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El Antiguo Instituto, 225 años de luz

El edificio, que fue segunda sede del centro educativo y ahora referente cultural de la ciudad, recibe el aplauso de los gijoneses por su aniversario: "Cumple una gran labor"

El Centro de Cultura Antiguo Instituto. | Marcos León

El Centro de Cultura Antiguo Instituto. | Marcos León / Sergio García

Sergio García

El Centro de Cultura Antiguo Instituto está de celebración. Mañana, 12 de noviembre, se cumplen 225 años desde la colocación de la primera piedra que dio lugar a uno de los edificios más emblemáticos de la historia local. Nació como segunda sede del Instituto Jovellanos, cuya primera ubicación estuvo en Cimadevilla, en la casa del Forno. Gaspar Melchor de Jovellanos consiguió así su propósito de crear un centro formativo vinculado a la náutica y a la mineralogía. Desde entonces, no ha parado de dar luz a la vida cotidiana de los gijoneses.

El traslado del Instituto Jovellanos a su actual ubicación, en la avenida Constitución, tuvo lugar en 1964. Se abrió entonces un período distinto para el céntrico edificio, que se convirtió en un "multiusos", como asevera el historiador Héctor Blanco. El Museo de la Gaita o la sala de exposiciones Nicanor Piñole encontraron en él su refugio. Incluso se instaló en el espacio la única biblioteca pública que había por aquel momento. Ya en la década de los noventa, el inmueble se reconvirtió en centro cultural, función que mantiene. "Esta fase fue fundamental para el impulso de la Universidad Popular", apunta Blanco, que reivindica la "repercusión" que tuvo para la ciudad la puesta en marcha del instituto en época de Jovellanos. "Significaba mucho contar con un centro de formación científica y práctica de primer nivel", explica.

El Centro de Cultura Antiguo Instituto. | Marcos León

Por la izquierda, Domenica Porretta, Enol Zapico, Marcos Zapico y Alba Pollo, ayer, en el patio del Centro de Cultura Antiguo Instituto. | Marcos León / Sergio García

Elena González y Guillermo Menéndez, ambos gijoneses, son usuarios habituales del Antiguo Instituto, al que acuden para asistir a un curso de la Universidad Popular. "El saber no ocupa lugar", afirma Menéndez, que destaca la evolución que ha experimentado el espacio. "No tiene nada que ver con cómo era antes", destaca. Y ensalza el valor del centro cultural. "Se debe conservar sí o sí", asevera. En una línea similar se muestra González, que reivindica su "importancia" para la ciudad. "Es un edificio emblemático", declara la vecina. "Lo conocemos de toda la vida", remata.

Carme Chinea también es una visitante habitual del centro, aunque no tanto como en la etapa previa a la pandemia. "Antes venía mucho por el teatro o por la música", comenta Chinea, que ensalza el "mérito" que tiene el Antiguo Instituto por "su oferta tan variada". "Cumple una gran labor", asegura Carme Chinea, que confía en que el espacio supere las dificultades de la pandemia y "vuelva a activarse". Asimismo, la visitante menciona la ubicación del edificio como factor relevante para explicar su importancia en la ciudad.

Otro de los atractivos del Antiguo Instituto reside en las exposiciones artísticas que alberga. A visitar una de ellas se acercaron ayer Miriam Amengual y Jorge Porté, también habituales. "Es un puntal en cuanto a lo que sucede culturalmente y con una visión crítica muy interesante", comenta Amengual, que elogia su "modernidad" y su capacidad de atraer a muchas personas, "también a la juventud". Mientras, Porté pondera su facultad para evolucionar. "Se reinventa con el paso del tiempo", avala el visitante, ensimismado al contemplar una de las piezas que integran la exposición "Lee Friedlander". Ambos coinciden en que el centro no debe temer por su futuro. "Haciendo lo que se hace, está garantizado", vaticina.

La evolución y las reformas del edificio situado junto a la plaza del Instituto, a la que da nombre, conducen hasta este sábado, fecha en la que se conmemoran los 225 años de uno de los emblemas culturales y formativos de Gijón. El sueño cumplido de Jovellanos.

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