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Los “runners” piden que la parte del “cascayu” que será peatonal esté “bien señalizada”

“Siempre nos mezclamos con caminantes, ciclistas y patinetes”, avisan los corredores, que proponen un uso preferente de esa franja

Dos jóvenes corren por el “cascayu”, con la franja verde que será peatonal al fondo. | Ángel González

Los “runners” que frecuentan el Muro lo tienen claro. Quieren que el carril peatonal que quedará habilitado tras la desmantelación del “cascayu” (la actual franja verde que discurre paralela al paseo) sea seguro y esté debidamente señalizado. “Al final siempre nos mezclamos con caminantes, ciclistas y patinetes. No vería mal que hicieran una vía exclusivamente para nosotros”, apunta Natalia García, de 52 años, quien se define como “corredora aficionada”, pero lleva doce años de ejercicio continuo. “Solo espero que quede bien señalizado porque, de lo contrario, estando tan cerca de la carretera, podría ser un peligro para todos los que corremos por ahí”, asegura.

Tras la sentencia judicial que obliga a devolver el doble sentido de circulación en el Muro, el Ayuntamiento tiene claro que mantendrá como zona peatonal –separada por bolardos– la parte del “cascayu” pintada de verde que ocupaba el antiguo carril bici y que está pegada al césped del paseo. Ante ello, los “runners” sostienen que a día de hoy –con el “cascayu” peatonalizado al completo– se mezclan varios usuarios que entorpecen las carreras de los deportistas: ciclistas que no van por el carril bici, patinetes, paseantes, niños jugando o perros, entre otros. Por tanto, para Víctor Pardo, de 47 años, quien ayer entrenaba en el paseo, “correr en el Muro es ir haciendo un zigzag constante”. “Si tal y como está ahora también hay que esquivar a la gente, correr después de las obras será inviable entre patinetes, gente mayor paseando y bicicletas que pasen por ahí”, cuenta.

Su compañera de carrera, Sherezade Sevillano, de 41 años, comparte la idea: “No sé cómo vamos a hacer en verano, porque por el paseo es inviable correr. La gente que va comiendo helados lo ocupa entero. Es una pena, pero tendremos que ir a otro sitio”. Por su parte, Víctor Merino, corredor esporádico, lamenta “el dineral que habrá que gastar para volver a cambiar todo”. “Las cosas hay que intentar hacerlas una sola vez y bien hechas. Esto se trata de ayudar a la ciudadanía, no de perjudicarla”, clama. Y es que dejar parte del “cascayu” peatonal requerirá de varios trabajos como la retirada del mobiliario urbano –bancos, sillas, papeleras, bolardos, separadores del carril bici y jardineras– ubicado ahora en la parte por donde circularán los vehículos. Además de la instalación de los nuevos bolardos de separación entre la calzada y lo que quede del “cascayu”, la restauración del doble sentido incluirá nueva señalización horizontal y vertical.

“Me parece bien que dejen el carril bici tal y como está ahora, además de la nueva zona peatonal. Eso sí, que la señalicen de forma correcta”, opina María Menéndez, triatleta y corredora desde hace diez años. Una visión que confronta con la del “runner” Miguel Marniesse, de 55 años: “No me gusta lo que van a hacer, creo que será intransitable para los corredores por el cúmulo de gente en un espacio tan pequeño”. “Soy un forofo de peatonalizar, pero claro, si se hace es para hacer unas buenas obras y, sobre todo, que duren en el tiempo”, reconoce Marniesse, quien utiliza el Muro como su frecuente lugar de entrenamiento.

Los madrileños José Antonio Jiménez y Alicia Barrejón, dos “runner” con quince años de carreras a las espaldas, piensan que “lo adecuado sería buscar una simbiosis entre corredores y vehículos”, ya que “si le das el cien por cien a una parte, la otra siempre va a salir perjudicada”. Aunque residen en la capital, no es la primera vez que utilizan el Muro para ejercitarse. “Creo que hay que hacer más carriles exclusivos para corredores. Ahora hay más que nunca y no paran de aumentar desde la pandemia”, señala Barrejón, que insiste en que “venimos de una ciudad –Madrid– donde encontrar un sitio para correr es imposible”.

La modificación del “cascayu”, indican, convencerá del todo a los “runners” de la ciudad si al término de las obras el carril peatonal resultante junto a la calzada quedara debidamente señalizado, evitando así peligros mayores con el tráfico rodado y con la hipotética mezcla entre corredores, bicicletas, patinetes y paseantes en una zona con poco espacio.

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