Suscríbete

La Nueva España

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

La etiqueta divide a los conductores: del “es un sacadinero” al aplauso por reducir contaminación

La norma que obliga a llevar el distintivo ambiental causa sorpresa entre los visitantes, que reclaman carteles informativos al entrar a Gijón

Por la izquierda, Paula Suárez, Jorge Suárez y Cristina Hermoso, junto a su coche, sin distintivo ambiental, ayer, en la plaza Estación de Langreo. | Marcos León

Aparca María Cangas en la calle Matadero Viejo, haciendo esquina con Marqués de San Esteban, y busca un parquímetro para pagar la zona azul. Lleva un Ibiza Bocanegra del año 2009 de color blanco. En el parabrisas del coche tiene la etiqueta medioambiental de la Dirección General de Tráfico. En concreto, la “B”, la de color verde. De haber aparcado el próximo miércoles en este mismo punto esta mujer no habría tenido problemas, pero no haberla llevado podría haberle acarreado una multa. Y es que a partir del 1 de junio hay 107.000 vehículos en Gijón, así como los que vengan de fuera, que deberán llevar esta identificación sí o sí para evitar ser sancionados con 90 euros. A Cangas esta medida le genera división, tónica general entre los conductores. “Por un lado, la veo bien, porque el fin último es que se use menos el vehículo contaminante. Pero, por otro lado, lo veo negativo porque afecta al bolsillo del ciudadano”, reflexiona.

José Ramón Fernández, ayer, sin la etiqueta. | M. L.

Esta mujer no es la única a la que esta situación le provoca sentimientos encontrados. Son muchos los que la consideran una muestra de “afán recaudatorio”. Y otros la apoyan al entender que persigue luchar contra la contaminación. La norma, en cualquier caso, se desgaja de la ordenanza de movilidad sostenible. Dice que “todo vehículo que circule o estacione” por la ciudad deberá llevar visible la pegatina de la DGT. Afecta a todo turismo, autobús, camión o moto. En concreto, como desveló LA NUEVA ESPAÑA, a más de 107.000 vehículos solo contando los registrados en Gijón. Pero también a los que vengan de fuera. La disposición no obliga lógicamente a los que por antigüedad no puedan acceder a uno de los cuatro indicadores. Estos coches no pueden desde el 1 de abril sacar el tique para aparcar en la zona azul porque ni los parquímetros ni las aplicaciones móviles se lo permiten, en virtud de la nueva ordenanza.

María Cangas, junto a su vehículo, con la pegatina, en la calle Matadero Viego, ayer por la mañana. | M. L.

Venían ayer de Bilbao a pasar unos días en Gijón los jóvenes Paula Suárez, Cristina Hermoso y Jorge Suárez. Aparcaron en la plaza Estación de Langreo su Skoda y fueron a sacar el tique de la zona azul. Su coche no tenía pegatina, así que de haber hecho esta maniobra el miércoles se habrían podido llevar, como decía “El Canto del Loco”, una receta de recuerdo. “Vemos bien que se trate de limitar el uso de los vehículos que más contaminan, pero para los turistas debería haber más información. Quizás deberían poner carteles en las entradas de la ciudad. Habrá mucha gente que se enfrente a una multa”, apuntaron.

Más rebelde se mostró José Ramón Fernández, que ayer aparcó su Ford muy cerca del parque del “solarón”. Cuenta que se niega a poner la pegatina. “No voy a ponerla bajo ningún concepto porque sigo pagando el impuesto de circulación. Me parece querer recaudar al máximo. Ya solo les falta chupar el aire de las ruedas de los coches”, aseguró. “Es simplemente dinero al bote, por una ocurrencia. Tengo la firme convicción de que esta ordenanza la van a tirar abajo”, añadió. Tampoco está a favor José Luis Fernández, más conocido como “Aguirre”, que explica que tienes dos vehículos con pegatina y dos que no la pueden sacar. “Fabricar coches nuevos es más contaminante que mantener los viejos. Lo que están haciendo es discriminar a los ciudadanos más pobres”, criticó.

Tampoco lo ve con buenos ojos José Antonio García, que llevaba un BMW de empresa. “Es algo que a mí no me afecta, pero creo que todo este tema es más una cuestión política e ideológica que una firme intención de defender el medio ambiente”, expuso.

Silvia Eguizábal y Juan Carlos Menéndez son vecinos de El Entrego y de Madrid. Ayer aparcaron en Marqués de San Esteban y tampoco tenían la pegatina. Cuentan que son habituales de Gijón y que suelen venir, como mínimo, una vez al mes. “Creo que esta medida es un sacadinero, porque llevarla o no llevarla no influye en nada en que contamines o no contamines”, explicó la mujer. “Es algo que se debería avisar de alguna manera, porque es una norma que puede ocasionar muchos problemas a la gente. Si se hace obligatoria, debería ser gratis”, zanjaron sobre una medida que pone a Gijón a seguir la estela de otros municipios donde también se exige llevar el distintivo, como es el caso de Madrid.

Cualquiera de las cuatro pegatinas se puede adquirir en Correos o en talleres de redes autorizadas como la Confederación Española de Talleres. El precio es de cinco euros.

Compartir el artículo

stats