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El Montevil descubre su ADN científico: así fue la visita del investigador ciclista al instituto del barrio

Alejandro Marín recorre en bicicleta centros de la ciudad para fomentar su profesión: “No somos raros con bata”

Alejandro Marín, ayer, en el salón de actos del IES Montevil, durante su charla. Juan Plaza

El científico Alejandro Marín quiere romper con la idea del investigador de bata blanca que se pasa la vida en un laboratorio oscuro. Él, que se reconoce alegre y deportista, creyó que una buena manera de acabar con este mito era coger su bicicleta y acudir a todos los institutos que le abran sus puertas para contar los secretos de una profesión, en realidad, “muy humana”. Y ayer inició en el IES Montevil un “tour” por toda la región que le llevará a pedalear desde Gijón hasta Langreo en los próximos diez días. Marín, investigador de genética y biología molecular, trabaja en Montpellier (Francia) y ya ha recorrido en bicicleta institutos de Canarias y Uruguay, y ayer en Montevil enseñó a los alumnos de 4.º curso de la ESO, entre otras cosas, a extraer el ADN de una fresa usando agua, jabón y alcohol: “Muchas veces este tipo de experimentos tan sencillos, la práctica, se deja más de lado en las aulas”.

Parte de los alumnos que participaron en el proyecto. | Juan Plaza

Marín se quedó sorprendido con el nivel de los alumnos del Montevil, que se tenían aprendidas varias de las nociones que él venía a explicar. El investigador pide a los docentes de cada centro que le dejen estar con los estudiantes durante tres horas, y siempre las estructura de la misma manera. Ayer, los alumnos hicieron primero el experimento de la fresa, la actividad más práctica y más amena, para “engancharles” a la costumbre de realizar pequeños experimento en clase y en casa. “Hay muchos para los que apenas necesitas materiales, y ese juego me sirve para explicarles de forma sencilla qué es un investigador, a qué se dedica, y qué es el ADN”, señaló el científico. La segunda hora de la charla de ayer se centro en la malaria, especialidad investigadora de Marín, y en ella los alumnos tuvieron que enfrentarse a una lista de proyectos para frenar la enfermedad con un presupuesto muy limitado que les obligaba a priorizar unos sobre otros, “como en la vida real”.

Por último, Marín contó a los estudiantes su historia: la de un vecino de Albacete sin ningún pariente ni allegado en el mundo de la ciencia que acabó formándose en veterinaria, bioquímica y biología, pero que también ha sacado tiempo para publicar dos libros de poemas y, como hace hoy en día, recorrerse provincias enteras a pedales. “Quería que viesen que una profesión no te encasilla, que pueden ser muchas cosas, y que los científicos somos gente normal, no gente rara con bata”, bromeó.

El investigador llegó a la ciudad desde Francia en coche, pero en su “tour” por Asturias solo usará su bicicleta para fomentar también valores de sostenibilidad y respeto al medio ambiente. Acudirá este viernes al Mata Jove y, semana que viene, el García de la Concha (Villaviciosa), el Juan José Calvo Miguel (Sotrondio), La Quintana (Ciaño) y el IES Cuenca del Nalón (Langreo). Ha podido recalar en la región gracias a la fundación IMFAHE, de la asturiana Zafira Castaño –y una de las madrinas de su proyecto– y al docente langreano jubilado Manuel Carbajo. “Lo suyo”, reconoce, hubiese sido la mediación de la consejería de Educación. “Yo soy muy poco controvertido, pero cuando quise retomar esto tras la pandemia contacté con varias consejerías, entre ellas la de Asturias, y la mayoría se limitó a mandarme un par de correos electrónicos”, lamentó el experto.

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