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Ángel Junquera Inspector jefe de la Policía Nacional y presidente de la plaza de toros de El Bibio

"Una Semana Grande sin toros en El Bibio es como una fabada sin compango"

"Devolvería a los corrales a todos los que van a manifestarse en contra de la fiesta taurina y lo hacen insultando y faltando al respeto a los aficionados"

Ángel Junquera, en su despacho de la Comisaría. | ÁNGEL GONZÁLEZ

Comenzó vendiendo almohadillas en El Bibio en 1978 para poder ver las corridas de toros que, con el paso de los años, acabó presidiendo. Ángel Junquera Zarza (Gijón, 1959), inspector jefe de la Policía Nacional, echa de menos estos días el trajín diario por la plaza y reencontrarse con los aficionados y personal. No quiere ser el último presidente del coso de su ciudad.

–¿Qué tal la Semana Grande?

–Una Semana Grande sin toros en El Bibio es como una fabada sin compango. A los aficionados se nos ha privado de una actividad que venía habiendo durante más de cien años. Una actividad legal, amparada por la ley, y sin saber por qué. Ahora están con el pretexto de que si la plaza no reúne condiciones para albergar espectáculos.

–¿Ha ido a los toros a Santander?

–No. Estuve en Zamora y tengo apuntadas, casi con seguridad, a las que iré este año. Estaré el 26 de agosto en Bilbao. Y también iré a Palencia, Valladolid y Salamanca. Y yo me lo puedo permitir, pero habrá muchos aficionados gijoneses que este año no vean toros en ningún lado porque no puedan desplazarse.

–¿Y estará en Benia de Onís para la corrida del día 20?

–No voy a estar y me la voy a perder. Igual que el partido del Sporting. Soy abonado, pero no voy a estar en Gijón.

–¿Cuál es su mejor recuerdo en El Bibio?

–Son muchos. La de José Miguel Arroyo, "Joselito", en 2003, las dos presencias de los toros de Victorino Martín en 2006 y 2012. Luego, las actuaciones de José Tomás en 2009 y en 2011, que en ese año tomó la alternativa Diego Silveti. O el mano a mano de Antonio Ferrera y Javier Castaño, que coincidieron en la enfermería y al final salieron a torear los dos, heridos. Y en 2016, una tarde de niebla en Gijón que toreó Enrique Ponce a los sones de "La Misión" como una obra de arte. Y la última feria recuerdo a Roca Rey, que se jugó la vida y logró cortar una oreja a un toro nada bueno.

–¿Y algún novillero?

–Hay que poner en valor las novilladas con picadores en los carteles de las ferias. Recuerdo importantes triunfos de Luis David Adame, José Enrique Colombo, Manuel Diosleguarde e Isaac Fonseca. Los cuatro son ya matadores de toros. Eso es bueno para la Fiesta, por la proyección que pueden tener.

–¿Y el peor?

–Aquella tarde de Miguel Ángel Perera que toreó seis toros. El publico reclamaba el rabo insistentemente y el presidente no lo concedía. Hubo almohadillas, las mulillas se espantaron... Para el equipo gubernativo que estábamos en el callejón fue el momento más conflictivo que tuvimos. Por lo demás, la plaza siempre ha sido ejemplar.

–¿A quién le sacaría el pañuelo verde, que se utiliza para devolver el toro a los corrales?

–Devolvería a todos los que van a manifestarse en contra de la fiesta taurina y lo hacen insultando y faltando al respeto a los aficionados taurinos. Al que vaya de forma respetuosa, no.

–Es negociador policial. ¿Cómo convencería a la Alcaldesa para que reabriese El Bibio y volviera la feria de Begoña?

–Todo lo que le pueda decir yo ya se le ha dicho de parte de todo el mundo, desde aficionados a profesionales. Pero ahora se aducen otro tipo de argumentos, pero el origen estuvo en el día 18 del año pasado cuando dijo que no iba a volver a haber toros en Gijón. Y en aquel momento no sabía si la plaza reunía las condiciones o no. Por eso ahora entiendo que es un pretexto, pero la tauromaquia es legal y le corresponde a los poderes públicos su protección.

–¿Está de acuerdo en que "las prisas para los delincuentes y los malos toreros", como decía Paco Rabal en la serie "Juncal"?

–Para los delincuentes puede, pero yo no hablaría de malos toreros. Hay matadores que tienen una tarde buena y otra normal, pero el torero es una persona respetable. El tiempo pone a cada cual en su sitio. Pero todos los que se ponen delante de un toro, que se juegan la vida, merecen mi respeto y admiración.

–¿Qué hace esta semana cuando dan las seis y media de la tarde y no saca el pañuelo blanco para que comience la corrida?

–No solo a las seis y media. Ya desde por la mañana temprano estábamos en la plaza todo el equipo gubernativo. Ver el desembarco de alguna corrida, papeleo, saludando a los profesionales que trabajan allí, al ambientillo y a los hosteleros de la zona... todo eso se echa de menos. Estábamos de nueve de la mañana a nueve de la noche.

–¿Desde dónde verá los Fuegos este año?

–No los voy a ver. Espero que salgan bien, pero personalmente no los veré.

–¿Cómo ve el ambiente de la Semana Grande?

–Hay mucha gente en la calle. El pasado fin de semana, de la que paseaba por el Muro, dos o tres personas a las que no conocía de nada se dirigieron a mi preguntándome si iba a ver toros. Les señalé el Ayuntamiento y les dije que era ahí donde tenían que preguntar. Si por mi fuera, claro que habría toros. Solo espero no pasar a la historia como el último presidente de El Bibio.

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