La figura de la semana | Manu García Pereira Campeón del mundo de kickboxing
Manu García Pereira, el pluriempleado que mejor pega
Agresivo sobre el ring y tranquilo fuera de él, le apasionan los deportes de riesgo y ha compaginado su carrera con varios trabajos

El pluriempleado que mejor pega. / Sergio García
Puede sonar a tópico decir que Manu García Pereira es de los que se transforma cuando se sube a un cuadrilátero, pero es la tozuda realidad. Que se lo pregunten a Luca Mameli, al que venció en Italia para alzar el Campeonato del Mundo de la WAKO, la asociación más relevante de kickboxing y la única reconocida por el Comité Olímpico Internacional. Lo hizo con contundencia, con un KO en el segundo asalto. ¿Para qué alargarlo? Un "veni, vidi, vici" de manual para este joven nacido el 26 de mayo de 1995 en León, pero muy gijonés de corazón.
Durante su infancia, Manuel es un trotamundos. León, Alicante, Galicia... En un pueblito gallego se crió con sus abuelos por los problemas que atravesaban sus padres. Para definir sus primeros años de vida, habría que huir de la palabra "fácil". A Gijón se trasladó a los nueve años. A su vera, su madre, Cristina, y su hermana Melissa, cuatro primaveras mayor que él. Una vivienda en el barrio de La Calzada fue su primer contacto con la ciudad. En la zona oeste, disfrutó de una de las mejores etapa. Había una pista en la que desplegaba toda la energía infantil que llevaba dentro.
Posteriormente, residió en Contrueces. Y, desde hace unos dos años, vive en Moreda, solo. Se independizó al año de cumplir la mayoría de edad, si bien lo de asumir responsabilidades no le pesa. Tiene experiencia, las circunstancias le han obligado a ello. Académicamente, él mismo confiesa que no ha sido el estudiante más brillante. Se formó en el colegio Lloréu y en el instituto Montevil. Hace nada se sacó un grado superior de Robótica y se encuentra en una empresa con un contrato de prácticas. Lo compagina con los entrenamientos, aunque desearía tener más tiempo para prepararse. La exigencia de la élite lo requiere.

Manu García Pereira / Mortiner
El primer trabajo que tuvo el luchador fue de comercial. Era de los "pesados" que iba de puerta en puerta. Lleno de valentía, se aventuró a marcharse a Escocia, donde trabajó en la construcción durante seis meses. De regreso, fue camarero en el pub La Habana, electricista... Y, por supuesto, entrenador de kickboxing en el centro deportivo Tibet, en El Llano. Es su segunda casa. Antes de ingresar en los deportes de contacto, consiguió una medalla de bronce en los campeonatos de España de patinaje de velocidad. También hizo skate, y mal no se le daba. Su inmersión en las luchas viene porque conocía a un chaval que practicaba boxeo. García Pereira, tipo tranquilo donde los haya, dudaba. Lo de pelearse le infundía respeto, pero la curiosidad pesó más en la balanza y a los 15 años el Tibet le acogió en sus filas. Allí continúa. En el mundillo, cambiar de gimnasio no está muy bien visto.
Pronto se vio que lo suyo era el kickboxing. Sin embargo, en su historial figuran logros en savate, otra modalidad similar. En su vitrina hay alguna que otra medalla en Europeos y Mundiales como integrante de la selección española. Volviendo al kickboxing, fue campeón de España y alberga en su poder el cinturón que le acredita como campeón de Europa de la ISKA, organismo internacional de gran renombre. Para disputarse el cetro mundial, Manu García tuvo que bajar de peso. En apenas tres semanas perdió nueve kilos. Fue duro, pero eran gajes del oficio. Visto el resultado, fue un sacrificio que mereció la pena.
En el sector, "Magic" es su apodo. A Fernando Alonso seguro que le agrada. Fue un promotor de veladas el que le empezó a llamar así por la "magia" que desprendía sobre el ring. Antes, le denominaban Manu Lee por similitudes en el peinado con Bruce Lee. Analista exhaustivo de sus rivales para conocer sus debilidades, no para de darle vueltas a la cabeza cuando se aproxima un combate. Pero cuando inician las hostilidades, deja de ser el sosegado Manu para convertirse en el agresivo "Magic". En esos instantes, su objetivo es "acabar" con el oponente, obviamente en términos deportivos. Le llena de orgullo haberse proclamado campeón del mundo con su madre y sus amigos apoyándole en Italia.
Quienes comparten el día a día con él en el club Tibet ensalzan su plasticidad y "talento innato". Acompaña sus virtudes con una inteligencia suprema para leer las peleas. Para los entrenamientos, es un "espíritu libre", pues amolda sus sesiones a la agenda. Es lo que implica que no pueda dedicarse al cien por cien al deporte que le ha elevado a los altares. Buen compañero, sociable, dialogante y conciliador, sabe canalizar en sus contrincantes. Durante su carrera ha tenido que superar diversas lesiones en dedos y articulaciones. Poco le ha importado.
Como se le da bien el surf, el patinaje y el snow, provoca envidia sana entre los suyos. Manu García es de aquellos que "ofenden" por su habilidad para adaptarse a cualquier actividad. El escaso tiempo libre que posee lo disfruta con sus amigos. Le encanta hacer rutas y los deportes de riesgo, aunque lo primordial para él es el kickboxing y mejorar su rendimiento. Tiene el listón alto, pero su determinación hace presagiar que seguirá cosechando triunfos. La garantía es su espíritu ganador.
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