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Controles de velocidad y riego en la zona oeste de Gijón para controlar la contaminación

Arcelor y el Puerto reducen movimientos de graneles, llevan los camiones a Aboño e intensifican las labores de limpieza

Un coche de la Policía Local con el aviso de restricciones por contaminación, ayer, en la avenida Príncipe de Asturias. | Marcos León | M. LEÓN

Que la previsión de lluvias se convierta en realidad con la intensidad suficiente parece ser la única fórmula para que la normalidad vuelva a las calles y empresas de la zona oeste, donde ayer se estrenaron las medidas del nivel 1, o nivel de aviso, del protocolo anticontaminación específico para esa zona. Un protocolo que el Ayuntamiento, a petición de la concejalía de Medio Ambiente, activó con el arranque del miércoles ante los niveles disparados de partículas PM10 y PM2,5 detectados tanto en la nueva estación fija del Lauredal como en la que Arcelor tiene en Santa Cruz. Si la lluvia no dispersa la polución y las estaciones siguen acumulando datos malos se activaría el nivel 2, o de alarma. Un escenario que no se descarta.

La incidencia del protocolo se dejó sentir en las calles de La Calzada, El Cerillero, Jove y Veriña con una mayor presencia de maquinaria y personal de Emulsa realizando labores de riego y de la Policía Local vigilando la prohibición de que camiones con graneles pulverulentos pasaran por la avenida del Príncipe de Asturias y el control sobre las vías afectadas por la orden de rebajar la velocidad permitida de 120 a 90 kilómetros por hora.

La Empresa Municipal de Servicios de Medio Ambiente (Emulsa) tuvo trabajando dos cubas en la zona. Una en el entorno de Somonte y Monteana y otra en el barrio de La Calzada. A ese trabajo se unió personal de Emulsa regando a manguera las calles principales y espacios especialmente sensibles, como El Lauredal. Las bajas temperaturas y el hielo dificultaron la operación en las primeras horas de la mañana.

En cuanto al tráfico los controles policiales fueron especialmente visibles en Príncipe de Asturias aunque ya en las avenidas de Constitución y El Llano se alertaba de la necesidad de que los camiones que no transportaran contenedores debían desviarse. El acceso al Musel se ciñó a Aboño. La exigencia de rebaja de velocidad se concentró en los tramos de la ronda (A-8) y la AS-19, que conecta Gijón con Avilés.

Manuel Vargas, con “Kaiser”, en Príncipe de Asturias.

Eso es lo que los vecinos y conductores pudieron ver pero el protocolo también afecta a las grandes empresas del área industrial de la zona y al puerto de El Musel. El plan de actuación dentro de las instalaciones gijonesas de Arcelor incluyó doblar de cuatro a ocho el total de horas al día que se dedican al barrido de los viales de la fábrica. Igual que se aumentó el riego en los espacios de almacenamiento de graneles, se ordenó el cierre de los portones de las naves donde se desarrollan actividades que generan polvo y se rebajó de 30 a 10 kilómetros por hora la velocidad a la que pueden pasar los transportes por las vías de comunicación de la factoría.

En la medida de las posibilidades, lo que supone tener en cuenta el estocaje existente de materiales, la empresa plantea la reducción de movimientos de graneles; además de limitar los transportes de restos a los vertederos mientras haya capacidad para almacenarlos dentro de la instalación.

Un camión de baldeo.

Arcelor es una de la veintena de empresas a las que afecta el protocolo anticontaminación de la zona oeste al estar funcionando en base a una autorización ambiental integrada o una autorización como actividad potencialmente contaminadora de la atmósfera. El protocolo también fija medidas concretas para las firmas que operan en El Musel. Al desvío de los camiones por Aboño se sumaba ayer un incremento de la frecuencia de riego de las cubas de los espacios portuarios.

Además, la Autoridad Portuaria hizo llegar a todas los operadores la orden de extremar precauciones en la manipulación de materiales pulverulentos. El protocolo impone reducir al mínimo indispensable la carga, descarga, trasiego y transporte de este material.

