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El asesino de Lorena Dacuña, condenado a 20 años de cárcel y 5 de libertad vigilada

José Manuel Sánchez Merino no podrá vivir en Asturias y deberá estar localizable por aparatos electrónicos durante un lustro al salir de prisión

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EN IMÁGENES: Juicio por el crimen machista de la gijonesa Lorena Dacuña Ángel González

Veinte años y un día de cárcel es la condena impuesta a José Manuel Sánchez Merino, el camarero gijonés de 51 años responsable del asesinato a puñaladas de su expareja Lorena Dacuña en febrero de 2020 en el barrio de La Calzada. La presidenta de la sección octava de la Audiencia Provincial, y en base a las conclusiones del jurado popular emitidas la pasada semana tras cinco días de juicio, le atribuye el delito de asesinato con las agravantes de desprecio de género y parentesco y le impone además cinco años de libertad vigilada, tal y como solicitó el ministerio fiscal tras amoldar sus conclusiones a la jurisprudencia del Tribunal Supremo para este tipo de casos. Esa libertad vigilada, señala la magistrada, implicará que Sánchez Merino deberá “estar siempre localizable mediante aparatos electrónicos; comunicar inmediatamente en el plazo y por el medio que se establezca cualquier cambio de domicilio o lugar de residencia; la prohibición de aproximación a 500 metros del hermano de la víctima y la esposa e hija de éste, así como prohibición de comunicación con dichas personas por cualquier medio; prohibición de residir en el territorio de la comunidad autónoma no del Principado de Asturias”. El fallo judicial, que puede ser recurrido ante el Tribunal Superior de Justicia de Asturias, fija el pago de una indemnización de 60.000 euros en beneficio del hermano de la víctima.

Los veinte años de cárcel fue la petición que defendieron tanto el ministerio fiscal como la Abogacía del Estado. Una suma a la que se adhirió también la defensa toda vez que en la primera sesión Sánchez Merino reconoció el crimen y relató los acontecimientos de aquella madrugada con todo tipo de detalles. En cambio, tanto la acusación particular, que ejercía la familia de la víctima, como la popular, ejercida por la Asociación Abogadas para la Igualdad, trataron de elevar el tiempo de privación de libertad hasta los 25 años, unas pretensiones que se hacían difíciles después de que los miembros del jurado popular rechazase el ensañamiento. “No existen pruebas de que el acusado quisiera causar un extraordinario y desmedido dolor en la víctima y no nos es posible saber si el resto de las heridas se ocasionaron a antes o después de la que le causó la muerte”, argumenta la sentencia. La magistrada, a mayores, opta por los 20 años al entender que “el acusado ha colaborado con la administración de justicia reconociendo no solo el hecho de haber matado a Lorena, sino también todos los hechos que configuran la calificación del delito de asesinato y las agravantes invocadas por las acusaciones”.

Conforme al acta del jurado, la sentencia considera como hechos probados que José Manuel Sánchez Merino mantuvo durante unos ocho años una relación sentimental con Lorena Dacuña, con mucho tiempo de convivencia en el piso de la calle Callao. La relación cesó en el mes de noviembre del año 2019, “no habiendo aceptado el acusado la ruptura, el cual siempre mantuvo una actitud celosa y controladora respecto de Lorena, tanto durante y después de la relación.

El día 2 de febrero de 2020, prosiguen los hechos probados de la sentencia, después de concluir Sánchez Merino su jornada laboral en la sidrería de la calle Luis Braille de Gijón donde trabajaba, sobre la una de la madrugada, “se dirigió a su domicilio de la calle San Luis a coger dinero y un cuchillo, que introdujo en una mochila”. Como llevaba tiempo queriendo averiguar si su expareja sentimental mantenía una relación sentimental con otra persona, sobre las cinco horas del día 2 de febrero de 2020, se dirigió hasta un karaoke del barrio de La Calzada en un autobús búho, “ya que unos amigos le habían dicho que ella solía ir por allí”. Una vez en el establecimiento en cuestión vio a Lorena Dacuña con otro hombre, por lo que esperó a que ambos salieran del local, y una vez fuera, les siguió hasta la casa de ella.

Dacuña y su acompañante entraron en el portal, el camarero gijonés accedió también al mismo, pues la puerta quedó medio abierta, “pero sin que ellos se percataran de su presencia, y se escondió en las escaleras del rellano mientras ellos subían por el ascensor”. Cuando la gijonesa abrió la puerta de casa, Sánchez Merino “les empujó a los dos, cayendo ella al suelo y, al tiempo que le gritaba repetidamente que ‘era una puta’, sacó el cuchillo que llevaba en su mochila, que se rompió sin saber cómo, por lo que se fue a la cocina a por otro”. Ese momento lo aprovechó el hombre que acompañaba a Dacuña –no se presentó al juicio y por ello el ministerio fiscal solicitó una multa sobre la que no hay pronunciamiento en la sentencia– para irse corriendo del domicilio.

Tras marcharse el portugués, Sánchez Merino “salió de la cocina con otro cuchillo y se dirigió hacia su expareja, que intentó zafarse de él metiéndose en una de las habitaciones de la vivienda, pero accediendo el acusado acto seguido y, con ánimo de matarla, comenzó a acuchillarla, sin que Lorena pudiera evitarlo ni defenderse, siendo atacada por su agresor cuando se encontraba de pie delante de la cama, llegando a caer sobre la misma, donde aquel continuó apuñalándola hasta en trece ocasiones, causándole la muerte, concluye la sentencia”.

Sánchez Merino lleva en prisión preventiva desde su arresto tras el asesinato. El último día de juicio decidió usar su última palabra y, aunque volvió a confesar haber matado a la gijonesa, insistió en que debía ser juzgado “con la verdad”. “Quiero que me crucifiquéis con la verdad, pero no con mentiras ni con el guion estudiado que han traído los testigos. Todos contaban lo mismo palabra por palabra”, aseguró. Señaló también que la fallecida era “muy buena persona”, pero negó ser un “controlador”. “Soy culpable, no lo niego, pero no la controlaba. Trabajaba de camarero, no tenía tiempo”, razonó. Terminó su intervención señalando: “Pido disculpas a la familia y a toda la sociedad, lo digo sinceramente. Solo me queda cumplir por lo que he hecho”.

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