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Un ingeniero que hizo camino en el Club de Regatas

Ignacio García-Arango, que dedicó su carrera profesional al sector público, socio de honor de la entidad: “Es un orgullo”

Ignacio García-Arango Cienfuegos-Jovellanos. | Luisma Murias

Junto al abogado Juan José Dapena del Campo, el ingeniero y presidente del Foro Jovellanos, Ignacio García-Arango Cienfuegos-Jovellanos, recibió el jueves pasado el distintivo de socio de honor del Club de Regatas. “Te sientes viejo, pero es todo un orgullo”, reconoce, ya que los dos requisitos para que se otorgue dicho reconocimiento pasan por tener al menos 80 años y llevar 40 o más vinculado a la entidad.

Es su caso. García-Arango recuerda con emoción aquellos veranos y fines de semana del 54 en los que, con tan solo doce años, ya correteaba por el club: “Te dejaban usar la piscina solo en septiembre, que es cuando ya había poca gente. Imagino que sería para que los guajes no molestaran en los meses de verano porque la verdad es que armábamos bastante barullo”. Rememorando viejos tiempo, el ingeniero gijonés, retirado en 2012, recuerda cuándo acudía al Club de Regatas para quedar con su pandilla. “Vivía en Oviedo, pero procurábamos ir todos los fines de semana y, luego en verano, temporadas más largas”, recapitula. De esas entrañables quedadas de juventud, recuerda a modo de anécdota que “había un trampolín y el resto se tiraba de cabeza o de mil manera, hacían virguerías”. “Yo la verdad es que era malísimo y me tiraba de pie”, cuenta. Fue ya con 18 años, en 1960, cuando tanto a él como al resto de sus amigos les dejaron entrar “a algún que otro guateque”. Eso sí, como hijo de socio. Sería en 1970, con 28 años, cuando pasó a ser socio de número, ya por cuenta propia: “Me acercaba cuando podía para comer, pegarme un baño y jugar alguna pachanga de fútbol o frontón. El club siempre tuvo dos facetas: la deportiva y la ociosa. En mi caso, siempre exploté más de la segunda”.

Ignacio García-Arango es natural de Gijón. Nació en una casa de Cimadevilla pegada al puerto, pero se crió en Oviedo. Primero estudió Bachillerato en el Instituto Alfonso II y, con posterioridad, se trasladó a Madrid para cursar los estudios de Ingeniería de Caminos, Canales y Puertos en la Escuela de la capital. Los terminó en 1969. En ese momento, regresó al Principado, desde donde dedicó toda su vida profesional al servicio público como funcionario de carrera en el Ministerio de Obras Públicas, donde llegaría a desempeñar la responsabilidad de Jefe de la Demarcación en Asturias entre 2004 y 2012, cuando daría un paso hacia al lado para jubilarse. Desde 2015, ejerce como presidente del Foro Jovellanos, entidad encargada de difundir y defender el legado del prócer. “Como la oficina queda cerca del club, de vez en cuando, voy a comer o a tomar un café”, cuenta.

A lo largo de su carrera, ha recibido numerosos reconocimientos, tanto por sus labores como ingeniero como por pertenencia y fidelidad a diversas instituciones. Sin embargo, reconoce que la del pasado jueves “me hizo especial ilusión”. García-Arango ha realizado trabajos de dirección de obra y coordinación en gran parte de las carreteras de Asturias, así como en toda su red de autovías: como la A-8 o la A-66. A lo largo de su trayectoria profesional, también ha participado con ponencias propias en numerosos congresos, destacando en el campo de los túneles las siguientes publicaciones: “Incendios en túneles”, de 1994, y “El túnel un paso más en el camino”, en 2012. Ambos libros en colaboración con Alberto Abella y Fernando Haca.

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