El San Miguel mira al futuro: así son las pizarras digitales y las gafas de realidad virtual del colegio de Pumarín
El centro utiliza las nuevas tecnologías para generar experiencias a sus alumnos: “Les motiva”
Asier Pérez es un pequeño de cuatro años del colegio San Miguel que, cuando se pone las gafas de realidad virtual, se echa a temblar. Lo que sus ojos acaban de ver es un enorme banco de peces flotando en algún océano. Y una sombra, a lo lejos, que cada vez se acerca más. No suena la banda sonora de la archi famosa película de Steven Spielberg “Tiburón”, pero lo que se acerca nadando es un gigantesco y a la vez pacífico escualo. “Si fuera un tiburón de verdad me habría dado miedo, pero soy valiente y haberlo visto así con las gafas me ha gustado”, explica el pequeño Asier, emocionado por la experiencia que acaba de vivir.
Esta actividad sirve como ejemplo para explicar la gran apuesta educativa del colegio San Miguel. El centro concertado mira al futuro. Y no solo en sentido figurado, porque desde hace varios cursos ha impulsado varias actuaciones para introducir las nuevas tecnologías en sus clases. No son solo juegos con gafas de realidad virtual. También tienen unas modernas pizarras que sirven para que los pequeños, a la vez que juegan, puedan aprender nuevos conceptos. Y han diseñado una especie de aula polivalente, llamada aula del futuro, que permite el trabajo cooperativo y el fomento de la creatividad para sus más de 700 alumnos. Todo se combina, además, con elementos más tradicionales.
Lo cuenta Sandra Fernández, la jefa de estudios de Educación Infantil y Primaria y maestra de cuarto de EPO. “Creemos que los niños tienen que aprender a través de la experiencia y de la manipulación de materiales”, indica. “Hay que generar un interés a los pequeños y luego fomentar que tengan sus vivencias, como sucede con las gafas de realidad virtual”, prosigue. “Al final, se trata de conocer sus intereses para luego poder llevártelos a los tuyos a nivel educativo”, resume la docente, sobre una política pedagógica que arrancó en el 2016.
No se trata de introducir las nuevas tecnologías como fin, sino como medio. Recientemente, el colegio San Miguel celebró su semana de la Ciencia con un potente programa de actividades. Este ciclo pivotó sobre el agua. Así que los pequeños, antes de ponerse las gafas virtuales, trabajan con fósiles marinos que pueden tocar y manipular. Y luego, ya sí, utilizan estas herramientas para amarrar lo que han aprendido.
Este avance hacia el futuro también se plasma en el centro de Pumarín mediante de lo que se conoce como las matemáticas Singapur. “Explicamos a través de unos materiales, que son unos policubos de colores. Con ese material manipulativo, les explicamos conceptos como la suma o la resta y luego ellos ya lo expresan en el libro. Se requiere un número menor de clases. Es educar a través del juego, de la experiencia”, recalca Sandra Fernández.
Lo que está claro es que el tema gusta a los pequeños y también a los profesores. Lo explica Héctor Rodríguez, que es el maestro de la clase de cuatro años donde se pusieron las gafas de realidad virtual. “Procuramos traerles cosas que puedan tocar y experimentar. Mezclar lo tradicional con la tecnología. Claro, a los niños les encanta y les motiva mucho más”, afirma. Dentro de ese trabajo, adquieren especial importancia las pizarras “smart board”, que lejos de ser pizarras digitales al uso permiten a los niños aprender a través de juegos de lo más variado.
“Cada año queremos ir dando un pasito más y hasta donde lleguemos”, finaliza Sandra Fernández, una de las docentes del colegio San Miguel, que mira de reojo al futuro.
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