajar por la mañana y les pasa esto. También manifestar nuestras condolencias al colegio. La comunidad educativa está muy afectada. Aquí ha venido el director, antiguas hermanas de esta congregación”, indicó la alcaldesa, Ana González. “Es terrible y la verdad es que no hay palabras”, aportó el presidente del Principado, Adrián Barbón. La titular de Educación, Lydia Espina, indicó que el Ayuntamiento elaborará un informe técnico para analizar la estructura en los próximos días. Hasta entonces, no podrán volver los alumnos al colegio, que ya no será el mismo. 

El colegio fija clases telemáticas: “Estamos consternados”


“Es devastador, estamos completamente consternados por lo que ha sucedido. Todo lo que podemos hacer es presentar nuestras condolencias a las familias y acompañarlas en el dolor. Estamos igual de impactados”. El director del colegio San Vicente Paúl, Manuel Fuertes, expresaba ayer así su pesar por el fatal accidente. Por seguridad, las clases no se podrán retomar de forma presencial el lunes y “probablemente sean telemáticas en adelante”. “Tenemos que esperar al informe técnico del Ayuntamiento para ver en qué momento se puede volver a entrar en el edificio”, en cuya primera inspección para supervisar su estado Fuertes acompañó ayer a miembros del cuerpo de bomberos. Su intención era la de trasladar a las familias en cuanto pudiera la información sobre lo acontecido y la situación del centro.

El colegio de San Vicente de Paúl pertenece a la Fundación Educere, de la Federación de Centros Católicos Fere, cuyo secretario autonómico en Asturias, Carlos Robla, señaló ayer que “lo lógico es hacer un análisis notable de la estructura del edificio y ver cómo está su situación, para garantizar que sea segura la vuelta a las aulas, por lo que los niños arrancarán las clases de forma telemática”. Robla se enteró del desastre a través de la edición digital de LA NUEVA ESPAÑA cuando estaba en una videoconferencia con la consejera de Educación, Lydia Espina. “Lo terrible, doloroso y triste es que haya habido dos fallecidos”, concluyó. 

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