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Un fenómeno móvil: así son las food trucks de Metrópoli

Los restaurantes móviles causan furor en el festival

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Los restaurantes móviles (Food Trucks) causan furor en el festival Metrópoli

En el Festival Metrópoli, la comida va sobre ruedas. Un total de 25 furgonetas, que ejercen como restaurantes ambulantes, estarán hasta el 10 de julio al servicio de un público que podrá probar una gran variedad de comida. Desde su inauguración en 2014, el certamen ha basado su oferta gastronómica en estas food trucks, pero este año su auge es enorme. Los vehículos, entre los que destaca la venta de comida rápida, poseen ofertas culinarias de todo tipo, desde comida mexicana a la elaboración de pizzas tradicionales o productos sin gluten.

Lugares de renombre, como Chibiski, El Maizal o la hamburguesería Berty’s, han optado por expandir su presencia entre los clientes y han aparcado en el recinto con sus respectivas furgonetas. «Participar en eventos de este tipo es la mejor manera de acercarnos al público, así nos tienen más presentes y se forma un lazo más familiar», asegura Alexis Pérez, trabajador de El Maizal, que ya tiene experiencia en este tipo de oferta. Un vínculo del que muchos clientes han sido ya conscientes. «Después del covid lo vivimos todo como una primera vez y, aunque hay más cosas por descubrir, siempre es bueno ver sitios conocidos», afirma Francisco González, que disfruta de una segunda ronda de comida en Chibiski.

Poseer este tipo de negocios también supone un gran reto para aquellos cuyo nombre es más desconocido. Sonia Lelauski decidió un día que, aunque su gran pasión era la comida, no era tan seguidora de la rutina y en 2014 fundó «La Viajera», una pizzería en forma de furgoneta con la que ha llegado a recorrer toda España. Ahora vive en primera persona los efectos de la pandemia. «Toca volver a empezar, he tenido que subir los precios de mis productos y se ve menos clientela, la economía familiar está mal y, si hay que elegir entre lo básico y la diversión, es lógico que se opte por lo primero», apunta, con una sonrisa.

Entre la amplia variedad gastronómica que será posible encontrar en el festival hasta su despedida este domingo, destaca el puesto que fundó Eduardo Fernández. En 2016 se percató de que había un nicho de mercado específico en el que aún nadie había probado suerte, las food trucks especializadas en comida sin gluten. Entonces juntó sus tres pasiones, la cocina, conducir y viajar. Así nació La Pavoneta. «Trabajar con este tipo de comida es muy complicado, los proveedores tienen precios más altos de lo común y hacer las masas se hace casi imposible, pero es una manera de facilitar las cosas a aquellos que no lo tienen tan fácil», señala contundente el gijonés, que hoy es responsable de formación y asesoramiento de la Asociación Celíaca del Principado de Asturias (ACEPA), además de formar a restaurantes en ese ámbito.

Metrópoli y sus food trucks también se han convertido en una oportunidad para ir más allá de la comida y jugar con la percepción que existe sobre los tabúes sociales. En los últimos años se ha popularizado el negocio de gofres en forma de órganos sexuales y numerosos locales han abierto especializados en ello. «Lo primero que hace la gente cuando pasa es mirar el cartel, está bien que se naturalice», indica Julen Gamechogoicoechea, al mando del puesto de Erotic Waffles. 

Metrópoli es hoy un paraíso de entretenimiento en el que es posible encontrar oportunidades de todo tipo y, entre ello, las ya icónicas food trucks . «Es la opción más práctica para comer mientras se pasea por el recinto o se ve un concierto», sostiene Alba Monteagudo. Ayer, las colas delante de algunos de los vehículos venían a confirmar el gran tirón que tiene este tipo de negocio, sobre todo, entre los más jóvenes. 

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