La Escalerona cumple 90 años en familia: "Es un orgullo ver que todo el mundo la conoce"
Los descendientes de José Avelino Díaz y Fernández-Omaña y de Miguel Díaz Negrete celebran las nueve décadas de "la gran postal de Gijón"

Delante, por la izquierda, los tataranietos de Fernández-Omaña Jaime y Gabriela Alvargonzález Arranz, Gabriela Díaz-Negrete Capa y Guillermo Alvargonzález Arranz, y detrás, por la izquierda, Miguel Díaz-Negrete Palacio (bisnieto), Ana Díaz-Negrete Sanz (nieta), Belén Díaz Negrete Sanz (nieta), Antonio García Porrúa, Ángela Díaz-Negrete García (bisnieta) con su hijo Álvaro Hernández Díaz-Negrete (tataranieto), Marta Jover Díaz-Negrete (nieta), Agustín Meana, Pablo García Díaz-Negrete (bisnieto), Miguel Díaz-Negrete Sanz (nieto) y Luis Alvargonzález Díaz-Negrete, ayer por la tarde, en el paseo del Muro de San Lorenzo, delante de La Escalerona. | David Cabo / Pablo Palomo
"Mi padre tenía adoración por toda la obra de mi abuelo, pero especialmente por La Escalerona". Quien habla es Ana Díaz-Negrete, hija de Miguel Díaz Negrete y nieta de José Avelino Díaz y Fernández-Omaña. Ellos son los dos arquitectos cuya firma está ligada inexorablemente a uno de los más símbolos más grandes de Gijón: la Escalera Monumental de acceso a la playa de San Lorenzo o como la conoce todo el mundo, La Escalerona. Los peldaños más famosos del litoral gijonés celebraron ayer su noventa aniversario como se merecían. Con un sol radiante en lo alto del cielo y con el calor reflejado en su termómetro siempre apunto para llenar el arenal gijonés. Por megafonía se recordó a todos los bañistas que un 15 de julio de 1933, es decir, hace nueve décadas, se dio por inaugurado ese gran balcón al mar. Para conmemorar la efeméride, LA NUEVA ESPAÑA reunió ayer a varios nietos, bisnietos y tataranietos de Fernández-Omaña, el arquitecto que hizo la obra original en tiempos de la II República, y descendientes también de Miguel Díaz Negrete, el profesional que se encargó de su remodelación inaugurada en 2002 e hijo del autor original. "Es un orgullo ver que todo el mundo la conoce", señalan los familiares.
La historia de La Escalerona es apasionante. Tras el crac del 29, y con centenares de obreros en paro en la ciudad, Gijón apostó por emular el "New Deal" de los estadounidenses y emprender una serie de obras públicas para tratar de salir del pozo. El alcalde de la época era Gil Fernández Barcia, que comenzó a planear la construcción del acceso al arenal a primeros de año. En una sesión plenaria de enero de 1933 los concejales de la época rechazaron construir un hospital municipal, pero dieron luz verde para encargar al arquitecto José Avelino Díaz y Fernández-Omaña el proyecto de la nueva escalera, de corte racionalista, frente a la calle Jovellanos. A Casa Gargallo se le adjudicaron tiempo después los trabajos que duraron poco más de un mes. El 15 de julio La Escalerona fue realidad.
Ana Díaz-Negrete tiene frescos los recuerdos. Cuando Fernández-Omaña falleció ella tenía quince años. Además, trabajó durante más de cuatro décadas en el estudio de arquitectura de su padre, Miguel Díaz Negrete. "Mi padre, durante toda su vida se dedicó a recopilar cosas sobre la obra de su padre. Era de los que no tiraba nada. Donamos hace un tiempo todo su archivo al Museo Jovellanos y en todo ese material hay un apartado con toda la historia de La Escalerona y de su rehabilitación", enuncia. Marta Jover Díaz-Negrete también es nieta del arquitecto que construyó los peldaños en 1933. Residente en Somió, cuenta que tiene que pasar todos los días por delante de la obra de su abuelo para llegar a su puesto de trabajo. "El mar y la playa da tantas satisfacciones que el hecho de que le encargaran a mi abuelo el proyecto hace que disfrute de ella todos los días cada vez que paso por delante", relata. Pablo García Díaz-Negrete es, por su parte, bisnieto del autor original de la estructura. "La postal que todo el mundo tiene en la cabeza de Gijón es la vista de San Pedro desde La Escalerona", reconoce. "Que la hiciera mi bisabuelo es motivo de orgullo para mí", añade. "Además se ve desde muchas zonas, desde el Cerro de Santa Catalina y pasado también El Rinconín", apostilla Marta Jover.
La Escalerona es hoy lo que es gracias en parte también a una importante actuación para su remodelación que le fue encargada al arquitecto Miguel Díaz Negrete. Ana Díaz-Negrete conoce muchos secretos de aquellos trabajos. "Fue una reconstrucción muy laboriosa. Mi padre quería ser riguroso con todo lo que había. Fue complicado encontrar un pavés que fuera similar, los relojes o los barómetros. Quería que todo fuera lo más parecido posible a la obra original", señala. Gijón le tiene reservado a José Avelino Díaz Fernández-Omaña una plaza con su nombre. Es la que está al pie del colegio San Lorenzo. "La alcaldesa Paz Fernández Felgueroso le dijo a mi padre de ponerle el nombre de una calle y fue él quien eligió esa zona porque, aunque no sea quizás la plaza más relevante de la ciudad está mirando hacia La Escalerona y eso le pareció muy interesante", revela Ana Díaz-Negrete. La decisión fue un acierto porque si ese lugar ya goza de un encanto especial el hecho de que conmemore a un hombre tan relevante en la historia de la ciudad le hace ganar más enteros. "El éxito de La Escalerona es que tiene noventa años y que no parece para nada obsoleta", añade Pablo García. Y es que los peldaños más famosos de San Lorenzo, La Escalerona, serán uno de los mayores iconos de Gijón pase el tiempo que pase.

Los familiares, en la Escalerona. / DAVISCABO
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