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La figura de la semana | Emilio Rubio Blanco Responsable de la Sidrería La Montera Picona de Ramón, ganadora de Gijón de Sidra

El hostelero de los sueños cumplidos

Futbolero y trabajador infatigable, dejó su puesto de director comercial en una empresa de transporte para montar una sidrería junto a su pareja

El hostelero de los sueños cumplidos

El hostelero de los sueños cumplidos / Pablo Antuña

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Pablo Antuña

Pablo Antuña

Los que le conocen en su sector actual aplauden su valentía: "Tomó una decisión muy arriesgada, es muy de valorar, pero se le ve que le encanta y lo disfruta. Es un trabajador infatigable". Porque Emilio Rubio (1972), responsable de la Sidrería La Montera Picona de Ramón, en El Llano de abajo, decidió dar un giro total a su vida hace diez años. Pasó de ser director comercial en una empresa de transporte, para embarcarse "por amor y por un sueño", como él mismo reconoce, en el mundo de la hostelería. Comenzó una aventura junto a su pareja actual, Alejandra Venegas, en la que aún se mantienen, que los ha llevado a ganar el premio de Mejor Sidrería en el certamen gastronómico Gijón de Sidra. Y a la vez, con esta distinción, Rubio alcanza un sueño. "Lo tenía entre ceja y ceja. Era casi una obsesión, este certamen lo viví como cliente antes y ya me apasionaba, y ahora, trabajando, es una delicia estar diez días con este nivel de trabajo, como si fuera un equipo de fútbol, que tienes que estar día a día a tope", confiesa.

En El Llano, muy cerca de donde nació, tiene su negocio, que es como su segunda casa. Rubio ha vivido por varios barrios de Gijón, pero siempre ha mantenido su vinculación con sus orígenes. Su aventura hostelera comenzó en la Cafetería Alejandría, junto a su pareja. Adquirieron después la Parrilla Ramón, antes de coger también La Montera Picona. La pandemia les hizo desprenderse de una de ellas. Pero sin que decayese su ánimo de pelear por seguir adelante en este mundo. "Siempre tuve ganas de tener una sidrería, vengo de esa cultura, era un cliente asiduo. Pero cuando entré no era consciente de dónde me metía", cuenta Rubio. "Me rodeé de muy buena gente, de un gran equipo, que me enseñaron mucho desde el primer momento", añade.

Padre de dos hijos con su anterior pareja, Carolina y Celso, a sus 50 años ya es abuelo de dos nietos, Valeria y Marco, que son su verdadera pasión. "Son su motor, los que le han hecho despegar de nuevo con fuerza", relatan sus colegas del mundo de la hostelería. El sector, que exige una gran dedicación y sacrificio, provoca que los momentos en familia se le presenten como el mayor refugio. Cuando no está trabajando en La Montera, que es como su segunda casa. A Emilio Rubio es fácil encontrarle en su casa con sus nietos y sus seres cercanos.

Aunque no le queda mucho tiempo libre, este hostelero gijonés encuentra cuando puede un instante para disfrutar del deporte. Como aficionado, disfruta con los partidos del Sporting. O practicándolo cuando puede entre amigos. Porque el fútbol siempre le encantó, hasta el punto de que llegó a competir como portero del Llano 2000. Incluso, su legado se mantiene, ya que su hijo juega en el mismo club y ocupa también la misma demarcación.

Destacan los que le tratan que Emilio Rubio es una persona prudente, trabajadora y de pocas palabras: "Si habla mucho o levanta voz, mala señal, es que tiene que ser por algo que realmente lo merezca". Tanto ahora en la hostelería, como antes en el sector de los transportes, sus compañeros y clientes inciden en su profesionalidad y su buen trato, una máxima que el propio Emilio Rubio intenta que aparezca siempre en su día a día. "Me considero una persona noble, que huye de los conflictos, y muy echada para adelante y trabajador. Estaba cómodo en un sector que controlaba para meterme en otro desconocido", señala.

Volviendo a su día a día en la hostelería, Emilio Rubio tiene claro por dónde pasa su futuro. Es un defensor a ultranza del escanciado. "Respeto los aparatos y tapones, pero no es lo mismo; si puedo evitarlo, no los tendré", analiza este hostelero gijonés. "No entiendo la sidra sin escanciado, sin levantar los brazos", enfatiza.

Sus parroquianos tienen en La Montera un rincón especial, que en muy buena parte se debe al trato que ofrecen tanto Emilio como Alejandra. "Te hacen sentir como en casa, son super agradables", afirman de una sede en la que se vibra con el Sporting, que tiene en una decoración muy cuidada y que ahora también apuesta por la música en directo. Pero sin perder la esencia de sidrería, lo que para Emilio Rubio es mucho más que una bebida: "Es nuestra cultura, trabajar en torno a ella es todo un lujo".

Emilio Rubio.

Emilio Rubio. / Mortiner

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