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La antigua sede de la Autoridad Portuaria: el edificio de las sorpresas

Las novedades relacionadas con el proyecto hotelero previsto y su impacto en Cimavilla

La sede de la Junta de Obras del Puerto de Gijón, tal como fue diseñada por el ingeniero Manuel Sanz Garrido. Modesto Montoto. Muséu del Pueblu d'Asturies

Las novedades relacionadas con el proyecto hotelero previsto en el puerto deportivo han sido todo un sorpresón. Hace unos días, LA NUEVA ESPAÑA desvelaba que la centenaria sede de la Junta de Obras del Puerto (JOP), destinada a ser reconvertida en hotel de lujo, ha pasado de tener protección en el Catálogo Urbanístico a ser derribable. Nada había trascendido al respecto pero resulta que, ¡oh sorpresa!, ya es un hecho consumado.

El consejo de administración de la Autoridad Portuaria de Gijón vendió en subasta el edificio a Miramar Apartamentos, sociedad vinculada a la cadena hotelera Abba, por 3.111.500 euros en octubre de 2020. La nueva propiedad lo adquirió para usos hoteleros sin que el PGO entonces los admitiese para ese inmueble, que también contaba con protección en el Catálogo Urbanístico. Cierto es que el cambio de uso era viable y que el nivel de protección era limitado a fachadas, una escalera modernista y la sala de juntas, el resto de la construcción podía reestructurarse sin mayor problema.

Pero, ¡sorpresa!, dos años después ya no existe protección alguna, de hecho se ha descatalogado el inmueble con extrema agilidad, antes incluso de tramitar la modificación del Plan Especial de Cimavilla para permitir que lo que allí se haga pueda tener uso de hotel, apartahotel, apartamentos turísticos o similar, ya que aún no ha trascendido cual será finalmente el meollo del negocio.

En su momento se enajenó esta propiedad pública en un contexto condicionado por las limitaciones citadas, si se licitase ahora es evidente que el precio no sería igual, que la concurrencia sería mayor y más elevadas las ofertas. Se habla de que no se variará la volumetría pero, ¡sorpresa!, sí se apunta ya a que se obtendrá un mayor aprovechamiento: una planta más a la que se añade, obviamente, la oportunidad de sacar también rendimiento del subsuelo de la parcela con una o dos plantas bajo rasante.

Vista actual de la antigua sede de la Autoridad Portuaria. | Marcos León

Presuntamente la operación ha terminado siendo un total fiasco para el erario público. Qué bien vendrían aclaraciones al respecto. Igual también resultan sorprendentes.

Una carambola que también implica la consiguiente ventaja a la hora de ejecutar la obra, como si de un solar se tratase, ya que el edificio existente pasará a ser chatarra y escombro. Y a ver si también se pretende dar igual finiquito al muro de contención ubicado tras él, levantado en tiempos de Jovellanos.

Y esto no es todo: este es otro paso en el proceso de eliminación del pasado industrial de Cimavilla. De la Fábrica de Cigarros, Tabacalera, apenas queda nada ya que la factoría se ha desmantelado íntegramente –con excepción de un puente grúa–, para intentar volver al convento que fue en su origen y que ya no era desde hacía más de siglo y medio. Eso sí, con el añadido en su exterior de un zócalo de hormigón cuestionable por la agresión visual y la alteración estética que supone para el conjunto.

La fábrica de Conservas Ojeda, fantástico ejemplo de la arquitectura racionalista que hubiese sido posible adaptar a otros usos, se derribó hace treinta años. Poco después el garaje Pelayo, en la vanguardia de la arquitectura de mediados del siglo XX, fue desmantelado y reconvertido en un edificio de viviendas anodino... De ese pasado industrial y portuario ya sólo quedaba esa antigua sede de la extinta JOP, una obra ingenieril, la única construcción del barrio realizada íntegramente con material latericio y cuyo único problema era el pegote que se le añadió en su flanco izquierdo hace unos cuarenta años. El derribo de esa parte –en una sitcom aquí se oirían las risas enlatadas de fondo– sí que haría recuperar al inmueble su empaque original.

Ciertamente, si de nuestro barrio Alto se hiciese una valoración individualizada construcción a construcción muy pocas tendrían por sí mismas valor arquitectónico, la cuestión es, ¡oh sorpresa!, que el valor patrimonial de Cimavilla es su carácter de conjunto. Por eso el barrio está incluido en la lista de Bienes de Interés Cultural del Principado de Asturias, de acuerdo con su declaración de conjunto histórico-artístico en 1975. Pero, ¡sorpresa!, parece que todo esto no se contempla en el caso en cuestión, convirtiéndolo además en un antecedente muy preocupante, mientras que a la actual corporación municipal el asunto le parece una maravilla.

Y la gran sorpresa final, es obvio, está por venir porque ahora ¿qué es lo que se va a construir ahí?

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