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De viaje con Jovellanos

De paseo por Villafranca del Bierzo

El prócer se detiene en varios de los edificios de la población y se relaciona con algunos de sus habitantes antes de regresar a Cacabelos

Palacio-fortaleza de los marqueses de Villafranca, en Villafranca del Bierzo.

Palacio-fortaleza de los marqueses de Villafranca, en Villafranca del Bierzo.

Pablo Vázquez Otero

Pablo Vázquez Otero

Pues llegaba Jovellanos a Villafranca del Bierzo y hacía una serie de visitas casi protocolarias de algunas personas, como vimos en el anterior capítulo. Pero nuestro viajero va a algunos lugares de la población que son, cómo no, referenciados en su diario. Así, por ejemplo, nos dice esto en aquella mañana del 19 de junio de 1792: "Salida a ver la colegiata. Nueva sala capitular por dibujos de Don Guillermo Casanova; se gastaron cuatrocientos mil reales para hacer una pieza en que se desnudan los canónigos, y encima otra para sus juntas, y una escalera para subir a ella. Se pudo hacer más con menos. La iglesia es un mixto de arquitectura gótica y media: las bóvedas de la alta y ancha nave principal descargan sobre columnas robustísimas; éstas sobre fuertes pedestales cuadrados, y éstos sobre grandes zócalos con plinto redondo de enorme diámetro".

Y prosigue su relato con detalle: "Falta como una mitad de la iglesia, que quedó en los arranques, y que continuada y construyéndose un tabernáculo en medio del crucero, y trasladando el coro al actual presbiterio, daría una iglesia, si no bella y regular, porque la forma y proporciones de las columnas siempre disonaría, por lo menos grandiosa y seria. Dicen que no hay dinero, pero se gasta el que hay en obras pequeñas. Se construye actualmente un retablo de estuco, según plan del mismo Casanova. La planta es sobre un plano semicircular; zócalo, pilastras, cornisamento, un pequeño segundo cuerpo, todo sigue esta forma. ¿No hubiera sido mejor hacer el retablo de buena berroqueña que hay por aquí? No costaría más. Un grupo de madera para el intercolumnio principal, que representa la Asunción de Nuestra Señora, y se está acabando en el coro, es obra de mérito, ejecutada por el escultor de Madrid D. José Guerra. Está ajustado en diez y ocho mil reales. Todo esto lo costea el marqués de Villafranca, que es el patrono, porque la iglesia no tiene fábrica".

Nuestro viajero no da puntada sin hilo. Como se puede observar da una clara y nítida visión de la colegiata de Villafranca, que por cierto es una muy interesante obra arquitectónica y con una historia densa tras sus muros. En el lugar, existió un monasterio ligado a la mítica orden de Cluny, construido en torno a finales del siglo XI. De hecho, se conserva el documento en el que el abad Hugo de Cluny le agradece a Doña Urraca, reina de León, las donaciones en nombre de la casa de Borgoña. Pero la crisis que afectó al monasterio en los siglos XIV y XV hizo que el II Marqués de Villafranca, a la sazón, Pedro de Toledo, que era virrey de Nápoles, plantee construir un magnífico edificio que mostrase el poder que el marqués y su familia tenían en aquellos momentos del siglo XVI; y la iglesia es resultado ya de aquella idea. Planta basilical de tres naves y cabecera de cinco lados con varias capillas adosadas, con estilos entremezclados, donde vemos gótico, renacimiento y barroco. Destaca, como nos dice, el retablo del altar mayor dedicado a la Asunción de la Virgen. Casi contemporáneo con don Gaspar es el coro, muy barroco, la silla abacial con el tema "del buen pastor" y un magnífico escudo de los marqueses de Villafranca.

En la Colegiata, desde sus obras en el XVI hasta su terminación, pasaron 200 años, de ahí ese cóctel estilístico. Aún así, en pleno apogeo, llegó a estar gobernada por un abad con mitra y 24 canónigos, con más de 60 parroquias bajo su jurisdicción y control.

