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Anna Caballé Masforroll | Académica y experta en biografías, participa en el Congreso de Escritores de Gijón, que empieza hoy

"La biografía era un género menor, pero está en su mejor momento"

"El déficit que teníamos en España lo cubrieron en su día autores internacionales como Paul Preston e Ian Gibson"

Anna Caballé. | Juan Plaza

La académica Anna Caballé (Barcelona, 1954), biógrafa de pensadores como Concepción Arenal (con la que ganó el Premio Nacional de Historia), Francisco Umbral y Carmen Laforet, es una de las invitadas de honor al Congreso de Escritores que se celebra desde hoy y hasta el lunes en Gijón. Explica que, tras años de ser considerada un género minoritario, la biografía en España está hoy en su mejor momento.

–La biografía sigue siendo un poco el patito feo del panorama literario pero, con el auge del "biopics", ¿se espera que el género crezca?

–La biografía, en el seno de la cultura española –porque en otros ámbitos, como la anglosajona y la francesa, tuvo y tiene mucho empuje–, sí, siempre ha sido el patito feo tanto desde los géneros históricos como de los literarios. Estos formatos de la biografía, los diarios y los dietarios, tan vinculados a una vida real, viven a caballo entre la literatura y la historia, y en la cultura española ha habido un déficit que se acabó cubriendo por el hispanismo internacional.

–El principal biógrafo de Lorca es Ian Gibson, irlandés.

–Y el de Franco, Paul Preston. Y Gibson hizo también las biografías de Dalí, de Machado, de José Cela. No lo digo como un reproche, pero es una observación que llama la atención y que, también, tiene sus explicaciones. La falta de libertad de expresión en el franquismo hizo que no se pudiese hablar con libertad de vidas humanas que, como todas, tienen su complejidad. No se podía hablar de Machado sin mencionar la República. Y, sobre los "biopics", quizás sí ha servido para crear interés desde el punto de vista comercial, pero en el caso del público creo que el interés viene un poco de antes. No sé, hitos como "Las cenizas de Ángela" (la biografía de Frank McCourt) o las obras "El mundo de ayer" y "Momentos estelares de la humanidad", de Zweig. Y desde la academia también estamos trabajando mucho para que la biografía tenga la legitimidad que se merece.

–¿Por ejemplo?

–Se están haciendo esfuerzos desde varias direcciones, aprovechando en parte el renovado interés por la no ficción. Una no ficción, además, que ha tomado muchos elementos prestados de la narrativa, creando un espacio literariamente muy interesante.

–Un ejemplo reciente puede ser la biografía de Gabriel Ferrater. Se lee como una novela.

–Precisamente su autor, Jordi Amat, fue "discípulo" mío (ríe). Y sí, se lee como una novela, de hecho omite las fuentes en la redacción y a mí, y esto ya lo comenté con él y otros compañeros, no sé si me convence. También lo hizo Carrère con "Limonov", supongo, que para que la narración se baste a sí misma. Pero yo aún creo que está bien respetar y acreditar las fuentes. Lo que también creo es que estamos en la mejor época para la biografía en España, con una escuela ya formada con criterios de libertad y madurez.

–Comentábamos que el género fue siempre minoritario, pero usted lee biografías desde bien pequeña. Y muy densas.

–(Ríe) Siempre lo cuento a modo de anécdota. A mi padre le gustaban mucho y en su biblioteca, en realidad, lo más narrativo que había eran biografías. Leí muchas y me sorprendió mucho ir a la universidad y ver que no jugaban ningún papel en la vida académica. No tenemos una completa de Góngora, de Quevedo. De Cervantes se empiezan a hacer ahora. Y hay una falta tremenda de información, de detalles de la vida cotidiana de estos autores, que complican nuestro trabajo.

–¿Cómo ve el género de los diarios y los dietarios? Se han publicado los de Juan Marsé y ahora, por tomos, los de Rafael Chirbes.

–Los diarios también eran un género menor y están experimentando un grandísimo crecimiento ahora. Tenemos diaristas de mucho peso.

–También aportarán una fuente documental para los biógrafos del futuro.

–Sí, será muy interesante. Pero hay que distinguir los que se publican en vida del autor o que el autor dejó preparados, como los de Chirbes, de las publicaciones de diarios auténticos, como son los que acaban de salir de Patricia Highsmith, que no parece que tuviese intención de darlos a conocer.

–¿Cuál es el límite ético ahí?

–Es uno de los grandes debates. Digamos que hay dos escuelas. La partidaria de publicarlo todo, bajo la premisa de que el biógrafo no debe elegir qué le oculta al lector, y la que entiende que debe prevalecer el honor de la persona. Es debatible, pero yo defiende publicar lo máximo posible.

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