Once cartas para una calle a Moisés Llordén
Álvaro Domínguez-Gil concita el apoyo de personalidades y entidades para que un vía lleve el nombre del catedrático: “Lo merece”

Álvaro Domínguez-Gil Hurlé, con los apoyos de varias entidades, en la redacción de LA NUEVA ESPAÑA de Gijón. | I. Sirgo / Pablo Palomo
¿Qué tienen en común el escritor Luciano Castañón y el catedrático de historia Económica y gran jovellanista Moisés Llordén Miñambres? Pues aparte de su amor por Gijón, “comparten” a Álvaro Domínguez-Gil Hurlé. El doctor en Farmacia y mago en sus ratos libres es el nexo de unión entre estas dos figuras porque allá por 1988 reunió 5.500 firmas para otorgarle a Castañón la calle que hoy tiene entre Marqués de Casa Valdés y Enrique Martínez. Y porque ahora ha fundado una plataforma para lograr el mismo reconocimiento para el urbanista e historiador fallecido en diciembre de 2017. “Sería un honor más que merecido para Llordén”, suscribe Domínguez-Gil.
El plan no es una guerra de un solo hombre. Domínguez–Gil apenas lleva un mes y medio trabajando en el tema, pero ya ha logrado un abrumador apoyo de once importantes instituciones y entidades del panorama asturiano. Son la Cámara de Comercio de Gijón, el Real Instituto de Estudios Asturianos (RIDEA), la Fundación Archivo de Indianos-Museo de la Emigración, la Federación Asturiana de Empresarios (FADE), el rector de la Universidad de Oviedo, Ignacio Villaverde; el Colegio de Aparejadores de Asturias, el Colegio de Ingenieros Técnicos de Asturias, la Academia de Historia de Portugal –de la que Llordén era miembro–, el Foro Jovellanos, el Ateneo Jovellanos y la Asociación de Antiguos Alumnos del instituto Jovellanos, donde estudió el catedrático. “Les estoy muy agradecido por todo su apoyo”, explica Domínguez-Gil.

Moisés Llordén / Pablo Palomo
La impronta de Moisés Llordén Miñambres es inmensa. No solo fue catedrático de Historia Económica de la Universidad de Oviedo. También fue urbanista, historiador y consumado jovellanista. Hay que recordar que siempre decía que le hubiera gustado conocer al prócer en persona. Fue el puntal de la Extensión Universitaria en tiempos del rector Julio Rodríguez y consumado estudioso de la emigración asturiana a Cuba. Falleció a los 73 años tras una larga enfermedad. “Tiene un curriculum impresionante. Hizo infinidad de publicaciones”, apunta Domínguez-Gil, que ha iniciado este proceso junto a la viuda del académico, Josefa Troncoso.
Con estos apoyos, ahora Domínguez-Gil Hurlé se dirigirá al Ayuntamiento para formalizar por registro su petición. También tiene pensado iniciar una ronda de contactos con los partidos políticos para comprobar de qué apoyos dispone en esa esfera. De lograrlo, sería de las pocas personas en Gijón que conseguirían ponerle dos calles a dos grandes figuras.
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