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Pere Ponce | Actor, representa hoy “Los pazos de Ulloa” en el Jovellanos

“En el teatro el actor es el dueño de la obra, es un ejercicio vivo”

“Emilia Pardo Bazán intentó romper las cadenas que la ataban, y en ‘Los pazos de Ulloa” transmite ese canto a la libertad”

Pere Ponce. MIKI LOPEZ

Pere Ponce (Tortosa, Tarragona, 1964) forma parte del reparto de la obra “Los pazos de Ulloa”, que se representa hoy, sábado, a las 20.30 horas, en el teatro Jovellanos, y en la que Eduardo Galán ha adaptado la obra clásica de Emilia Pardo Bazán. Ponce desgrana el papel que juega el teatro de siempre y analiza lo que se encontrará el público gijonés, en un reparto en el que también están Francesc Galcerán, Marcial Álvarez y Diana Palazón.

–¿Da respeto subirse a las tablas para representar una obra clásica como “Los pazos de Ulloa”?

–Es una novela emblemática, y es un ejercicio de respeto, amor y admiración por la obra. Eduardo Galán ha hecho una labor muy importante en la adaptación, llevando ese lenguaje al siglo XXI. La fuerza que tiene la novela, ese torrente folletinesco, con muchas historias y personajes, dotarle con un hilo conductor, para que el espectador se pueda identificar, es un ejercicio muy interesante.

–¿Qué sensación deja la obra al espectador?

–La gente sale con ganas de leer la novela. Es la mayor satisfacción que tenemos. Me gusta ese perfume que deja de los temas del siglo XIX, que muchos siguen vigentes. Se mantienen inquietudes y las cosas que nos conmuevan. También el caciquismo o el tema de la mujer, que está subyugada al hombre, y esa dificultad para escapar. Emilia Pardo Bazán es un personaje, que intentó romper esas cadenas que la ataban. Decidió separarse y vivir la vida que quería. Fue dueña de su tiempo. Cosa que los personajes de la novela no lo fueron, ni muchas mujeres de su entorno y nuestro tiempo. Es un canto a la libertad.

–Representa el personaje de “Don Julián”. ¿Qué le ha cautivado de él?

–Es un poco el narrador de la historia. Una reconstrucción de los hechos después de tanto tiempo. Don Julián llega y sale del presente para entrar en el pasado y explicar la situación. Entra y sale de las escenas, teniendo como cómplice al espectador. Y Don Julián vive todavía en nuestros días, porque con las penurias que ve se debate entre cambiarlas o dejarlo igual, por esa circunstancia de que Dios lo ha planteado así para probar a la gente. Acertar ese sufrimiento en lo que se debate Don Julián, y nos plantea ese pensamiento de hasta que punto es lícito y no tenemos que revelarnos contra esa injusticia.

–En tiempos de nuevos formatos, de evolución, ¿las obras clásicas siguen enganchando al público o cada vez cuesta más?

–Este tipo de obras tienen una manera especial de causar sentimientos en el espectador. Emilia Pardo Bazán toca muchas sensibilidades y fibras, por eso resuena todavía en nosotros de una forma muy especial. La emoción que siente el espectador leyendo o viendo la obra es clave, y por eso es importante el trabajo de adaptación, de no perturbar lo que son los ritmos y lenguajes escénicos.

–¿Vive esa etapa de madurez artística en la que el teatro es su principal refugio?

–Sin duda. El teatro tiene algo muy generoso con el actor, nos da mucho. Es un plano secuencia desde que se levanta el telón y hasta que se cae. El actor es el dueño de la dinámica de la obra. En otros soportes como la televisión o el cine hay un equipo técnico que juega un papel muy importante, y hay más esclavitudes técnicas. El directo del teatro cada día es diferente y eso lo hace muy especial, es un ejercicio vivo, algo muy orgánico.

–Participó en el reparto de “Cuéntame” durante muchos años, en el papel de Eugenio, el sacerdote que finalmente se acababa casando con Inés, la hija mayor de la familia. ¿Qué opina de los rumores sobre el final de la serie?

–“Cuéntame” es una historia histórica, que podría pervivir. Es parte de nuestra memoria. Avanza 30 años después que nosotros. Y ha permitido, en muchas familias, explicar los padres a sus hijos cómo era su infancia y entender y conocernos unos a otros. “Cuéntame” ha aportado mucho a la televisión, pero la longevidad de los productos se me escapa.

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