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Los bomberos que apagaron el incendio en El Mercante salvaron una imagen de la Santina con las cenizas de los fundadores del restaurante

Urbanismo descarta que el inmueble de la cuesta del Cholo, de 1957 y sujeto a protección, sufra inestabilidad

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Así quedó el bar el Mercante tras el incendio Ángel González

«El Mercante es toda la vida de mi padre, de mi tío y de mis abuelos». Con voz agotada por el cansancio tras no haber «pegado ojo en toda la noche», con la policía científica y responsables de la compañía de seguros realizando pesquisas en el interior del restaurante, Rocío Suárez Varas, una de las responsables del emblemático local, resumió así, ayer por la mañana, el plomizo estado de ánimo de los propietarios del negocio de la cuesta del Cholo, severamente afectado por un incendio el martes. Las causas del fuego originado en la cocina de la primera planta aún no les han sido notificadas. «Tenemos que esperar», añadía.

Rocío Suárez Varas es hija de Marisa Varas y del añorado Julio Adolfo Suárez Solís, quien falleció en noviembre de 2020 y que era dueño, junto a sus dos hermanos, Celso y Susana, tíos de Rocío Suárez, del restaurante. Ella se encargó ayer de hacer de portavoz improvisada de esta familia, muy apreciada en Cimadevilla. Expresó el agradecimiento que siente por las muchas muestras de apoyo que están recibiendo. «No nos para de sonar el teléfono», dijo. Resaltó un gesto de los bomberos. Subiendo la escalera del restaurante hacia el comedor, había una imagen de la Santina con tres recipientes adosados. Estas tres pequeñas vasijas contenían las cenizas de su padre, Julio Adolfo, y de sus abuelos, Celso Suárez y Manolita Solís, los fundadores. «Les dije que no se podía quedar dentro y entraron a por ella. Su empatía fue total», agradeció.

Además de Rocío Suárez, varios miembros de la familia estuvieron ayer por la mañana en el local. Celso Suárez, el carismático dueño, caminaba de un lado para otro, con la frente agachada, y una mascarilla quirúrgica que no camuflaba su gesto de preocupación. Entraba y salía una y otra vez del restaurante, sacando algunas pertenencias. A la puerta, tenía un carrito de la compra, una mochila gris y una bolsa de color azul. Dentro, dos miembros de la policía científica realizaban varias pesquisas. También acudió un responsable de la compañía de seguros y operarios de una empresa que se encargaron de retirar las luces y adornos de las fiestas de Cimadevilla, enganchadas al balcón del edificio.

Marisa Varas, una de las responsables del Mercante, achacó hace dos días a una freidora el posible origen del incendio. Aún se investiga qué sucedió. Fuentes municipales explican que las llamas afectaron a las vigas y a la cubierta de madera del edificio. Estos dos elementos se derrumbaron parcialmente en el interior del inmueble. Los destrozos son perfectamente visibles desde la calle Artillería, ya que las ventanas del local que dan a esta vía estaban reventadas. El olor a quemado lo impregna todo. Las mismas fuentes municipales añaden que el área municipal de Urbanismo tiene aún que hacer un verificación del inmueble, pero inicialmente se descarta que la estabilidad «este comprometida». El edificio del Mercante fue construido en 1957 y está sujeto a protección parcial como bien incluido en el catálogo urbanístico.

Rocío Suárez extendió su agradecimiento a todos los que participaron en el operativo para controlar el fuego. Es decir, a sanitarios (se atendió a ocho personas afectados por inhalación de humo), agentes de la Policía Local y Nacional y a los vecinos de El Planeta y Las Ballenas. Ricardo Veiras, camarero de este último restaurante anexo al Mercante, fue el que dio la voz de alarma. Ayer, muchos gijoneses expresaron su pesar por lo sucedido en el Mercante. Hasta una guía turística explicaba ayer a varios viajeros la importancia de este negocio ayer al mediodía. «Me enteré porque un amigo me pasó un vídeo. Es un sitio de ocio muy querido», analizó Diego Ampudia, ayer en el tránsito de Las Ballenas. «Es mítico de Gijón, como lo es la cuesta del Cholo», apuntó Pablo Palmeiro, un amigo del primero.

«Es gente que lleva toda la vida con el negocio. Ojalá se recuperen pronto, porque sin ellos se pierde esencia», expresó José Ramón Granda, otro gijonés. «Me quedé muy sorprendido con los destrozos, no creí que fuera tanto», valoró Luis Fernández, acompañado ayer en la calle Artillería por Pelayo Miranda, un avilesino asiduo de esta zona de Gijón. «Toda este lugar es muy importante para Gijón», zanjó este en referencia al Mercante y a la cuesta del Cholo, cerrada aún ayer por vallas a causa del incendio.

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