La posibilidad de activar el siguiente nivel del protocolo restringiría aún más la actividad industrial. Además de prohibir el paso de todos los vehículos pesados por Príncipe de Asturias, rebajar a 70 la velocidad máxima, intensificar los riegos y garantizar la alternativa del uso gratuito de los autobuses de Emtusa y la CTA.

Clementina Sánchez y Elisabeth Sedano.

A María Teresa Suárez, de El Natahoyo, no le hace falta un medidor de la calidad del aire para saber cuándo está alta la contaminación en la zona Oeste. “Estos días se me manchaban más los cristales de la cocina”, afirma. Y eso pasa cuando el aire está “más cargado, cuando ya se pasa de un límite”. Es por eso que, ayer, ella estuvo entre los vecinos que aplaudieron la activación del protocolo anticontaminación en la zona Oeste, aunque con recelo. Pide un paso más, hacia un barrio sin malos humos. “Hay que limitar el paso de camiones por el eje urbano siempre, y reforzar el control en las empresas que provocan más contaminación en la zona oeste”, destacan.

El día amaneció con el traquetreo de los camiones de Emulsa en uno de los baldeos. La limpieza de las calles es una de las medidas incluidas en el protocolo contra la contaminación. “A ver, seguro que es útil... Aunque de momento estas medidas se están notando poco”, apunta Jorge Carriles, que conoce el protocolo “por lo que he visto en la prensa”. Desde el punto de vista de este joven, “de poco nos va a servir que se controle el paso de los camiones por esta avenida (la Príncipe de Asturias) o que se reduzca la velocidad en la autovía, si no se incrementa el control entre las empresas que emiten más contaminantes”, indicó ayer, rotundo, de vuelta a su casa en Cuatro Caminos.

Limpieza de calles en El Lauredal.

Los vecinos, con paciencia y buenos humos

A Manuel Vargas, que vive en Pumarín, le sorprendió el control policial en su llegada al distrito Oeste. Dos carriles cortados y coches parados, aleatoriamente, por agentes de la Policía Local. Uno de los dispositivos activados ayer, a lo largo del día, para controlar el paso de camiones en la zona. “A ver, no sé si será la solución apropiada, pero es verdad que se está más a gusto sin tanto paso de camiones por la zona”, apuntó él. Acude prácticamente a diario hasta la zona Oeste para pasear a su perrito, “Káiser”. “El problema de desviar los camiones de El Musel, como se está haciendo estos días –los vehículos pesados con graneles tienen que circular por Aboño–, es que al final te libras tu de lo malo para dárselo a otros. Y eso tampoco es justo”, señaló. Aunque apuesta por las medidas anticontaminantes y estaría encantado con un protocolo más estandarizado y de aplicación continúa: “La zona lo necesita, se ve más niebla... no hace falta medirlo, se percibe que el aire aquí tiene algo de peor calidad”.

Y mientras Vargas pasea con su bicicleta y con su “Káiser”, Clementina Sánchez está sentada con Elisabeth Sedano en un banco. Conversan, precisamente, sobre el protocolo contra la contaminación: “Yo lo que digo es que tenían que prohibir siempre el paso de camiones. Porque, mira, hoy siguen pasando”, apunta Sánchez. La corrige Sedano: “Lo que pasa que los camiones que no pueden pasar son los que llevan graneles, como carbón, los que ensucian”. “Ya veo...”, replica la veterana vecina.

Coge la palabra Sedano, otra vez: “Yo lo que creo es que todo lo que se haga por bajar la contaminación es bueno, porque eso repercute positivamente en nuestra salud. Y la salud es lo primero”. Ladea un momento la cabeza, como pensando: “Aunque también habría que mirar una forma de que baje la contaminación sin perjudicar a la economía. Ese es uno de los debates que está siempre sobre la mesa, a nivel global y también a nivel local. Todo nos afecta a todos”, añade.

La vista puesta en el cielo, porque una de las fórmulas para que la contaminación baje sin perjudicar a nadie –como dice Sedano– es la lluvia: “Si mañana llueve, por lo que he leído, mejorará la calidad del aire y ya no harán falta más medidas de momento. Lo que sí queremos los vecinos, en general, es que se apliquen cuando hagan falta”. Así ocurrió ayer, el día de estreno del plan.

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