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José María Ruilópez | Escritor, presenta mañana su obra “El viajero peregrino”

“Abolir el celibato en la Iglesia puede ser una solución a la falta de vocaciones”

“Mi novela está escrita en clave humorística, pero a la vez es seria y rigurosa; abordo un asunto profundo desde un punto de vista entretenido”

José María Ruilpez. Irene Sirgo

José María Ruilópez (Oviedo, 1948) presenta este jueves (20.00 horas) en La Buena Letra su sexta novela, titulada “El viajero peregrino”, que toma el relevo a su anterior trabajo, el poemario ”Territorio ofendido”.

–¿Cómo surge esta novela?

–Fue a raíz de una especie de sueño que tuve, en el que veía a una pareja mirando el mar, y que se separaban. Me quedó grabada una chaqueta de color tabaco, piel gruesa, tipo aviador que llevaba él. Y de ahí salió esa historia en la que la mujer se obsesiona por encontrar a ese hombre.

–¿Y qué se encontrará el lector?

–Como me sucedió a mí, Emi, que es una doctora en cirugía general, sueña con ese hombre vestido con esa cazadora marrón. Hasta que un día lo encuentra en la Cabalgata de Reyes. Resultó que él era cura, había empezado en Teverga, el lugar del que soy yo, en un guiño que hago a mi infancia. Ahora se encuentra trasladado como vicario a Gijón. Iba de paisano vestido a ver la Cabalgata, y coincide con esta chica, que tiene una hija. Se conocen, intercambian teléfonos. Y más tarde empiezan gracias a un encuentro casual, ya que él ingresa con un catarro en el hospital, y ella es quien le atiende. Pasa entonces de una relación profunda afectiva a una sentimental. En el momento en el que está ambientada la obra se abole el celibato, lo que les permite continuar con su vida.

–¿Y qué pasa entonces?

–Don Faustino, que es el nombre del protagonista, escala puestos en la Iglesia y pasa de arcipreste a obispo, cardenal y papa. Cuando es obispo se casa con Emi, con la que tiene un hijo, que se llama Adriel, que significa “el enviado de Dios”. En la historia también cobra un papel importante Conchita, que es su asistenta y compañera hasta el final, y que incluso le acompaña al Vaticano. Y es con la que acaba viviendo, cuando la relación de Don Faustino y Emi se enfría.

–¿No teme topar con la Iglesia?

–La novela está escrita en clave humorística, pero a la vez es seria y rigurosa. Es un tema profundo. Lo abordo desde un punto de vista muy entretenido, que da pie a analizar muchos aspectos.

–¿Pero no da miedo incomodar a cierto estamentos?

–No debería ser así. La novela la escribí durante el año 2019. En el libro abordo todo lo que rodea los sínodos, que tienen mucha miga. O lo que sucede en la “Sala de las lágrimas”, que es donde van a vestirse por primera vez los papas cuando son elegidos. Muchos se emocionan y lloran, por eso se llama así. La Iglesia tiene mucha riqueza. Se puede escribir sobre ella con libertad.

–¿Ve factible la abolición del celibato que refleja en su historia se convierta en real?

–Lo veo una buena fórmula para eliminar todas esas historias de abusos que rodean a la Iglesia. Es una historia mucho más natural, ver a un cura con su pareja, que esa diversidad de la que se habla tanto ahora. He llegado a leer un artículo de una antropóloga que dice que hasta los 25 años no está del todo clara la identidad sexual. Se dice de todo ya.

–¿Es una buena fórmula para el futuro de la Iglesia, ahora que escasean los curas?

–Hay crisis de vocaciones y la abolición del celibato puede ser una solución para en este momento. Pero tengo claro que la Iglesia no va a desaparecer, es una institución que lleva 2.000 años. Está extendida en todos los países del mundo. Tengo muy claro que perdurará.

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