El escritor y colaborador de LA NUEVA ESPAÑA Celso Peyroux (1944, Teverga) presenta hoy su nuevo libro en el Antiguo Instituto, a las 20.00 horas. “El hombre que mató a Vladímir Putin” es el título de este relato, una obra cargada de historia, actualidad y ficción.

–¿Cómo nace la idea de escribir este libro?

–Lo empecé a a escribir el día 21 del pasado mes de marzo, el Día de la Poesía. Surgió cuando iba un tren desde Oviedo camino de Albacete para ver unos familiares y el funcionamiento de dos talleres de poesía que tengo en la Sierra de Alcaraz. Pensé en qué iba a hacer nueve horas en el tren, así que decidí escribir algo sobre el tema del momento: Vladímir Putin. Lo peor que se puede desear a una persona es su muerte, así que me acogí al eco popular y dije: vamos a matar a Putin de aquí a Albacete.

–¿Cómo empieza el relato?

–Me traslado a 1945. Voy dando un paseo por Hiroshima y veo a un señor que está tomando el sol, se levanta y coge una pequeña barca para irse a pescar. De ese momento me traslado a la playa de San Lorenzo, donde hay unos niños jugando, ya en 2022. Ahí empieza la historia. Yo que soy un buen pacifista y filántropo me paro a pensar que cómo es posible que a mis 70 años hubiese pensado que no iba a haber más guerras. Empiezo a hilvanar la historia y veo que en 1987 Ronald Reagan y Mijaíl Gorbachov empiezan a repartirse los reinos de Taifas como si fueran las vestiduras de Cristo. Ahora todo es de la Otan y la Unión Europea, por lo que Putin se lanza a recuperar su reino. Cuando se dan cuenta, los servicios de inteligencia de varios países llegan a la conclusión de matar a Putin.

–¿De qué forma lo hacen?

–Inventan un dron de lo más sofisticado que lo veía todo. Con todo preparado se encuentran con la gran pregunta: vale, ¿y quién lo mata? Empiezan a mandar teletipos, telegramas... a todos los países más importantes. Cuando ya lo dan casi por perdido les llega un mensaje desde Japón, en el que les dicen que tienen al hombre idóneo para llevar a cabo el magnicidio: un arquero llamado Yoshura Michouwayasi, uno de los grandes samuráis de familia centenaria y profesor de kyudo (una disciplina de tiro con arco).

–¿Cómo se lleva a cabo el magnicidio?

–Los servicios de inteligencia mandan al arquero a Okinawa con un traductor de japonés. Los rusos había matado a su abuelo, así que lo convencen. Lo visten de mongol y lo trasladan al Volga. Un mal día para Putin, cuando salía a remar a primera hora de la mañana se produce la ejecución. El 15 de agosto de 2022. El arquero solo podía tirar a ciencia cierta a ochenta metros o menos, por lo que le van avisando de que Putin se acerca. Le atraviesa el corazón y queda a deriva en la lancha.

–¿Cuál es su valoración de la guerra?

–Es un conflicto que no debería haber tenido lugar. Todo sería diferente si hubieran hecho bien las cosas en 1987, ya que de aquellos lodos vienen estos barros. Todos vamos a pagar esta guerra, pero la van a sufrir más los países subdesarrollados. Espero que pueda terminar a final de año, pero una guerra siempre finaliza cuando comienzan las negociaciones. Las dos partes tienen que sentar a dialogar con la intención de perder parte de sus intereses.

–¿Qué pasaría si ahora mismo mataran a Putin?

–Algo parecido a lo que pasó cuando intentaron asesinar a Hitler. Si mataran a Putin es muy probable que los políticos rusos entraran en contacto con los grandes magnates de Rusia para hacer un país diferente. El magnicidio y la mesa de diálogo sería las dos vías para salir de la guerra de Ucrania. Eso sí, por delante el don de la palabra.

–¿Qué proyectos tiene en mente a corto y medio plazo?

–Estoy muy preocupado por la guerra y, si la salud me lo permite, me gustaría ir a hacer algún tipo de ayuda humanitaria, como hice en Haití y en el Sáhara.