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Los feligreses ponen el calor en la procesión del Viernes Santo en Gijón

Centenares de personas arropan el Entierro de Cristo a pesar del frío para ver las imágenes de la Piedad, la Virgen Dolorosa y el Santo Sepulcro

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En imágenes: La procesión del Viernes Santo en Gijón Marcos León

El frío que envolvió la tarde del Viernes Santo en Gijón no impidió que una vez más centenares de personas se agolparan en el Campo Valdés, y las primeras calles de la procesión, para seguir de cerca el Entierro de Cristo. Muchos otros se iban sumando por el recorrido a medida que avanzaban los pasos, amenizados por la Banda de Música de Gijón y la Banda de Cornetas y Tambores de la Hermandad de Jesús Cautivo de Oviedo, de capirote blanco y túnica roja. 

Dos líneas de nazarenos de la Santa Vera Cruz anunciaban a la Piedad, preciosa imagen obra de Manuel Martín Nieto. María, que estrenaba corona de plata y lucía un majestuoso manto negro bordado de oro, sostenía a su hijo en brazos tras la crucifixión. Crespones negros en las cruces de madera, en las túnicas y las manolas evidenciaban el luto, vestidas de negro. Los toques fúnebres de la joven banda de tambores de la Vera Cruz ambientaban la procesión del Entierro. Sobre el paso, una de las joyas de la Semana Santa gijonesa, el “Lignum Crucis” de la hermandad, una reliquia del cristianismo que se refiere al madero usado para crucificar a Jesús de Nazaret. 

Les seguían los miembros de la Santa Misericordia, con su bandera plegada en señal de duelo por Cristo. Dos trompetas al frente, seguidas de dos docenas de ciriales anunciaban el paso de la Virgen Dolorosa, con su nuevo puñal de plata en el pecho, entre el humo del incienso y el sonido de carraca. La Marina y la Guardia Civil custodiaban el paso, iluminado por candelabros. Otro grupo de manolas aliviaba el duelo a una madre que enterraba a su hijo.

La tercera imagen, escoltada por penitentes de la cofradía del Santo Sepulcro, cerraba la procesión de Viernes Santo con sus capirotes rojos y túnicas blancas. Portaba el santo sepulcro, una pieza tremendamente especial para los cofrades, pues es la única que existe previa a la Guerra Civil en Gijón, pues en su momento se encontraba fuera de San Pedro cuando la fratricida contienda destruyó el templo. Esa urna llevaba a Jesús Yacente, camino de su entierro, que anunciaban las bocinas y tambores del Jesús Cautivo de Oviedo, hermanados con la Santa Misericordia de Gijón desde el pasado febrero.

Los feligreses, cada vez más, se sumaban al camino de la procesión en su vuelta a San Pedro, que mañana, Sábado Santo, verá a la Virgen de la Soledad y San Juan Evangelista partir hacia Cimadevilla a partir de las nueve de la mañana.

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