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Un accidente que conmociona a la ciudad / Los testimonios

Una infancia feliz en el concejo de Aller: los orígenes de los obreros fallecidos en el San Vicente

“David era el muñequín de todos, el más pequeño del pueblo”, afirman los vecinos de Rioaller, donde se crio una de las víctimas

Juan Luis Díaz señala la entrada de la vivienda que perteneció a la familia de los fallecidos. | Vivas

“Eran unas personas muy nobles y humildes, qué lastima tan grande”. Así describía ayer Juan Luis Díaz, vecino de Rioaller, a la familia de David y Andrés Velasco, fallecidos hace dos días tras el derrumbe que se produjo en el céntrico colegio gijonés de San Vicente de Paúl. Su muerte ha dejado impactado a este vecino, que conocía bien a las víctimas. “Aún no me puedo creer que sean David y su primo”, afirmaba ayer, visiblemente emocionado.

Un coche pasa por la entrada del pueblo. | Vivas

Los fallecidos, aunque residían en Mieres desde hace muchos años, son naturales del concejo de Aller. Andrés Velasco creció en Castañeo (cerca de Piñeres). David Velasco se crió en Rioaller, en la casa de su abuela. Su padre, Ismael Velasco, falleció cuando él era pequeño y su madre, María Pilar Velasco, se tuvo que ocupar de él y el resto de sus hermanos. Ella murió hace año y medio de un cáncer. “Jugábamos mucho de pequeños porque somos más o menos de la misma edad”, apuntó Juan Luis Díaz.

La marcha a Mieres no supuso el abandono del pueblo. “Seguían viniendo por aquí, no faltaban nunca en Todos los Santos porque tienen mucha familia enterrada en el pueblo, pero también venían otras veces de paseo porque les gustaba mucho venir”, explica este vecino. Eso sí, ya no se quedaban en la casa familiar que, con el tiempo, Juan Luis Díaz acabó adquiriendo. “Les compré la casa porque quería restaurarla y montar un establecimiento hostelero, además era una manera de que no acabara cayendo como ha pasado con otras casas”, apunta.

La familia ya no utilizaba la vivienda. “Estaría parada como quince años hasta que me hice yo con ella”, señala, añadiendo que “estaban muy contentos con la idea de que la restaurase, porque nuestras familias siempre se habían llevado muy bien y a mi me hacía mucha ilusión mantenerla”. De eso hace ya como unos veinte años. “He ido poco a poco, pero espero que en poco tiempo pueda volver a abrirla”, cuenta.

Y es que, aunque hace muchos años que la familia Velasco se marchó de Rioaller, en el pueblo no se olvidan de esta familia. “Tenían mucho cariño al pueblo”, aseguraba otra vecina, explicando que “subían cuando podían, aunque fuese solo para dar una vueltina porque seguía siendo su pueblo”. También da cuenta de la buena relación que había con la familia: “No es que tuviéramos una amistad, pero si nos encontrábamos por ahí, sí nos parábamos a hablar un rato”. De David Velasco, los vecinos tienen, sobre todo, el recuerdo de cuando era pequeño. “Era el muñequín de todos, porque era el más pequeño de los niños que había en el pueblo”, cuenta otra vecina. “Estaba siempre sonriente, era muy noble, como el resto de su familia, qué pena que haya pasado esto, con lo joven que era”, añade.

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