Aquella tarde aún nos da otra información de una nueva visita, dice así: "Fuimos a San Francisco, situado en el cerro, a que se sube por diez y seis escaleras hasta el plano del convento; vimos al reverendísimo Flórez, nuestro paisano, y de allí al palacio o alcázar del marqués: gran jardín, hoy convertido en heredad de viña, olivar y huerta de fruta y hortaliza. Sublime encina en el extremo. La huerta comprende parte de la jurisdicción de Villela, y en ella está la encina. La bajada al pueblo es enorme, y la subida desde la calle principal al mercado, a la colegiata, al pie de la escalera que sube a San Francisco, lo es también".

Otro lugar sin duda emblemático de Villafranca, es el antiguo monasterio de San Francisco, de nuevo en sus orígenes relacionado con Urraca de León, ya que en la primigenia ubicación fue fundado por esta reina en 1213. En 1285, se traslada a su lugar ya histórico y tradicional, conservándose hoy de esta época la portada románica, porque la parte alta de la fachada y las torres son añadidos barrocos del XVIII. En el siglo XV y bajo patrocinio de los condes de Lemos, tiene una importante ampliación en el interior de la iglesia. Y el gótico se convierte en protagonista. Y no se puede ir uno de este lugar sin echar el ojo hacia arriba y ver y gozar del espectacular artesonado de estilo mudéjar, también del siglo XV, con los escudos de armas de los condes de Lemos y Señores de Villafranca. Obra más que reseñable y de obligada visita.

Y, cómo no, Jovellanos conoce el castillo-palacio de los marqueses de Villafranca, auténtica joya de la población berciana. Los orígenes a nivel constructivo del castillo hay que colocarlos hacia 1515, cuando el II marqués de Villafranca, el citado Pedro Álvarez de Toledo y Zuñiga y la que era su mujer, María Osorio Pimentel, que por cierto, era la legítima marquesa, ya que su esposo lo fue como consorte, hacen lo que podemos denominar mudanza ya que de su residencia en el castillo de Cornatel se vienen aquí. El castillo fue construido con el permiso de la reina Juana I de Castilla sobre los restos de otro asentamiento más antiguo. A posteriori, otros marqueses fueron transformando el castillo en una auténtica fortaleza.

Avatares varios tuvo el castillo, con la guerra de la independencia por medio, siendo usado incluso como cuartel. Fue ya a mitad del siglo XIX cuando es restaurado por Joaquín Caro Álvarez de Toledo y quedó finalmente tras su muerte bajo la posesión de María Manuela Caro y Carvajal, hija del III conde de Peña Ramiro. De este modo y con todas las circunstancias históricas, es como la fortaleza permaneció bajo la misma línea de sucesión de los marqueses de Villafranca del Bierzo. Hasta hace poco, se mantuvo en la propiedad del que fue marido de María, el director de orquesta Cristóbal Halffter, fallecido recientemente, en el año 2021, quedando el legado en sus hijos.

A nivel constructivo es una planta cuadrangular, con cuatro magníficos torreones circulares en sus ángulos que sobresalen muy poco de la altura general del parapeto del castillo, teniendo el interior de las torres tres pisos. Su muro es de mampostería, usando de modo abundante pizarra, muy común en la zona, y ladrillo. Destaca su gran patio central a partir del cual se organiza todo el conjunto. Sin duda, importante construcción nobiliaria que Jovellanos pudo conocer.

Hace noche nuestro protagonista en Villafranca y escribe esto antes de cerrar el día 19: "Despedida a la una. Es gente de trato alegre, franco y bastante fina". Nos lo imaginamos disfrutando de una agradable velada y charlando de múltiples cuestiones.

El día 20, retorna camino y va hacia Ponferrada de nuevo y vamos a ver cómo se saca una espina al visitar algo que había dejado sin ver días antes y de importancia histórica como reseñé en capítulos anteriores: "Miércoles, 20. Poco sueño. Salida con don Ramón Blanco. Antes de llegar a Pieros subimos al sitio de Castroventosa. La subida es suave; se ven los cimientos de la muralla, hecha de guijarro grande y hormigón, al parecer obra romana. Los pedazos de ladrillo, de barro del país, con granos de cuarzo bien cocido, y de dos pulgadas de grueso y de gran tamaño. Creo, sí, que este castillo fuese romano, porque no me parece que puede pertenecer ni a los suevos, ni a los godos, ni a los reyes de Asturias".

Finalmente, sube a Castroventosa y observa los restos que identifica como romanos. Y regresa hacia Cacabelos. Lo que acontezca seguidamente lo vemos en el próximo capítulo.

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