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El Río Piles quiere seguir su crecimiento

El centro, uno de los dos públicos con más demanda que oferta, valora la “calidez” en el aula y pide un aumento de matrículas: “No queremos dejar a nadie fuera”

Varios alumnos de Primaria del colegio Río Piles, en una actividad en el patio. | Irene Sirgo

“Queremos ofrecer calidad y calidez”. La frase la pronuncia Julio Fernández, el director del colegio Río Piles; un centro que está de enhorabuena. Con 27 solicitudes para Educación Infantil de 23 plazas posibles para el próximo curso es junto al Severo Ochoa, en Pumarín, el único público de la ciudad que ha logrado tener más peticiones que huecos libres. Todo un logro teniendo en cuenta el desplome generalizado de la natalidad que acusa Gijón y el resto de Asturias. Estos números ofrecen un panorama esperanzador para el colegio, que se marca el reto de seguir creciendo para no tener que dejar fuera a ninguna familia. “La administración debería dejarnos ofertar más plazas”, apunta Fernández. “En nuestro caso, estamos en disposición de hacerlo”, añade.

Por la izquierda, Luis Ceán, Niara Huerta, Emma Sagrado, Nora Cavalcanti, Ángel Armenteros e Iria Gordaliza, en el pasillo de Educación Infantil. | Irene Sirgo

¿Cómo se explica este éxito en el Río Piles? Pues, al margen de la zona (menos envejecida que otras en la ciudad) básicamente con el principio enunciado por el director. Apostar por la calidad, por ser un centro acogedor donde todo el mundo tenga cabida. Y eso lo demuestran en el día a día y también en situaciones excepcionales. Para muestra las dos niñas ucranianas que se incorporaron a mitad de curso en primero de Primaria. Dos pequeñas, que, a pesar de la barrera del idioma, son dos más en su aula. “Tenemos un deber con la ciudadanía. Se dio la circunstancia de que dos familias de cerca de la zona acogieron a otras dos familias ucranianas que traían a estas dos niñas. Inmediatamente pensamos en ayudar”, resume el director del centro.

Ciro Méndez y María Da Costa, durante una actividad en el patio. | Irene Sirgo

La profesora de la clase en la que están estas dos niñas es Fátima Vázquez. Ella confirma que ambas están encantadas. Se comunican con ellas mediante un traductor que cada vez necesitan usar menos debido a que su adaptación está siendo muy positiva. “Pensábamos que iba a ser más complicado, pero el resto de los niños han generado un sentimiento de protección hacia ellas”, explica la docente, que sigue varias estrategias para que las dos pequeñas estén lo mejor posible. Entre ellas, saludar en ucraniano y ponerles a todos dibujos en su idioma natal. El pasado lunes las recibieron con el tema “Stefania” de Kalush Orchestra, la canción con la que Ucrania se impuso en Eurovisión, en plena invasión de Rusia. “Todos los avances que tienen en clase el resto de los niños se los reconocen”, detalla Vázquez. “Actualmente, su integración es completa y muy positiva”, afirma la docente.

Daniela Naveiro coloca una de las placas por la Semana de la mujer y la ciencia. | Irene Sirgo

Pero el Río Piles no solo destaca por eso. Parte del éxito está también en la gestión de las relaciones con las familias. Antes de que cerrara el plazo para formalizar la prematrícula, fue común que muchos centros organizaran visitas para los padres, para que pudieran conocer de primera mano el colegio al que llevarían a sus hijos. En el Río Piles empezaron con este trabajo allá por el mes de enero, muchísimo antes de que se abriera el plazo. Lo hicieron mandando un cuestionario a las familias para que detallaran qué información querían conocer. En base a eso, la dirección organizó visitas guiadas, algunas de los cuales se desarrollaron a la par que las clases y en las que participaron los alumnos. “Queríamos que se viera un colegio vivo”, cuenta Fernández.

El colegio Río Piles también organiza un sinfín de actividades para sus alumnos, unos 450. Algunas perviven en el tiempo. Por ejemplo, está la que realizaron en la Semana de la mujer y la ciencia, cuando los estudiantes tuvieron que hacer placas con mujeres destacadas de cualquier ámbito del saber. Estas placas se van a colocar ahora por los pasillos, como si fueran las que dan nombres a las calles de una ciudad. Una de las que participaron en esta actividad fue Daniela Naveira, que dedicó su placa a Josefa Jovellanos. Esta chica cursa sexto de Primaria, así que el año que viene tendrá que dejar el centro. “Está mucho más decorado ahora que antes. Me da pena marchar”, dice una alumna de un colegio que quiere seguir creciendo sin parar.

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