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Así viven los vecinos de la zona oeste de Gijón el plan para bajar la contaminación

La zona recelan del plan, aunque se felicita por la reducción de camiones: “Las ventanas llevaban días mucho más sucias”

Clementina Sánchez y Elisabeth Sedano. A la derecha, Manuel Vargas, con “Kaiser”, en Príncipe de Asturias. M. LEÓN

A María Teresa Suárez, de El Natahoyo, no le hace falta un medidor de la calidad del aire para saber cuándo está alta la contaminación en la zona Oeste. “Estos días se me manchaban más los cristales de la cocina”, afirma. Y eso pasa cuando el aire está “más cargado, cuando ya se pasa de un límite”. Es por eso que, ayer, ella estuvo entre los vecinos que aplaudieron la activación del protocolo anticontaminación en la zona Oeste, aunque con recelo. Pide un paso más, hacia un barrio sin malos humos. “Hay que limitar el paso de camiones por el eje urbano siempre, y reforzar el control en las empresas que provocan más contaminación en la zona oeste”, destacan. 

El día amaneció con el traquetreo de los camiones de Emulsa en uno de los baldeos. La limpieza de las calles es una de las medidas incluidas en el protocolo contra la contaminación. “A ver, seguro que es útil... Aunque de momento estas medidas se están notando poco”, apunta Jorge Carriles, que conoce el protocolo “por lo que he visto en la prensa”. Desde el punto de vista de este joven, “de poco nos va a servir que se controle el paso de los camiones por esta avenida (la Príncipe de Asturias) o que se reduzca la velocidad en la autovía, si no se incrementa el control entre las empresas que emiten más contaminantes”, indicó ayer, rotundo, de vuelta a su casa en Cuatro Caminos. 

A Manuel Vargas, que vive en Pumarín, le sorprendió el control policial en su llegada al distrito Oeste. Dos carriles cortados y coches parados, aleatoriamente, por agentes de la Policía Local. Uno de los dispositivos activados ayer, a lo largo del día, para controlar el paso de camiones en la zona. “A ver, no sé si será la solución apropiada, pero es verdad que se está más a gusto sin tanto paso de camiones por la zona”, apuntó él. Acude prácticamente a diario hasta la zona Oeste para pasear a su perrito, “Káiser”. “El problema de desviar los camiones de El Musel, como se está haciendo estos días -los vehículos pesados con graneles tienen que circular por Aboño-, es que al final te libras tu de lo malo para dárselo a otros. Y eso tampoco es justo”, señaló. Aunque apuesta por las medidas anticontaminantes y estaría encantado con un protocolo más estandarizado y de aplicación continúa: “La zona lo necesita, se ve más niebla... no hace falta medirlo, se percibe que el aire aquí tiene algo de peor calidad”. 

Y mientras Vargas pasea con su bicicleta y con su “Káiser”, Clementina Sánchez está sentada con Elisabeth Sedano en un banco. Conversan, precisamente, sobre el protocolo contra la contaminación: “Yo lo que digo es que tenían que prohibir siempre el paso de camiones. Porque, mira, hoy siguen pasando”, apunta Sánchez. La corrige Sedano: “Lo que pasa que los camiones que no pueden pasar son los que llevan graneles, como carbón, los que ensucian”. “Ya veo...”, replica la veterana vecina. 

Coge la palabra Sedano, otra vez: “Yo lo que creo es que todo lo que se haga por bajar la contaminación es bueno, porque eso repercute positivamente en nuestra salud. Y la salud es lo primero”. Ladea un momento la cabeza, como pensando: “Aunque también habría que mirar una forma de que baje la contaminación sin perjudicar a la economía. Ese es uno de los debates que está siempre sobre la mesa, a nivel global y también a nivel local. Todo nos afecta a todos”, añade. 

La vista puesta en el cielo, porque una de las fórmulas para que la contaminación baje sin perjudicar a nadie -como dice Sedano- es la lluvia: “Si mañana llueve, por lo que he leído, mejorará la calidad del aire y ya no harán falta más medidas de momento. Lo que sí queremos los vecinos, en general, es que se apliquen cuando hagan falta”. Así ocurrió ayer, el día de estreno del plan.

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