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El Arzobispo, en el funeral por el párroco de Ceares: “Tenía un alto valor humano y bondad”

Los feligreses abarrotan la iglesia de San Andrés para despedir a José Luis Montero con un acto al que asistió una treintena de sacerdotes

Jesús Sanz Montes preside el funeral por José Luis Montero (en el recuadro), ayer, en la parroquia de San Andrés de Ceares. | Juan Plaza

Fue una despedida muy emotiva. La gaita hizo sonar el himno de España y el de la Virgen de Covadonga, como en cualquier celebración en la que José Luis Montero estaba presente junto a sus feligreses y amigos de Ceares o de Lavandera. “Lo vamos a echar de menos, dejó huella, era como de la familia, él y su hermano estuvieron en todos los acontecimientos importantes de la familia, bodas, comuniones, bautizos...”, destacó Ernestina Arenas al finalizar el funeral por el párroco en la iglesia de San Andrés de Ceares, fallecido el sábado a los 86 años, mientras recordaba su figura con María Luis Entrialgo. “Él y antes su hermano Antonio eran personas muy amables y cercanas. Eran parte de nuestra familia, de venir a comer a casa en alguna ocasión”, añadió Entrialgo.

La iglesia de San Andrés se llenó para brindar una cálida despedida a Montero. Más de 200 feligreses, entre el interior del templo y el exterior, estuvieron presentes junto a más de una treintena de sacerdotes de todos los puntos de la región. El funeral lo ofició el arzobispo de Asturias, Jesús Sanz Montes, que durante su homilía destacó sobre la figura de José Luis Montero “su alto valor humano, cristiano y sacerdotal, así como la bondad de su corazón”.

Sanz Montes recordó la labor de Montero en Ceares y Lavandera, tras sustituir a su hermano Antonio, que falleció poco antes de que asumiese la parroquia. “Son muchos años de presencia en esta parroquia y no son tampoco escasos los años que ha vivido, pero es un adiós imprevisto que nos parte el alma”, resaltó el Azobispo. “Que la Santina, que acompaña nuestros pasos, le proteja en su manto materno y que descanse en paz”, remató.

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EN IMÁGENES: Así fue el funeral del párroco José Luis Montero Juan Plaza

El Arzobispo puso en valor, en la calurosa despedida que se le brindó al que fuera párroco de Ceares y Lavandera los últimos 36 años, “la familia de sangre, de vocación y la comunidad cristiana que este buen pastor atendió hasta el final”. Y relacionó la figura del cura de pueblo, con la de los médicos o los maestros rurales. “Lo más hermoso que se puede decir de un cura es que fuera bondadoso”, reflexionó.

La iglesia de San Andrés acogió un velatorio una hora antes de la misa. Tras el mismo, Rufino Gallegos y Carlos Areces, dos de los vecinos con los que más relacionó Montero en su larga estancia en Ceares, portaron su féretro junto al diácono Alberto González Caramés, y el párroco de Fátima, Eduardo Zulaiba. El cuerpo fue después trasladado a Castropol, donde fue enterrado junto a sus familiares. “Era muy entrañable y bueno, el cura de toda la vida, cercano”, destacó Caramés. “Era llano y cercano, de los que hacen parroquia, con el mismo humor y ganas de ayudar hasta el final”, relató Carlos Rodríguez, otro fiel feligrés de José Luis Montero en Ceares.

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