Suscríbete

La Nueva España

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Cabueñes abre una UCI covid con anestesistas y prepara otra planta

El hospital vuelve a recurrir a médicos de otros servicios para apoyar a neumólogos e internistas: “No hay margen para operar”

Entrada del Hospital Universitario de Cabueñes. | Julián Rus

La sexta ola pandémica ya obliga al Hospital de Cabueñes a redoblar los esfuerzos y a aplicar de nuevo el plan de contingencia creado a finales de octubre, cuando la segunda onda a punto estuvo de colapsar el centro sanitario. En los últimos días, el complejo gijonés ha tenido que cerrar el funcionamiento ordinario de la unidad de cuidados sin ingreso (UCSI) para habilitarla como UCI covid, una estancia que se ha dotado, debido al parón en quirófanos, por personal de Anestesiología. Además, ayer ya había quedado vacía la octava planta del área par que, se prevé, abrirá en unos días como nueva planta covid, la cuarta. En ocupación total, Cabueñes se mantiene bastante estable y tenía ayer a 340 pacientes ingresados, una cifra relativamente baja.

Este plan de contingencia específico para el coronavirus echó a rodar en noviembre del año pasado, cuando la saturación en plantas, y sobre todo en el servicio Urgencias, puso en pie de guerra al personal y motivó que la gerencia lanzase un protocolo específico para reorganizar los esfuerzos. Desde entonces, este plan siguió sirviendo de base para habilitar más o menos plantas durante el resto de olas, pero ahora se vuelve a aplicar en su modelo más drástico. El servicio de Anestesiología, así, y ante el parón quirúrgico que obliga a atender solo casos de cirugías urgentes y oncológicas, se ha vuelto a poner los EPIs y asume los cuidados de la recién abierta UCSI, que ayer tenía a tres pacientes ingresados. Los anestesistas, acostumbrados a realizar intubaciones, cumplen el perfil más similar al de los especialista en cuidados intensivos.

Se están dando los mismos pasos que en la segunda ola: la Unidad de Coronarias, que desde el principio fue ofrecida por el servicio de Cardiología en caso de necesidad, funciona ya como zona de UCI “limpia”, para paciente críticos sin coronavirus, liberando así la UCI normal para casos positivos, ahora duplicada con la UCSI. No se prevé que vaya a ser necesario, pero en caso de urgencia el hospital tendría un último recurso para la atención de enfermos graves: el área de Despertar. Esta unidad de dotó con nuevos equipamientos al inicio de la pandemia, una reforma que se demostró clave durante la segunda ola.

El siguiente paso en este repliegue ante el coronavirus apunta a que será abrir la octava planta par como área covid. Se dio la orden de no ingresar nuevos pacientes hace días y ayer ya estaba vacía y lista para usarse. Entiende el personal que la medida, si bien el repunte de ingresos actualmente no es del todo preocupante, sí será necesaria por el baile constante de cifras. “Hay muchas altas porque en general la gente está mejor, pero también caen muchos ingresos de golpe. En esta ola hubo días de 12 ingresos en un día, que eso es casi como llenarte una planta”, razonan desde el hospital.

Y, como estos nuevos espacios precisan de personal y supera la capacidad de los servicios de Medicina Interna y Neumología, el hospital ha vuelto a organizar los equipos multidisciplinares que ya se habían previsto en el citado plan de contingencia. Médicos de servicios como Vascular y Endocrinología trabajan ya mano a mano con internistas. Esta reorganización obliga a aplazar también parte de la labor ordinaria en consultas.

Para no atascar la atención a pacientes afectados por otras patologías el área de Pediatría ya regresó el mes pasado al área de lactantes, un hueco en la planta central del servicio que no tenía uso antes de la pandemia y que también se sometió a una breve reforma para poder recuperarla como zona de hospitalización. La planta pediátrica habitual se usa para la atención de adultos no positivos. Ayer, el hospital tenía a 62 pacientes positivos en planta, 2 en el área de sospechas y 13 en estado grave en una de las dos UCIs.

El precio a pagar por esta escalada en la atención al covid-19, sin embargo, es ralentizar los quirófanos, y con ello el plan de choque quirúrgico con el que la sanidad asturiana pretendía aliviar, sobre todo, el gran volumen de enfermos que llevan más de seis meses esperando por su cirugía. “Nada que sea demorable está pasando por quirófano. No hay margen, mucho menos ahora que volvemos a tirar de anestesistas”, razona el personal, que se muestra especialmente preocupado por la escasez de personal de Enfermería. “Ya se anularon descansos y llevamos con la misma dinámica desde el principio. Los trabajadores ya no pueden más”, lamentan.

Compartir el artículo

stats